
Crónica precisa de un auténtico bandido rural
1 minuto de lectura'
Mate Cosido, el bandolero fantasma (Argentina/2001-2004). Investigación, guión y dirección: Michelina Oviedo. Fotografía: Fabián Giacometti. Música: Carlos Villavicencio. Montaje: Miguel Pérez. Arte y escenografía: Sergio Rud. Con Víctor Laplace, Carlos Canto, Lorena Cladera. Presentado por el Incaa/Octavo Arte, en digital, en el Complejo Tita Merello. Hablado en español. Duración: 80 minutos. Calificación: para todo público.
Nuestra opinión: muy buena
"Bandidos rurales, difícil de atraparlos, igual que alambrar estrellas en tierra de nadie", dice "Bandidos rurales", un tema ya clásico de los muchos de la abundante discografía de León Gieco. La estrofa es síntesis de lo que ocurrió con el encuadernador tucumano Segundo David Peralta, más conocido como Mate Cosido (por la importante cicatriz que escondía por encima de su frente), que en la década del 30 se convirtió en un Robin Hood del agreste paisaje chaqueño, donde, en complicidad con el anarquista Eugenio Zamacola, protagonizó asaltos legendarios, los más importantes a empresas como las poderosas Bunge y Born y Dreyfus, y al Tren del Chaco, entre otros. Destinaba el dinero a ayudar a desposeídos y a pequeños chacareros cuyas tierras estaban en peligro de ser rematadas por sus deudas.
En este telefilm (que afortunadamente puede verse ahora por una semana en una sala porteña y que próximamente llegará a la pantalla de Canal 7), la cineasta chaqueña Michelina Oviedo encaró el género documental complementándolo con diferentes escenas que recrean la historia nunca antes contada con tanto lujo de detalle del bandolero del que no se tuvo más noticia tras huir de una redada de la Sección Especial, unidad de elite precursora de la Gendarmería Nacional, a la que en su tiempo se la acuso de abusos, incluso de implementar el uso de la picana eléctrica, y que según lo que se dice en este trabajo "tuvo como primera misión cuidar la frontera entre explotadores y explotados".
Oviedo consulta a historiadores, como Hugo Chumbita y Osvaldo Bayer, a veteranos vecinos de la zona de Roque Sáenz Peña que conocieron a los auténticos personajes de esta historia, y al hijo de Zamacola. Ambiciosa, Oviedo también emprende la búsqueda de la familia de Peralta, de la que no se tenía noticia y consigue entrevistar, por primera vez, a Genoveva "Ramona" Romano, su viuda de hecho, a su hijo, el periodista Mario Fernando Romano, incluso a sus nietos, el también periodista (deportivo) Fernando y el músico Leo, ambos de apellido Romano, quienes ayudan, cada uno con su aporte, a reconstruir esa figura cargada de romanticismo y misterio, una de las más importantes entre las leyendas rurales argentinas.
Cuidada recreación
Las muchas secuencias actuadas, con el valioso aporte de Víctor Laplace (una impecable composición) como Mate Cosido, acompañado por un grupo de excelentes actores chaqueños (como Carlos Canto y Lorena Cladera) se convierte en una película paralela, con impresionante capacidad de síntesis, cuidada fotografía (en blanco y negro, y color) y sobresaliente recreación histórica (tanto en contenidos como en la escenografía y el vestuario), como pocas veces se detecta en el cine local. En este sentido, el debut de Oviedo sigue la línea de las también muy buenas propuestas documentales que resultaron las recientes Oro nazi en la Argentina y 1420, la aventura de educar . Lo hace con precisión, con un sorprendente manejo de la edición, que fluye entre testimonios, viejas fotos y recortes y recreación. Incluso con algo de suspenso, el que surge del enigma que dejó inconclusa la historia del personaje en cuestión. Oportuna, tras las palabras del hijo de Mate Cosido acerca de que sólo ahora se empieza a conocer la verdadera historia, Oviedo elige dejar abierta la posibilidad de saber, alguna vez, cómo y dónde fueron los últimos días de aquel personaje cuyo singular alias sigue, setenta años después, dando que investigar, cantar y, por lo visto, filmar.




