
Cruces y amores de pueblo chico
Toda la gente sola es un promisorio debut en solitario de Santiago Giralt
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Toda la gente sola (Argentina/2009). Guión y dirección: Santiago Giralt. Con Erica Rivas, Lola Berthet, Luciano Castro, Alejandro Urdapilleta, Mónica Villa, Elías Viñoles, Silvina Acosta, Fernando Ferrer, Viviana Gazzola, Héctor Gióvine, Esteban Meloni, Luciano Nóbile, Marcos Odasso. Fotografía: Sol Lopatin. Música: Tomi Lebrero. Sonido: Jésica Suárez. Edición: Eva Bär. Dirección de arte: Samanta Quiroga y Angela Vainstein. Presentada por Primer Plano Film Group. Duración: 104 minutos. Apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena
En su debut en solitario (ya había codirigido UPA! Una película argentina y Las hermanas L. ), Santiago Giralt se arriesga con una tragicomedia de estructura coral (varias subtramas con personajes que comparten el protagonismo) para ofrecer un retrato abarcador sobre los secretos y mentiras, sueños y frustraciones, búsquedas y miserias de los habitantes de un típico pueblo chico-infierno grande, que en este caso conviven en Venado Tuerto, ciudad natal del guionista y director.
El resultado es desparejo: en sus mejores momentos, Toda la gente sola remite a films de similares estructuras, como Ciudad de ángeles , de Robert Altman, o Magnolia, de Paul Thomas Anderson -indudables modelos de guión para Giralt-, y, en los peores, recurre al artificio, a la acumulación, a la simplificación y al subrayado más propios de una tira televisiva de mediana valía.
Una joven casada con un concejal corrupto e infiel (Erica Rivas), una introvertida empleada de un lavadero de ropa (Lola Berthet), una madre divorciada que vive obsesionada por los problemas de sus hijos y por la religión (Mónica Villa), un muchacho que se gana la vida limpiando autos mientras lucha contra sus traumas (Luciano Castro), un adolescente tímido en pleno despertar sexual (Elías Viñoles) y un pastor evangelista que convoca multitudes pero no puede resolver sus propias contradicciones (Alejandro Urdapilleta) son las principales piezas de este todavía más amplio rompecabezas.
El ambicioso guión es, a la vez, lo mejor y lo peor de Toda la gente sola , ya que nos propone un interesante mosaico de personajes de diferentes orígenes, situaciones y generaciones, pero al mismo tiempo resulta un mecanismo un poco forzado que no permite que las distintas historias se entrelacen y se potencien con la fuerza, la atracción y la fluidez que este tipo de relatos necesita.
Esos desniveles también se contagian al terreno actoral, mientras que ciertos climas, comentarios y observaciones sociales (el calor agobiante que ha generado una sequía en la zona, la información que se ofrece a partir de unos televisores que siempre están prendidos) resultan demasiado obvios.
De todas maneras, Toda la gente sola tiene, tanto en su propuesta general -que busca conectar con el gran público a través de viñetas de humor y pinceladas emotivas- como en sus pasajes más logrados, motivos suficientes como para destacar el trabajo de Giralt, un guionista, director y productor hiperactivo que podrá respaldarse en los hallazgos y aprender de los tropiezos de este film para solidificar una carrera que luce promisoria.




