Danza con lobos: burlas, no actores, una duración que espantó a la productora y el éxito que sólo auguró Kevin Costner

Después de reunirse con tres directores, Kevin Costner se convenció que tenía que estar él delante y detrás de las cámaras para cristalizar Danza con lobos
Después de reunirse con tres directores, Kevin Costner se convenció que tenía que estar él delante y detrás de las cámaras para cristalizar Danza con lobos
Tomás Balmaceda
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7 de enero de 2020  • 00:02

Un guion que durmió por años repleto de escenas en dialecto indígena, un género cinematográfico al que todos le rehuían, un elenco sin experiencia en la actuación, 3500 búfalos y un director debutante: a comienzos de 1990 todo indicaba que Danza con lobos sería el gran fracaso del año. Sin embargo, la tenacidad y visión de Kevin Costner lograron convertir un proyecto que parecía imposible y que era el hazmerreír de la industria en uno de los films más exitosos de la década y en un título que cambió la mirada estadounidense sobre los pueblos originarios.

Todo comenzó en 1985, cuando el guionista Michael Blake escribió una historia sobre un teniente de la Guerra Civil estadounidense que debe controlar una frontera con una tribu de habitantes originarios en Lakota, a los que considera sus enemigos. Pero termina encontrando un amor y comprendiendo mejor que nadie la forma de vida de un pueblo que era hostigado continuamente. El texto no se parecía a nada que estuviese en pantalla por entonces. Blake había trabajado con Costner en el guión de su película de 1983 Stacey's Knights, pero habían discutido tanto sobre el final de esa trama que las cosas entre ellos estaban muy tensas. Así que cuando en 1987 el escritor le mandó por correo el manuscrito del guion, el actor ni siquiera abrió el sobre.

El texto se mantuvo sobre un escritorio por meses hasta que, haciendo limpieza, la estrella de Hollywood lo encontró y le echó una ojeada antes de tirarlo a la basura. Empezó a leerlo y no pudo parar hasta terminarlo. Lo llamó al día siguiente y le dijo "Michael: voy a hacer una película con tu historia y voy a pagarte lo que te merecés".

Costner venía de tomar malas decisiones: luego de tener un éxito en taquilla en 1987 con Sin salida y dos años más tarde con El campo de los sueños, rechazó protagonizar La caza del Octubre Rojo, Se presume inocente y La Hoguera de las vanidades, todos proyectos en donde posiblemente le hubiese ido bien. A los 36 años, necesitaba reafirmar que podía protagonizar otro suceso.

Convencido del poder del material que tenía en las manos, convenció a los estudios Orion, que en ese época se especializaban en films de autor como los de Woody Allen, de que lo financien. Luego envió el guion a tres grandes directores del momento y se reunió con ellos. El primero le dijo que debía eliminar la escena inicial, ambientada en la Guerra Civil. El segundo rechazó el trabajo porque "era demasiado largo" y el tercero quiso eliminar el romance, pues "no funcionaba". Costner respiró profundo y tomó la decisión más arriesgada de todas: ponerse por primera vez en la silla de director.

Por complejidad y envergadura, se trataba de un rodaje muy complejo y difícil, incluso para un director con experiencia en este tipo de proyectos. Pero aquí no sólo Costner era debutante sino que era difícil encontrar personas que tuviesen conocimiento del western, un género que había sido olvidado y que hacía décadas nadie veía.

Tras las burlas iniciales, la película fue tildada como un milagro por la industria cinematográfica
Tras las burlas iniciales, la película fue tildada como un milagro por la industria cinematográfica Fuente: Archivo

A pesar de todos los malos augurios, el novato realizador consiguió filmar en tiempo y forma con un elenco que incluía 3500 búfalos, 300 caballos, dos lobos, 42 vagones de época, 36 carpas, 130 personas en áreas técnicas y 500 extras. Las jornadas muchas veces excedían las 16 horas de trabajo en medio de la aridez del desierto de Dakota del Sur. El film se rodó entre julio y noviembre de 1989 en 27 locaciones diferentes, con una temperatura que tocó los 37 grados pero que de noche descendía a los 10.

"Kevin nunca tuvo problemas al filmar, sabía exactamente lo que quería para cada escena y eso se cumplía a rajatabla. Tenía un sentido muy fuerte de cómo debería ser la película, como si ya la hubiese visto en su cabeza. En ese momento yo venía de trabajar con directores mucho más experimentados pero ninguno tenían tanta confianza en sus ideas como él", confesó el director de fotografía Dean Semler.

En el último tramo del rodaje el dinero se agotó. El presupuesto original eran 15 millones y se requerían tres más: para evitar dar explicaciones el mismo Costner los puso de su bolsillo sin contarle a nadie y sin dudar.

Y si bien todos los involucrados en el rodaje estaban satisfechos con el trabajo, las cosas cambiaron cuando realizó la primera exhibición para los ejecutivos de los estudio Orion. Hasta ese entonces, nadie en la compañía había interferido en las decisiones creativas del equipo y sólo supervisaban que se cumplieran los plazos de tiempos y los presupuestos. Al finalizar la primera función, quedaron aterrorizados.

"Nadie ignoraba que iba a ser una película larga. Pero no nos podíamos imaginar que sería tan larga -confesó uno de los asistentes- ¿Quién compraría una entrada para algo de más de tres horas". Costner y su productor Jim Wilson estaban presentes en esa función, en donde hubo pocos aplausos al terminar y un silencio incómodo y frío a la hora de evaluar lo visto. Luego de los comentarios de rigor, en Orion se pusieron a trabajar para minimizar lo que creían que sería un fracaso: tanto los pósters como los anuncios en la radio simplemente hablarían de "la travesía de una persona" y "un camino de redescubrimiento", buscando evitar hablar de western o indígenas.

"Tuvimos que inventar un modo de hacer marketing que se adaptara a distintos públicos y distintas demografías, con avisos para cada uno. Por ejemplo, para las mujeres pusimos el foco en los elementos románticos y para los hombres, en la acción" aseguró el presidente de marketing de la compañía, David Forbes.

Por esos días, Danza con lobos se volvió motivo de burla en Hollywood. Le decían "la anti-película", porque era un western (que era un género que no había liderado la taquilla en veinte años), porque Costner tenía en su haber algunos éxitos pero también muchos fracasos y porque tenía no sólo un elenco de personas que no eran actores sino que ni siquiera hablaban inglés. "En un momento pensamos en pedirles a los críticos que por favor no revelen que había escenas en dialecto Lakota Sioux subtituladas, pensábamos que con eso se ahuyentaría la poca audiencia que podríamos convocar", confesó uno de los involucrados a Newsweek ese mismo año.

Kevin Costner en Danza con lobos
Kevin Costner en Danza con lobos Fuente: Archivo

Orion era un estudio financieramente frágil que necesitaba de un gran éxito para poder seguir compitiendo con los grandes nombres y, de golpe, la apuesta que había realizado parecía seguir el camino exactamente contrario: no solo no ganarían dinero, sino que sería una gran pérdida y el hazmerreír de la industria.

"Necesitábamos desesperadamente un hit. La suerte nos había sido esquiva por muchos años, nuestras acciones estaban en el suelo y nuestra respuesta fue un film de época sobre una injusticia racial. Era muy duro. Necesitábamos un éxito tanto emocional como psicológicamente pero, sobre todo, en el banco", confesó en 1990 Forbes.

Danza con lobos se estrenó en ocho salas de los Estados Unidos y a los diez días estaba presente en más de mil. A final de mes era aclamada como una de las obras más importantes de la década, a pesar de que la década recién empezaba, y todo gracias al boca a boca de los espectadores, quienes salían fascinados por la trama y se sentían transformados tras la experiencia de tres horas de narrativa sutil pero poderosa.

Según recordó Joe Roth, quien por entonces era el presidente de 20th Century Fox, "la gente salía de las salas hablando maravillas, como había pasado con Carrozas de fuego. Se avisaban entre amigos para que fueran a verla, la recomendaban en las filas del supermercado; charlaban sobre ella esperando a los niños a la salida del colegio...".

"Hay películas que tienen un objetivo y películas que son un recorrido. Danza con lobos es una travesía, un viaje que hay que tomar en donde lo que importa es lo que se aprende en el camino", aseguró Costner cuando le preguntaron por la extensa duración del film. Absolutamente reivindicado frente a sus pares, el actor demostró que tenía lo necesario para ser tenido en cuenta como director.

La crítica también premió la audacia y visión del actor convertido en director: recibió 12 nominaciones al Oscar -un número que no se había dado en una década, incluyendo mejor película, director, actor protagónico, actor de reparto, actriz de reparto y guion original, entre otros- y logró poner la cuestión de los pueblos originarios en la agenda pública. Agradecidos por el tratamiento que habían recibido, la Nación Sioux nombró a Costner un ciudadano honorario.

"Si me preguntás a mí. yo diría que fue un milagro. Un niño bonito de Hollywood conocido por sus ojos claros reveló tener una visión cinematográfica inédita. Fue un milagro. Esa es la única forma de explicarlo. Esta película es el éxito menos probable que puedas imaginar. Su éxito desafía toda lógica de Hollywood y Kevin merece todo crédito", concluyó Wilson.

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