Después de la tormenta sólo quedan los sueños

El realizador de After Life, Hirokazu Koreeda, regresa a nuestros cines con el que considera su título más autobiográfico
Fernando López
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27 de junio de 2017  

"No todo el mundo puede convertirse en lo que desea ser." De esa idea central que le rondaba la cabeza desde que empezó a escribir el guion de Después de la tormenta -ha contado Hirokazu Koreeda- surgieron Ryota, el protagonista, y casi todos los personajes de la película que trae de regreso a nuestras pantallas al descollante realizador de After Life, la vida después de la muerte, De tal padre, tal hijo y otras joyas del relativamente reciente cine japonés. Son seres -según él mismo explica- abrumados por una realidad sin esperanza, pero incapaces de renunciar a sus sueños."

En realidad, en el nuevo film están presentes varios de los temas -muchas veces inspirados en sus vivencias personales-, que ya son habituales en el cine de Koreeda. Él reconoce la fuerte influencia que ha tenido en sus trabajos el cine de Mikio Naruse (1905-1969), cuya obra admiró desde la infancia, aunque también la de Yasujiro Ozu (1903-1963). Como ellos, ha sabido apreciar el valor de los recuerdos y capturar las emociones que conserva vivas y sabe transmitir. Precisamente, de la memoria extrajo parte del valioso material que alimenta los sentimientos que volcó en Después de la tormenta, a la que considera su película más autobiográfica. La tormenta del título es un elemento central de su historia: "Tras la muerte de mi padre -ha contado-, mi madre se mudó a un complejo de viviendas y recuerdo que cuando volví a casa para las vacaciones de fin de año reparé en cómo los árboles habían crecido. Y cuánto lucía el paisaje después de una noche de fuerte tormenta. La imagen me quedó grabada, y me prometí que alguna vez haría un film allí para captar la belleza del lugar tras una noche así".

Esa noche, la del tifón, es la que reúne a los personajes centrales en la casa de la abuela, la dulce dueña de casa: Ryota, que intenta ser un padre como cualquiera, aunque apenas lo consigue, se ha divorciado de su mujer y parece no haber madurado lo suficiente para asumir sus deberes de adulto (tiene un hijo de 11 años al que trata como si fuera un amigo... cuando lo ve), y su ahora ex esposa. Ryota tampoco ha sabido crecer lo suficiente para atender a la carrera de escritor que pareció anunciarse promisoria cuando tuvo un temprano éxito, pero él prefiere confiar en el azar de la lotería. La noche del tifón puede presentarse como una oportunidad para el reencuentro.

Ya se sabe que el cine de Koreeda siempre contiene mucho más de lo que se expone en la superficie. Aquí, justamente lo fundamental no está sólo en los episodios que van conformando el retrato de la familia y la problemática que se desprende de cada personaje sino en la sustancia que se filtra en cada pincelada -aun en las más tenues- y que conforman el retrato completo. Por encima de todos, quizá lo que más pesa en esta que algunos han juzgado la obra más acabada del autor japonés es la hondura y la delicadeza con que se sugiere lo difícil que suele resultar convertirse en adulto.

Y nadie mejor que el propio Koreeda para sintetizar su pensamiento sobre el film: "Cuando muera -ha dicho-, si debo plantarme ante un Dios o un «juez del más allá» y me pregunta por lo que hice en la Tierra, creo que lo primero que le enseñaré será Después de la tormenta".

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