Dos ayuditas para John Hurt

Pidió auxilio a sus hijos para su papel en "Harry Potter"
Pidió auxilio a sus hijos para su papel en "Harry Potter"
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30 de agosto de 2001  

(The New York Times).- Un día del año último, el actor John Hurt les dijo a sus hijos -Alexander, de 11 años, y Nicolas, de 8- que prepararan sus valijas para emprender una aventura monumental.

"Mi secretaria los pasó a buscar y los llevó al aeropuerto -recuerda el actor-. Los embarcó en el avión rumbo a Londres, donde una limusina los condujo al set de una película muy especial."

¿Qué película era? "Harry Potter y la piedra filosofal", en la que John Hurt interpreta el rol del señor Ollivander. Las vacaciones de los chicos eran muy merecidas, ya que ellos fueron responsables de que su papá consiguiera el papel. "Fue la única vez en toda mi carrera que tuve que pedirles ayuda a los chicos -dice Hurt-. "¿Qué es esto de Harry Potter? ¿De qué se trata? ¿Y qué debo hacer con este ofrecimiento?" Alexander dijo: "Papá, acepta el papel, pero..., ¿qué vas a hacer con tus ojos? Se supone que deben parecer lunas". "Bueno", lo tranquilicé, "creo que se les ocurrirá alguna otra cosa que no sea una cirugía mayor"."

Y por cierto que así fue: unas lentes de contacto bastaron para darle la apariencia apropiada. "Tenía un aspecto muy extraño, pero mis hijos estaban fascinados, y dijeron: "Gracias a Dios, nuestro padre ha estado a la altura del papel, porque, si no, ni siquiera podríamos haber ido tranquilos a la escuela"".

La hora del regreso

Hurt se ríe. Y merecidamente, ya que a los 61 años celebra un notable regreso a la pantalla. También tiene un papel importante en "La mandolina del capitán Corelli", de John Madden. Se trata de un film que transcurre en la isla griega de Cefalonia durante la Segunda Guerra Mundial, y Hurt interpreta a un médico griego cuya hija (Penélope Cruz) se enamora de un soldado italiano (Nicholas Cage) que reside en su casa. Uno de los desafíos que debió enfrentar el actor británico fue hablar con acento griego. "Mi acento, en esta película, fue casi instintivo. Tenía que emitir un ruido que fuera parte del ADN del personaje. Algo difícil de describir, porque es difícil describir el instinto... Un ejercicio no intelectual", dice Hurt. Y agrega que disfrutó el estilo un tanto primitivo de la vida en Cefalonia, donde pasó cuatro meses de rodaje.

Para no perder el ritmo, después del "Capitán Corelli" y de "Harry Potter...", Hurt fue a trabajar directamente en otros dos dramas, "Miranda" y "Owning Mahowny". "La gente me pregunta por qué trabajo tan duro -dice-. Pero es simple: me gusta entretener. Si fuera mecánico, andaría todo el día manipulando motores. Sencillamente, disfruto mucho actuando."

Nacido en Chesterfield, Inglaterra, Hurt estudió pintura en la escuela de arte St. Martin, de Londres, antes de embarcarse en una carrera actoral. "Creo que, en realidad, siempre quise actuar. Creo que estaba en mis genes. En la escuela primaria, ya entretenía a todos. A los 8 años, con mi mejor amigo hicimos una comedia improvisada en la clase de historia", cuenta. Debutó en teatro con "Infanticide in the house of Fred Ginger" (1962), y poco después firmó contrato con la Royal Shakespeare Company. El mismo año hizo su debut fílmico con "The Wild and the Willing", que lo condujo a la premiada "A man for all seasons" (1966).

Durante los 20 años siguientes trabajó en una cantidad de films, y ganó nominaciones al Oscar por "Expreso de medianoche" (1978) y "El hombre elefante" (1980). Probablemente todo el mundo lo recuerde como el hombre invadido por el alien en la película del mismo nombre, de 1979. Sin embargo, a medida que entró en la madurez, las ofertas no abundaron para él. "Ahora deseo especialmente actuar en films independientes -dice Hurt-. Trato de elegir mis papeles mezclando instinto e inteligencia."

Hurt, divorciado dos veces, está casado actualmente con Jo Dalton, madre de Nicolas y Alexander. Antes vivió 16 años con la modelo Marie-Lise Volpeliere-Pierrot, hasta que ella murió en un accidente automovilístico. Hace todo lo posible por llevar una vida equilibrada. "En este trabajo, todos tenemos una tendencia a olvidar y ser olvidados rápidamente. Dentro de cien años, sé que no significaré nada", admite.

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