Luana Fernández de Gran Hermano: “La entrada a la casa me liberó de toda la gente que no me hacía bien”
Eliminada de la casa, la popular jugadora habló sobre su deseo de superación
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Luana Fernández fue una de las participantes más famosas de Gran Hermano 2026. Desde el comienzo del certamen en febrero pasado, ella permaneció encerrada y a lo largo de todos estos meses, estableció alianzas, rivalidades y romances. Y en una charla con LA NACION, se refirió a su vida familiar, a una relación que le dejó una cicatriz y a sus deseos profesionales para el futuro.
-¿Qué fue lo primero que sentiste cuando escuchaste que eras la nueva eliminada de la casa?
-La realidad es que intuía que podía ser yo la que se fuera. Lo venía sintiendo. Sentí que mi cuerpo dijo “basta”, se entregó y se relajó. Jamás me había pasado algo así en mi vida, así que por algo me pasó. Lo sentí, lo presentí y estaba relajada. En el momento que Santiago [del Moro] dijo mi nombre antes de sacar el sobre negro, ya me relajé. No voy a decir que “me entregué”, porque quería seguir, en mi cabeza siempre estaba querer seguir hasta la última instancia, pero entendía que había estado ciento noventa y nueve días, que lo había dado todo desde mi persona, y que estaba haciendo todo desde el corazón. Fui mental cuando tuve que serlo en varias oportunidades, pero siempre con mi corazón y mis sentimientos, siendo como soy en la vida real. Obviamente, hice un poco más de descontrol, yo no soy tan así en el afuera. Pero estaba muy relajada y quería vivir ese momento como me saliera emocionalmente. Y después me largué a llorar. Fue como me salió, así natural.
-¿Cuál fue el momento en el que sentiste que no tenías más fuerzas?
-Antes de mi Congelados, cuando no sabía para qué lado ir. La veía a [Yanina] Zilli muy aferrada a Emanuel, y sabía que era medio traicionero. Si bien confiaba en él porque le conté un montón de cosas, mi intuición me decía que no era por ahí, aunque estuve muy pegada. De hecho, estuve a punto de volver a unirme al grupo, pero cuando vino mi mamá, ella me marcó para donde tenía que ir, que era en la vereda de enfrente. Yo tenía que enfrentarme a Emanuel, que es una persona que quiero mucho, y a Zilli. Entonces tenía que pegarme a Sol, a Cinzia y a Pincoya, con quien siempre tuve muy buena relación. Ese fue el momento en el que sentía que no daba más, porque estaba como perdida. Pero en el Congelados, mi mamá llegó para salvarme y hacerme avanzar en la competencia.
-¿A quién extrañabas más cuando estabas adentro de la casa?
-Quería estar con mi familia, con mis abuelos, con mi mamá, con mis hermanas. Necesitaba un apoyo, era una instancia del juego en el que no tenía a nadie más que a Pincoya. Es más, los abrazos de mis abuelos en el Dar realmente hicieron la diferencia, porque yo ya estaba muy agotada mentalmente y físicamente. Hoy ya desde el afuera, mi plan ideal es juntarme con mi familia, comer un asado como hacemos todos los domingos, estar con mi perras. Yo soy muy familiera, tengo amigos, pero pocos. Fui dejando mucha gente de lado que no me hacía bien, y empecé a quedarme con los amigos que realmente valían la pena.
-¿De qué personas o de qué vivencias decidiste alejarte?
-Esa historia empezó cuando me contrataron para ser influencer, para subir contenido divertido. Ahí me vino bien la parte económica porque vivía sola en Palermo, tenía diecinueve años y necesitaba bancarme aunque mis viejos me ayudaban siempre con lo que podían. Trabajé un tiempo, y ahí apareció mi ex, entonces fue una cuestión bastante materialista. Él me dio lo que siempre quise y nunca tuve, viajes y lujo. Yo era muy compañera con él, y dejé mis cosas. Por ahí me llamaban para un desfile o para un programa, pero decía que no porque mi novio quería viajar a Miami y prefería acompañarlo. Justo en ese momento habíamos lanzado nuestra empresa online, así que estábamos a full con eso. Yo me encargaba de traer gente a la empresa, hacía muchas entrevistas, me estaba metiendo en otro nicho. Eso me gustaba y debo decir que aprendí un montón, pero no me encontraba, no era feliz con la persona con la que compartía todos los días, y con la que terminé por vivir seis años. Hasta que la entrada a la casa me liberó por completo de todas esas cosas, de toda la gente que no me hacía bien como mi ex, o como amigas que tenían una forma de manejarse que no me gustaba. Entrar en la casa fue el batacazo final para dejar esas cosas, las anulé por completo y empecé de cero. No tengo casa, no tengo auto, no sé a dónde están mis perras, tengo teléfono de casualidad, y plata muy poca porque soy bastante gastadora.
-¿Cómo decidiste independizarte siendo tan chica?
-Mi familia siempre fue unida, muy trabajadora, siempre me dieron amor de sobra, pero éramos muy humildes. Todos vivíamos en una casilla de chapa en un barrio en el que no me sentía cómoda. Para ir a los desfiles tenía que tomarme dos colectivos y un tren, todo era un sacrificio enorme. Yo sentía que quería algo más, que eso no me hacía feliz y quería cambiar mi vida como sea. Así que me fui metiendo en los medios, hasta que un día quedo en Combate a los dieciocho años, y ahí empecé a ganar algo de platita. Con esa plata me alquilé un monoambiente en Palermo, cerca de la Rural. Mi abuelo me ayudó, me puso la garantía y ahí me fui a vivir sola. Desde ese momento que no paro de trabajar, de hacer castings, de hacer cosas. Entre medio tuve un novio y vivimos juntos. Después corté, hice lo de Yao Cabrera, esa fue otra persona de la que me alejé, y después de la pandemia me puse de novia con Lucas, mi último ex. Y en ese punto había logrado un montón de cosas que quería, todo por mérito propio.
-¿Qué te dice tu familia que te vio hacer todo este proceso?
-Que me lo merezco, que luché por eso, que siempre fue mi sueño. Y es la realidad, yo quería que la gente me conociera por lo que soy, por lo que hago, por lo que voy a llegar a ser. Sé que en Gran hermano me mostré quizás muy libre, descontrolada y demás, pero entendía que estábamos en un show y me dejé llevar con las cosas que pasaban en la casa. Pero ahora quiero una vida completamente tranquila, estabilizada. Quiero seguir logrando cosas, no depender de nadie. Antes no es que dependiera cien por cien de mi ex, pero él me dio una mano muy grande en todo. No había viajado nunca en avión y empecé a viajar a lugares increíbles que ni me imaginé, cruceros de lujo, salía a comer afuera tres veces por semana, para mí era todo muy loco. Me costó un montón llegar a todo, hasta estar ciento noventa y nueve días en la casa, y me enorgullezco porque no pensé que iba a durar tanto. Yo creía que entraba por dos meses y ya estaba, que no iba a aguantar por los cigarrillos, por la comida, por no poder estar con alguien. Entonces, me sorprende haber aguantado tanto tiempo y a tanta gente mala que pasó por esa casa.



