
El cine del destape llegó a Chile
Patricio Contreras habla del film "Sexo con amor", que se estrenará el jueves
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¿Es suficiente un título atractivo para convertir a una modesta comedia en el mayor éxito de la historia del cine de un país? Seguramente no, pero en el caso del film chileno "Sexo con amor" fue un buen punto de partida, sobre todo porque Chile es un país que produce películas con discontinuidad, no muchas, y el título elegido por el director Boris Quercia anticipaba, para lo que se venía haciendo en el país, un atrevimiento inusual.
También fue una ocasión para convocar a un chileno de éxito en el exterior y que, además, no filmaba en su país desde bastante tiempo atrás. Hablamos de Patricio Contreras, un actor que aterrizó por primera vez en Buenos Aires en 1974 como integrante del grupo teatral santiaguino ICTUS, para radicarse definitivamente, poco después, en nuestro país. Volvió fugazmente a Chile en 1991 para filmar "La frontera", con el cineasta Ricardo Larraín, y desde entonces no revistaba en los elencos de su país de origen. "Sexo con amor", pues, implica para él un feliz reencuentro, sobre todo por la repercusión que esta comedia ha obtenido en varios países latinoamericanos, empezando por el propio Chile: en un territorio con 15 millones de habitantes, esta comedia convocó a más de un millón de espectadores, cifra que sólo había alcanzado hasta entonces la monumental "Titanic". Ahora se la conocerá también en Buenos Aires, donde se estrenará el próximo jueves.
Una pantalla con historia
Si bien en la actualidad no existe una industria cinematográfica chilena regular, en el pasado sí la hubo. "En los 40 y en los 50 se filmó bastante -aclara Contreras. Se veía, sobre todo, cine mexicano y argentino, en una época en que Hollywood no era el pulpo que es hoy. Luis Sandrini y Pepe Arias se imponían a nivel popular. Para las películas chilenas llamaban a Alberto Closas y a figuras argentinas. También teníamos las nuestras, como Malou Gatica, una actriz de gran belleza y refinamiento que filmó en México y en Hollywood. Otros fueron el galán maduro Emilio Gaete, Hilda Sour y Carlos Cariola. En los 60 ya no se producían esos fenómenos populares; ahí se politizó un poco, con "El chacal de Nahueltoro". En esos años se lanzó un manifiesto del nuevo cine latinoamericano, orientado a lo político, y que consumía la clase media, pero sin repercusión popular."
En época de Salvador Allende, a principios de los 70, aparecieron Miguel Littín y Elvio Soto, alentados por la consigna de "la vía pacífica al socialismo", pero con el golpe de 1973 esto se interrumpió. Sobrevino una época de mediocridad y silencio, de la que sólo cabe rescatar la meritoria "Julio comienza en julio", la opera prima de Silvio Caiozzi. "Después de ese largo paréntesis -retoma Contreras-, la primera película post Pinochet fue «La fronteraª, para la que su director, Ricardo Larraín, me convocó para interpretar al protagonista, un profesor al que confinan al Sur por haber firmado un manifiesto. Fue el equivalente de «La historia oficialª, en el sentido de que fue el primer emergente en democracia y, aunque la de Larraín no ganó el Oscar, obtuvo el Goya de Oro de 1992 y el Oso de Plata de Berlín."
Once años después, en 2002, Patricio es requerido nuevamente por un cine chileno que en los últimos años ha dado algunos títulos de repercusión internacional, como "Taxi para tres", "Coronación" y "La fiebre del loco". Para "Sexo con amor", las prerrogativas de Boris Quercia (que también interviene en el film como actor) parecían menos ambiciosas que las de los films mencionados: "Se trataba de una producción modesta -puntualiza Patricio-, de corte independiente, porque en Chile no hay una ley de cine ni subsidios regulares. Hay unos premios que otorga el Fondo de las Artes, que son un aporte mínimo, pero «Sexo con amorª, por su índole de comedia erótica, no tenía el look para aspirar a ese fomento".
En realidad, Patricio participó del proyecto de Quercia "gracias" a un fracaso porteño, ya que estaba ensayando con Luis Romero la comedia estadounidense "Cena para cuatro", junto a Teresa Costantini, Vando Villamil y Ana María Picchio, "pero sobrevino la debacle de 2001/2002 y todo se pinchó, así que acepté el ofrecimiento de Quercia, aunque se trataba de una producción pequeña, con escasa remuneración. Eso sí: me daban puntaje, lo cual resultó providencial: jamás gané un peso cuando entré en puntaje en películas. ¡No imaginé las recaudaciones que éste iba a lograr!"
Después de "Sexo con amor", en 2003 el prestigioso Silvio Caiozzi le confió un rol en "Naturaleza muerta con cachimba", basada en un relato de José Donoso, que competirá este año en Venecia. Las dos intervenciones del "Pato" Contreras en estas películas de su país reivindican su presencia en la pantalla, ya que su trabajo para el cine criollo se cortó hace dos años: "No he hecho nada en el cine argentino desde «La fugaª, de Mignogna, que es de 2001 -informa-. Esta prescindencia es atribuible a que los artífices del cine joven de este país están prefiriendo trabajar con gente de la calle o con actores no conocidos. Esto constituye, no obstante, una estética muy atendible, de proyección algo antropológica, tal vez porque la presencia de un actor muy conocido rompe el efecto de verdad".
Humor y desenfado
"Sexo con amor" focaliza las vicisitudes de tres parejas, relacionadas ocasionalmente en las reuniones de padres de una escuela primaria. Dos de estas parejas son matrimonios; la otra es una relación clandestina entre la maestra del curso y uno de los padres (Contreras). El acento dominante de la trama recae en las relaciones sexuales, que unas veces se muestran apasionadas -sobre todo las secretas- y otras bastante conflictivas.
-¿En el cine chileno no era habitual el desenfado con que el film plantea las situaciones?
-Es que comedia, prácticamente, no se había hecho. Tal vez algunas, en los 40, pero costumbristas. "Sexo con amor" es más cosmopolita: una clase media reconocible en otras latitudes.
-¿Impactaron allá las discusiones de alcoba en torno del sexo?
-A ese nivel de intimidad, sí, claro, sobre todo jugado en tono humorístico, porque una cosa era verlo en una comedia francesa o española, pero eso mismo, hecho por chilenos y hablado en jerga chilena por actores que se ven todos los días en la TV, suena sorprendente. Ocurrió una especie de destape, porque la sociedad chilena es conservadora y pacata.
-Hay una escena sentimental, cuando tu personaje se despide, tal vez para siempre, de su mujer, mientras se escucha un bolero. ¿No hay algo de Almodóvar allí?
-El bolero, en el cine de los últimos años, siempre encierra una referencia a Almodóvar. Después del cine mexicano de los 50, el bolero no apareció hasta Almodóvar. Pero yo creo que esta película es, más bien, un homenaje a la comedia italiana.
-Una esposa problematizada lee un manual de sexualidad, mientras cocina con hortalizas sugerentes. ¿Qué efecto produce en el público?
-Creo que ahí hay un sutil manejo del humor que, con astucia, roza la procacidad en torno de una cuestión que, vista desde un punto de vista clínico, es seria. Pero el público se ríe muchísimo.




