El cowboy de los ojos azules, director
"Este primer film de Franco Nero tiene todas las cualidades y todos los defectos de la obra de un debutante maduro que se empeñó en concretarla contra viento y marea", decía una de las críticas de "Forever Blues", la flamante película con la que, a los 64 años y después de una carrera de más de 150 títulos, el actor italiano ha hecho su presentación como director. No le fue fácil al todavía apuesto moreno que fue estrella del spaghetti western de los años sesenta, aun antes de que John Huston reparara en sus rasgos armónicos, su figura atlética y sus famosos ojos azules y le confiara la parte de Abel en "La Biblia". Como cualquier debutante, Nero tropezó con las mismas dificultades, incluso burocráticas, que suelen convertir en un infierno el trabajo de sus colegas italianos, y todavía batalla con el sistema de asignación de fondos. Más: su film, de bajo presupuesto, corre con la desventaja de haber sido estrenado en un circuito marginal de distribución en Italia. Así y todo, logró mostrarlo en Nueva York, Washington y Los Angeles, donde recibió el elogio de Taylor Hackford (director de "Ray") y consiguió que el duro Russell Crowe se confesara conmovido.
Es que aunque pueda parecer extraño, a la hora de iniciarse en la dirección, este héroe de tantas aventuras del Oeste, bélicas, amorosas, judiciales o políticas decidió escribir, producir e interpretar una historia que lo toca de cerca por motivos sentimentales. Desde hace años, Nero se ocupa de chicos con graves problemas familiares en una comunidad salesiana de Tivoli, cerca de Roma, y ha imaginado la historia de uno de ellos esperando poder ser útil a todos. Pero el componente autobiográfico va más allá: Nero es un fanático de la trompeta, del blues en general y de Louis Armstrong en particular, y por eso lo que el film narra es el encuentro de un maduro y desilusionado trompetista (personaje que reservó para sí mismo y está inspirado en el que Montgomery Clift animaba en "De aquí a la eternidad") con un chico tan traumatizado por el clima de violencia que padece en su familia que se ha retraído hasta el aislamiento y la mudez. "Forever Blues" describe el vínculo que se establece entre estos dos solitarios; el lazo de unión es, claro, la música. Nero actúa, toca la trompeta, habla de su ídolo musical y hasta incluye en la banda sonora un tema extraído de un concierto que el inolvidable Satchmo ofreció en Estocolmo en los años cincuenta. "Lo que quería -dice- era hablar de la esperanza y la compasión como medios para superar las barreras, sumadas al poder mágico y universal del blues". Los críticos hablaron en general de un film sincero y delicado, realizado con una gran simplicidad de estilo (que algunos, por cierto, reprocharon), si bien el veterano Gian Luigi Rondi destacó que Nero, con su tono manso y quedo, evitó todos los riesgos de ampulosidad que suelen estar presentes en las opere prime.
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Aunque estudió contabilidad y llegó a cursar algunas materias en la Facultad de Economía y Comercio, Francesco Sparanero (nacido en Parma en noviembre de 1941) abandonó pronto la universidad para inscribirse en el Piccolo Teatro de Milán, mientras su pinta de galán le facilitaba el ingreso en las fotonovelas. De 1964, cuando se lo vio en "La ragazza in prestito", junto a Annie Girardot, hasta 1967, cuando debutó en Hollywood como Sir Lancelot y al lado de Vanessa Redgrave y Richard Harris en el musical "Camelot", todo sucedió vertiginosamente: nueve películas, entre ellas los spaghetti westerns que lo convirtieron de la noche a la mañana en figura internacional: "Texas, adiós", "Tiempo de masacre" y, sobre todo, "Django no perdona". Pero el cowboy de los ojos azules no se limitaría a las correrías por el Oeste que le proponían Sergio Corbucci, Enzo G. Castellari, Duccio Tessari o Lucio Fulci; fue pirata, ninja, bandido y detective, pero también le tocó representar a Valentino, a Versace o a Leonardo da Vinci y viajar por medio mundo para responder al llamado de los directores más diversos, de Antonio Pietrangeli a Serguei Bondarchuk (que le confió el papel de John Reed en "Campanas rojas", su reconstrucción de la Revolución Mexicana) y de Carlo Gabriel Nero (el hijo que tuvo con Vanessa Redgrave) a Guy Hamilton ("Fuerza 10 de Navarone"). Los papeles también fueron haciéndose más complejos: Buñuel lo quiso para "Tristana"; Damiano Damiani para "Confesión de un comisario a un juez de instrucción"; Florestano Vancini para "El delito Matteotti"; Marco Bellocchio para "La marcha triunfal", y Fassbinder para su último film, "Querelle".
Tanto cabalgar por el Far West, y sin embargo nunca rodó con Sergio Leone. Por eso, su proyecto actual es un film del Oeste, "El ángel, el feo y el sabio: los implacables", que piensa dedicarle. Por eso, lo rodará en Almería, España, escenario de muchas de las grandes películas del genio del spaghetti western.
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