
El culto a la leyenda
Con dos años de retraso, llega finalmente a las salas porteñas el film de Michael Winterbottom que recrea la vida artística de dos músicos británicos de rock: Ian Curtis, de Joy Division, y Shaun Ryder, de Happy Mondays
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"Como dijo John Ford: si tienes que elegir entre la verdad y la leyenda, publica la leyenda" ("La fiesta interminable").
De eso se trata este film de Michael Winterbottom. De leyendas. Más precisamente de las de Ian Curtis (Joy Division) y Shaun Ryder (Happy Mondays), dos músicos envueltos en una infinidad de sucesos dignos de ser reescritos, reinterpretados e idealizados por la cultura rock. Dos bandas enemigas de la masividad, que merecen ser conocidas por las nuevas generaciones. Para ello, el film toma como eje la ciudad de Manchester, retratada en el instante mismo en que, en un acto ciento por ciento british, se creyó el ombligo del mundo musical.
Capítulo uno: Ian Curtis. "Los Buzzcocks no podemos tocar, así que serán solo los Sex Pistols." Allí comienza el film, en un tugurio manchesteriano, con 42 personas en el público. Pero el momento elegido no es caprichoso, ya que el movimiento punk fue la mayor influencia del joven Curtis, una de las voces más oscuras y estremecedoras de fines de los años 70.
Como buena leyenda, Ian Curtis murió joven y dejó un cadáver aterradoramente apuesto. Grabó dos discos impecables con Joy Division (Divididos por la felicidad, el nombre que inspiró a Luca Prodan para bautizar el debut discográfico de Sumo), "Unknown Pleasure" y "Closer", y el 18 de mayo de 1980 se suicidó en su casa (sus compañeros de grupo siguieron en acción como New Order). Quizás el legado más importante haya sido su poética desesperanzada y cruda, que plasmó en canciones como "Love Will Tear Us Apart" o "Passover" y que influyeron las composiciones de una gran cantidad de artistas, de Robert Smith a Kurt Cobain. La frase "Ian es el equivalente musical del Che Guevara" cierra la primera parte del film.
Capítulo dos: Shaun Ryder. "Creo que fue Scott Fitzgerald quien dijo: «Las vidas norteamericanas no tienen segundo acto», pero esto es Manchester, aquí hacemos las cosas de otra manera." De allí, corte a los jóvenes hermanos Ryder alimentando con veneno a 3000 palomas y pegándoles de volea con sus pies cuando las aves, muertas ya, comienzan a caer desde el cielo.
La historia de Happy Mondays, la banda de este par de inadaptados, no es tan trágica como la de Joy Division, pero su influencia en la música a partir de mediados de los años 80 es tan singular como la de Curtis. Rock y psicodelia cruzada con música dance, el inicio de la movida Madchester o cómo el rock se mudó a las discos y se intoxicó en una nube de música para pastillas. ¿Un disco? "Pills ?n´ Thrills & Bellyaches", un viaje alucinado para que la fiesta no termine nunca.
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