
El derrotero de un asesino serial
Si bien la remake de Sangriento San Valentín no sorprende, gana en intensidad por los efectos que podrán verse en los cines 3D
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Sangriento San Valentín, (My Bloody Valentine, Estados Unidos/2009). Dirección: Patrick Lussier. Con Jensen Ackles, Jaime King, Kerr Smith, Betsy Rue, Edi Gathegi y Tom Atkins. Guión: Todd Farmer y Zane Smith. Fotografía: Brian Pearson. Música: Michael Wandmacher. Edición: Cynthia Ludwig y Patrick Lussier. Diseño de producción: Zack Grobler. Presentada por Alfa Films en versión subtitulada en salas 2D y 3D. Duración: 101 minutos. Apta para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: buena
Esta remake de un film canadiense de terror estrenado en 1981 que tuvo cierta repercusión entre los seguidores del género es un producto más (eficaz pero sin grandes sorpresas) en la larga tradición de historias sobre el derrotero de un implacable y sádico asesino serial, pero al mismo tiempo resulta todo un acontecimiento para el mercado argentino: es la primera película para adultos que se estrena en el formato digital 3D (hasta ahora sólo se habían conocido propuestas de animación infantil o musicales para adolescentes).
Esta mención no sólo tiene que ver con un hito tecnológico sino con las ventajas comparativas que esta versión 3D ofrece por la que se exhibirá en 2D en las salas convencionales. En los cines digitales dotados con lentes que permiten apreciar (sentir) los efectos tridimensionales, cada impacto de pico, pala, cuchillo o hacha, cada disparo, cada baño de sangre, cada cuerpo descuartizado, cada víscera que vuela por el aire genera en el espectador una conmoción imposible de lograr en una pantalla normal.
Patrick Lussier -un director con una larga experiencia en el género- desarrolla la típica estructura de pueblo chico-infierno grande (el regreso de un asesino enmascarado, diez años después, a una comunidad minera donde se había registrado una masacre durante el Día de San Valentín) con bastante solvencia, aunque sin decidirse entre un tono por momentos demasiado solemne y en otros más cercano al humor negro (como la larga escena sexual que se desarrolla dentro y fuera de un motel).
Las actuaciones no son particularmente notables y los clisés abundan, pero Lussier logra sostener el ritmo, el suspenso y la tensión con la ayuda invalorable, claro, de los apuntados efectos tridimensionales. Para tener en cuenta: el subtitulado en las salas 3D dispersa bastante la atención, ya que al estar en otro plano (más cercano) que el de la propia imagen del film obliga a un doble esfuerzo por momentos agotador. De todas maneras, su visión en este nuevo ámbito resulta una experiencia más que recomendable.
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