
El Día D: Bajo presión evoca un hecho histórico que torció para siempre el rumbo de la Segunda Guerra Mundial
La película reconstruye un hito decisivo desde el enfrentamiento retórico entre dos meteorólogos militares
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El Día D: Bajo presión (Pressure, Reino Unido-Francia-Estados Unidos/2026). Dirección: Anthony Maras. Guion: David Haig y Anthony Maras. Fotografía: Jamie Ramsay. Música: Volker Bertelmann. Edición: Anthony Maras. Elenco: Andrew Scott, Brendan Fraser, Chris Messina, Kerry Condon, Damian Lewis. Duración: 100 minutos. Distribuidora: UIP. Calificación: solo apta para mayores de 13 años. Nuestra opinión: buena.
Las apariencias no deberían engañarnos. El Día D: Bajo presión (Pressure) se suma desde hoy a la ya larga serie de películas consagradas a la reproducción y representación de uno de los episodios decisivos de la Segunda Guerra Mundial, pero jamás logra ocultar ni evitar su origen teatral. Escrita por David Haig, tuvo su estreno en 2014 en Edimburgo y alcanzó en 2018 un éxito suficiente como para alentar su llegada al cine. La adaptación, a cargo del propio autor de la pieza (junto al director Anthony Maras), no consigue disimular en ningún momento su identidad originaria. Por el contrario, la profundiza.
Podría desmentirlo la inclusión de algunas escenas específicas (dramatizadas o extraídas de los archivos de imágenes) del gigantesco desembarco conjunto de las fuerzas aliadas en las costas de Normandía que cambió por completo el curso de la guerra. Este agregado responde más que nada a la necesidad de reforzar el efecto de la placa impresa sobre fondo negro que abre el relato: “Esta es una historia real”.
Todo lo demás es la escenificación del enfrentamiento retórico entre dos protagonistas decisivos de los preparativos de la ofensiva aliada, determinante en la derrota, al año siguiente, del ejército del Tercer Reich, que hasta ese momento se creía invencible. Toda la película responde a la disputa (registrada en los libros de historia) entre el jefe militar de los meteorólogos británicos, el capitán James Stagg (Andrew Scott) y su par estadounidense, el coronel Irving Krick (Chris Messina).

Ambos cumplían la misión de asesorar al poderoso general Dwight “Ike” Eisenhower, comandante en jefe de la operación (y futuro presidente estadounidense), sobre la decisiva cuestión del clima. Fijar el día y la hora y dar la orden del desembarco dependían del pronóstico del tiempo y el introvertido Stagg y el expansivo Krick nunca llegaban a un acuerdo. Desde el primer día de planificación desconfiaron el uno del otro.
En ese sentido, las imágenes y las palabras aparecen deliberadamente elaboradas en todo momento para acentuar esas diferencias con una elocuencia que nunca funciona en el cine (por insistencias y subrayados innecesarios) como lo hace sobre un escenario teatral. La ampulosa y estridente banda sonora del alemán Volker Bertelmann va en esa equívoca dirección.
El contraste queda todavía más a la vista en las interpretaciones. Scott repite su habitual personaje atormentado con tendencia (en este caso por razones personales muy delicadas) al ensimismamiento. El siempre impecable Messina también se deja tentar por la comodidad de algunos tics.

Nada parece escapar dentro del relato a este juego maniqueo que no deja de levantar temperatura mientras nos acercamos al momento de las definiciones. Deslizarse hacia ciertas fórmulas poco imaginativas y la dependencia de una puesta en escena visiblemente teatral resultan cuestiones casi inevitables.
Hasta que la caída, por alguna razón, se detiene en algunos momentos clave. En esas instancias queda algo de lucidez para sostener la tensión dramática. El resto lo aporta Brendan Fraser, que pone al servicio de su personificación de Ike Eisenhower lo mejor de las dos caras de su carrera como actor de cine: la vigorosa presencia física de los comienzos y los rasgos (aquí muy controlados) de humana vulnerabilidad de la etapa más reciente. El resto lo aporta la Historia. Siempre es oportuno recordar cómo fue el comienzo del fin del nazismo en el campo de batalla.



