El fabuloso mundo de Amélie
Es la película más exitosa en muchos años en su país de origen, Francia, y se transformó en favorita para obtener un Oscar
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Casi la totalidad de la crítica cinematográfica, del público masivo y también de la elite intelectual -desde adherentes a de ideologías de derecha o de izquierda hasta el presidente Jacques Chirac y el primer ministro Lionel Jospin- se ha rendido, en Francia, ante el suceso del año, la película "Amélie".
La nueva heroína francesa -naïve, solitaria, graciosa y, por sobre todas las cosas, bondadosa, que habita en una de las más sentimentales y nostálgicas postales de Montmartre- es la protagonista de la nueva película de Jean-Pierre Jeunet, el realizador de la oscura y surrealista "Delicatessen" y de "La ciudad de los niños perdidos", quien después de su paso hollywoodense con "Alien, la resurrección", concretó su homenaje al cine con "El fabuloso destino de Amélie Poulain", según la literal traducción del título.
Esta suerte de cuento de hadas gira en torno de una moza de bar que creció en un mundo inventado por ella misma. Como se siente sola y aburrida, se cree "la madrina de los desamparados". Así es como comienza a jugar con los resortes del azar y a "intervenir" en la vida de los otros para endulzarles sus destinos, hasta que decide enfrentar su propia realidad. Siempre, claro, con su inventivo modo de ver la vida, guiada por el hiper detallista y colorido imaginario narrativo-visual de Jeunet. El deseo y la obsesión contenida de este Jeunet que ahora se confiesa "enamorado" (de ahí su optimismo) se nota y a veces se padece en "Amélie", con la acumulación de detalles que ofrece, como si se tratara de la colección completa de todas las ideas que albergó en su cabeza en sus 47 años de vida. "¡Estoy loco! -llegó a decir-. Porque debí haber hecho cinco películas en su lugar. Y ahora ¡estoy seco! En realidad, hice una película con 200 historias."
Rehén de los políticos
Desde mayo del año último, esta película ha sido vista por más de ocho millones de franceses, a pesar del rechazo de los seleccionadores de Cannes, donde su proyección fue ofrecida al aire libre. Pero tampoco los estadounidenses pudieron resistirse a sus encantos tras su estreno comercial. Y no sólo ya tiene una nominación para los Globos de Oro, sino que también es una de las fuertes candidatas a llevarse el Oscar a la mejor película extranjera en la próxima edición de los premios de la Academia.
Pero así como "Amélie", protagonizada por la joven Audrey Tautou, ha sido una de las mejores vitaminas para estimular la buena salud del cine francés y el ánimo de sus habitantes, los más escépticos ante su taquillero éxito la erigieron como abanderada de una Francia "retrógrada, lavada y nauseabunda", como apuntó la revista Inrockuptibles, y "particularmente reaccionaria y derechista". Le Monde llegó a preguntarse: "Bajo ese aire angelical, ¿la película no será un poco subversiva, por su modo de darles radicalmente la espalda a los tiempos que corren, siendo a veces terriblemente chata, trivial y cínica?"
Jeunet creó un París que no existe, donde nunca llueve, donde no hay embotellamientos de tránsito, graffiti en las paredes ni caca de perro en las veredas. En todo caso, es un París poético, nostálgico, esperanzado y amable. Situado en los años 90, el film rinde honores a Marcel Carné, Jacques Prévert y Robert Doisneau (expresamente admirados por el director), pero en su espíritu retro, propio de los años cincuenta, esconde -según sus más acérrimos detractores- la polisemia sexual, étnica, social y cultural que hoy convive duramente en Francia. Pero tal vez no haya que esperar que la solitaria Amélie sea Rosetta, la marginal protagonista de la dura película belga de los hermanos Dardenne, que en la vida aspira a tener un trabajo. Aunque, entre otras heroínas de ficciones más realistas, Jeunet llegó a considerar que la actuación de la actriz británica Emily Watson en "Contra viento y marea" le hizo pensar que ella podría haber sido Amélie, y el film de Lars von Trier su misma película, pero con una cara diferente.
Aun así, en el negocio del cine, hace un año, la pobre Amélie fue tomada casi como rehén por los políticos franceses, con miras a las elecciones presidenciales de abril de 2002. Los candidatos a la presidencia decidieron aprovechar la popularidad de esta película. Cuentan que Chirac llegó muy cansado a la proyección, pero al salir "revitalizado", el productor le dijo que "por si se sentía deprimido, le regalaba la copia". Además de Chirac y Jospin, también se sumaron a levantar el espíritu nacional el ministro de Educación, Jack Lang, el senador Bertrand Delano‘ y el presidente del partido Unión por la Democracia Francesa (UDF), François Bayrou, y la consideraron realmente necesaria para la vida. "Su éxito demuestra que hay una profunda demanda de humanidad en nuestra sociedad -dijo Bayrou-. Durante decenios se han atravesado tiempos muy duros, por las relaciones humanas marcadas por el materialismo y las relaciones de poder. Hay ahora una necesidad de humanidad de la que los intelectuales se burlan, pero que cada uno de nosotros siente en su vida. Yo titulé mi proyecto "La Francia humana" porque acuerda con esa idea. Esta película traduce una inmensa necesidad de sencillez y valores humanos. Los responsables políticos deben ver lo que ven los franceses y darles respuestas." ¿Será Amélie contratada como asesora presidencial?






