
El mundo según Ben Affleck
Cada vez más reconocido como director, contó a LA NACION cómo se propuso adaptar para su tercer film hechos reales de la política internacional, tema que lo apasiona desde que era estudiante
1 minuto de lectura'

TORONTO.– No le cuesta nada a Ben Affleck meterse a todo el mundo en el bolsillo. Le sale naturalmente, sin el mínimo gesto demagógico, siempre dispuesto a combinar en dosis casi perfecta ligereza y profundidad para observar el mundo, algo que caracteriza hoy a muy pocos elegidos en los escenarios globales más cotizados ligados al cine.
Alcanza con escuchar una de las muchas respuestas (verborrágicas y precisas al mismo tiempo) que le brinda aquí a la prensa internacional, entre la que se encuentra LA NACION, luego del estreno mundial de su tercer film como director, para entender cómo Affleck sabe aprovechar lo mejor de sus dos mundos. Nació en Berkeley (California), creció cerca de Boston y se educó en la Universidad de Vermont, donde se especializó en los asuntos internacionales de Oriente Medio. A este último escenario Affleck regresa con Argo , cuyo estreno en la Argentina anuncia Warner. Su nuevo film, que dirige y protagoniza, se aparta a primera vista de sus dos primeras películas (Desapareció una noche y Atracción peligrosa), más cercanas al thriller policial, la intriga y el suspenso.
Argo es el nombre de una película ficticia, elegida por la CIA para llevar adelante, con la ayuda de Hollywood, la delicada operación de rescate y salida del país de seis diplomáticos estadounidenses refugiados en la residencia del embajador canadiense en Teherán luego de la toma de la embajada de los Estados Unidos en la capital iraní, que desató, en noviembre de 1979, el episodio mundialmente conocido como la crisis de los rehenes, que se extendió por 444 días y le quitó al entonces presidente Jimmy Carter la posibilidad de una reelección .
Affleck reconstruye en Argo esos hechos y toma para sí, como actor, el rol de Tony Mendez, el agente especial que llevó adelante la operación con la ayuda de figuras reales de Hollywood. Algunas auténticas como el eximio maquillador John Chambers (interpretado por John Goodman) y otras ficticias como el productor que encarna Alan Arkin. La historia permaneció en secreto hasta que fue revelada en tiempos de la administración de Bill Clinton.
–Ya nos acostumbramos a ver películas sobre hechos ocurridos en los años 70, pero no con este nivel de detalle en la reconstrucción de época.
–Trabajé con un equipo excelente y, sobre todo, con la mejor vestuarista del mundo, meticulosa como ninguna en la búsqueda del estilo de ese tiempo buscando en imágenes, fotos, avisos. No queríamos reconstruir aquella época sólo a partir de lugares comunes, sino hacer que regresara de la mano de los protagonistas reales de la historia hasta en el mínimo detalle: la indumentaria, los bigotes, los anteojos. Trajimos en definitiva de vuelta todo lo feo de aquella época (risas).
–La película recibió de inmediato aplausos y elogios. ¿Se siente cada vez más seguro como director?
–No sabría decirlo. Lo que tengo claro es que vivo todas estas cosas con un saludable espíritu de humildad. Hay una enorme cantidad de directores trabajando en Hollywood y creo entender, al menos, las reglas que rigen este trabajo tan duro. La fórmula correcta pasa justamente por eso, comprometerse al máximo y a conciencia de que nunca estará garantizado el resultado. Eso depende de otros factores.
–Es la primera vez que dirige una película fuera de Boston. ¿No extrañó ese contacto con su ámbito más familiar?
–No quisiera ser visto ni siquiera en términos estratégicos solo como el tipo que hizo Desapareció una noche y Atracción peligrosa. Si me hubiese salido la idea de hacer El ciudadano en versión Boston creo que no me habría animado a hacerla. ¡Nadie me contrataría fuera de Nueva Inglaterra! Quería cambiar, hacer algo a escala internacional. Tengo estudios hechos sobre Medio Oriente y mucho interés en estudiar nuestra presencia en esos lugares. Por eso me puse las alas y me fui para allá...
–¿Y cómo llegó a interesarse en los temas del Medio Oriente?
–Cuando entré a la universidad todos estaban pendientes de lo que ocurría con la Unión Soviética. No quería seguir esa corriente, porque mi interés apuntaba a ese lugar que parecía mucho más pequeño, enigmático y opaco que hoy está en el centro de la atención mundial. Simplemente quería entender qué pasaba allí.
–¿Qué recuerdos tiene de la crisis de los rehenes? ¿Cómo vivió esos episodios?
–Yo era un chico, tenía siete años, la edad del hijo de Tony Mendez. ¡Mi personaje pudo haber sido mi padre! Vagamente recuerdo aquel tiempo y mi impresión posterior es que esa crisis terminó forjando, entre otras cosas, la idea actual de los canales de noticias de 24 horas antes de la primera guerra del Golfo. El primer hecho que marcó mi manera de ver la política y el mundo con plena conciencia llegó más tarde y fue el intento de asesinato del presidente Reagan.
–¿Y cómo observa en plena campaña electoral las conexiones bien cercanas y directas entre Hollywood y la política?
–De un modo seguramente distinto del que muestro aquí. La participación de Hollywood en la operación Argo corresponde a otro tiempo. Nadie sabía muy bien quién era John Chambers, un genio del maquillaje, admirado por gente como Marlon Brando. Fue el hombre que logró que la Academia de Hollywood impusiera cada año un Oscar para premiar al mejor maquillaje. Hoy sería una celebridad, todos hablarían de él. Lo que cambió es la conexión entre noticias y entretenimiento. Son dos cosas que a esta altura es imposible distinguir. Vea cómo se comportan los políticos y la gente de Hollywood.
–¿Cómo reacciona frente a los rumores que ya hablan de potenciales nominaciones al Oscar para esta película?
–Me agrada y me enorgullece todo este tipo de comentarios. Pero lo que más me interesa es que la gente pueda verla. No me interesa ir demasiado lejos con esas especulaciones. Si pongo demasiada energía en ellas, pierdo de vista mi objetivo principal.
–A estas alturas de su carrera debe sentirse orgulloso por los logros alcanzados, primero como actor y ahora como director.
–Es que esto es lo que hago y, en rigor, lo que mejor sé hacer. Ésta es mi profesión. Creo haber entendido desde el comienzo lo que había que hacer, desde que empecé a hacer audiciones para papeles muy pequeños. Viendo cómo evoluciona la carrera de mis colegas tengo cada vez más en claro que todo tiene que ver con el equilibrio. Que hay películas que funcionan y otras que no, y más que tratar de entender por qué ocurre eso hay que aceptarlo y estar preparado para los buenos y los malos momentos. Estoy feliz y orgulloso, sobre todo con todo lo que me viene ocurriendo en los últimos ocho años, que resultaron inmejorables.
–Existe la impresión de que Hollywood cada vez está tomando más en serio su lugar como director. ¿Cómo imagina su futuro? ¿Qué será de su carrera como actor si las cosas siguen así?
–Me gusta estar dentro de las películas. Me gusta mucho también actuar en las películas que dirijo. Siento que de esa manera puedo hasta ejercer un mayor control sobre mí mismo. Y también me gusta mucho investigar hechos e historias y aprender de ellas para luego aplicar esos conocimientos en las películas que hago o en las que me toca participar. Creo que si me quedo sólo en el papel del director puedo llegar a perder casilleros dentro del tablero de Hollywood. Ésta es una industria y una actividad con memoria corta. Si a uno no lo ven durante un tiempo, empieza a desaparecer por completo. Aquí se olvidan muy rápido de lo que uno hace y por eso hay que estar atento y recordárselo constantemente. Me gustaría seguir haciendo las dos cosas al mismo tiempo como hasta ahora. Con ese sentido del equilibrio del que le hablaba antes.
–¿Y qué debe tener una película para que usted se involucre en ella?
–No creo en esas películas que no le den al público la mínima motivación para ir al cine y descubrir qué pasa. Una buena historia debe ante todo sorprender y también tener algún anclaje genuino en la realidad. Pero sobre todo tiene que apoyarse en sus intérpretes. Para mí, el 90 por ciento del valor de una película tiene que ver con el casting. Me siento muy feliz por haber contado aquí con los mejores actores . Si Argo tiene éxito, allí está la explicación.
1
2Agustín “Rada” Aristarán, el Willy Wonka argentino: “Va a ser la obra más grande que se haya visto en el país”
3Ralph Fiennes no quiere volver a ser Voldemort: así está hoy el actor más camaleónico con tres nominaciones al Oscar
- 4
La noche de Mirtha: del elegante look de la Chiqui a la fuerte revelación sobre una posible serie sobre su vida

