
El resurgir de Bellocchio
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No deja de asombrar que la cinematografía italiana, de la que se añoran aquellos deslumbramientos de los tiempos de Fellini y de Visconti que le valieron un lugar de privilegio en el mundo, cada tanto se empeñe en desmentir su presunto deterioro con la aparición de un realizador promisorio o con el renacimiento de maestros a quienes se suponía sumergidos en el ocaso. Uno de ellos, Marco Bellocchio (63 años), resurgió el año pasado con una obra admirable, "La hora de religión", film que desde hoy se conocerá en la Argentina por medio de cuatro exhibiciones fuera de concurso (sección Panorama) en el Bafici 2003.
A este solitario autor, independiente en el mejor sentido del epíteto, se deben piezas fundamentales como "I pugni in tasca" (1965), "En el nombre del padre" (1972), "Salto al vacío" (1980), así como la politizada –y "escandalosa"– remake de "El diablo en el cuerpo" (1985), por mencionar sólo algunos de sus capolavori. Hace un par de años reapareció con una versión para TV del relato pirandelliano "La nodriza", pero la contundente evidencia de que su talento (como ocurrió en el siglo XIX con la producción de Giuseppe Verdi) es capaz de sorprender en la edad en que otros declinan, la aportó su más reciente epifanía. "La hora de religión" concilia, en efecto, sus mitos personales con una profunda reflexión sobre el individuo en un film que despliega una estética en el fondo clásica, pero que no escatima destellos propios de una visión contemporánea ni los recursos de la tecnología actual.
Ernesto Picciafuoco, el protagonista de este drama, es un artista plástico que, de pronto, se ve conmovido por los emisarios del Vaticano, quienes tramitan la canonización de su madre, muerta trágicamente años atrás. Este hombre, laico, debe afrontar el engorroso debate previo a los fastos eclesiásticos de la santificación pero también a su mujer –con la que está en crisis–, que le reprocha que no puede negar al pequeño hijo de ambos "el privilegio de una abuela santa".
"En este punto se plantea una contraposición entre una idea laica de la vida y otra, más devota –señaló Bellocchio a La Nacion–. La religión está ocupando el enorme vacío que dejó la utopía socialista, sobre todo en Italia. La angustia por ese vacío ha generado un reflujo religioso a través de la caridad y asistencia de los más desamparados, y esto se documenta indirectamente en una escena del film, un diálogo del protagonista y un cardenal acerca del proceso de canonización de su madre, ambientado en un comedor para indigentes. Aunque reconozco que la asistencia a los pobres no es el tema central."
La cámara, con aguda mirada, recorre preferentemente ambientes y situaciones en medios de clase alta. El realizador se aparta del realismo del que muchos de sus contemporáneos fueron fieles seguidores. "Mis padrinos no eran los artífices del neorrealismo –asegura–, algo que en Italia todavía gravitaba bastante cuando empecé a filmar, en los sesenta. Mi estética era otra; venía de lo literario y de lo pictórico". La condición de pintor del protagonista de "La hora de religión" (formidablemente asumido por Sergio Castellitto) da pie al realizador para desplegar visiones oníricas, un arrojo que la crítica no vaciló en calificar de "admirable lirismo plástico".
Los deslices autobiográficos en la trama de "La hora de religión" son escasos pero significativos. "Pensé en mi madre y en su espíritu de sacrificio. Pertenezco a una generación educada en los cincuenta, cuando la fe era un valor organizado, de tintes racionales. Decir «Soy ateo» implica encuadrarse en una categoría del ochocientos. Yo me defino como laico, creo profundamente en las relaciones humanas."
Entre las diez mejores películas
El rodaje de "La hora de religión" se hizo en Roma, en 2001. El film se estrenó en abril de 2002 con una salida de 31 copias, pero en el segundo fin de semana la afluencia de público obligó a elevar a 100 la disponibilidad de copias . Su presentación en Cannes recibió un aplauso de diez minutos, y la crítica internacional fue unánimemente entusiasta. En enero de este año, la revista francesa Cahiers du Cinéma le otorgó el sexto puesto entre las diez mejores películas de 2002 (la lista la encabezaba "Choses secrètes", de Jean-Claude Brissan, y le seguía el muy sonado "Ten", de Abbas Kiarostami). En el V Festival Internacional de Cine Independiente se podrá ver en el cine Lorca, hoy a las 14 y mañana a las 22.30; luego, en el Hoyts Abasto, se exhibirá el viernes 25 a las 16.30 y el sábado 26 a las 20.15.




