
Film sobre sexo en el que el erotismo está ausente
"8 1/2 mujeres" ("8 1/2 Women", Holanda-Gran Bretaña-Luxemburgo-Alemania/1999, color). Presentada por Distribution Company. Dirección: Peter Greenaway. Con John Standing, Matthew Delamere, Vivian Wu, Shizuka Inoh, Barbara Sarafian, Kirina Mano, Toni Collette, Amanda Plummer, Natacha Amal, Manna Fujiwara, Polly Walker. Guión: Peter Greenaway. Fotografía: Sacha Vierny. Edición: Elmer Leupen. Duración: 120 minutos.
Nuestra opinión: regular.
No es infrecuente que un film de Peter Greenaway resulte desconcertante, denso, esotérico o francamente tedioso: el realizador británico ha construido su imagen de iconoclasta (y se complace en ella) sobre la base del curioso contraste entre el esplendor visual de sus imágenes (con abundantes referencias a los grandes maestros de la pintura) y una narrativa enigmática y dispersa en la que abundan los cuerpos desnudos, las variadas formas de la perversión, las cifras, los signos, las alusiones secretas y la provocación intelectual. Pero este peculiar cineasta también acostumbra aprovechar algunas entrevistas previas a sus estrenos para deslizar pistas destinadas a socorrer a espectadores desorientados. Suelen ser útiles, siempre que se conserve al cabo de la visión del film alguna voluntad de desentrañarlo.
En este caso, es probable que la voluntad sea frágil. En cuanto a los mentados indicios -que ya se anticipan en el título, con su alusión a la célebre obra de Fellini- resultan inconducentes: la banalidad irredimible de esta comedia negra acerca de las fantasías eróticas de los hombres está a la vista y no hay construcción teórica que la sostenga por mucho que busque apoyo en la historia del arte occidental, de Ingres a Matisse, de Vermeer a Sade y de Flaubert a Fellini.
Decepción
Lo más sorprendente de "8 1/2 mujeres", lo que desanimará incluso a muchos de los seguidores de Greenaway es que salvo en momentos muy esporádicos tampoco asoma aquí la inventiva y la elegancia formal que ya son sello distintivo de su cine. Y que aunque se trata de un film sobre sexo, lo que abunda son las conversaciones sobre el tema y la (casi despiadada) exposición de cuerpos desnudos, pero el erotismo está llamativamente ausente. Queda claro que entre Fellini y Greenaway hay mundos de distancia.
Esta vez, el hilo anecdótico es sencillo, y parece ser empleado solamente para que Greenaway demore ciento veinte minutos en ponernos al tanto de sus fantasías, no demasiado diferentes de las que dicta el lugar común. En el lugar que Fellini cedía a Mastroianni está aquí John Standing, venerable actor inglés que defiende con noble dignidad su parte: la de Philip, un poderoso hombre de negocios de Ginebra que toma posesión de 8 1/2 casas de juego en Japón y confía la administración a su hijo Storey (Matthew Delamere), pronto seducido por ciertas prácticas orientales, el juego y por el carácter impredecible de los terremotos.
Cuando al poco tiempo Philip queda viudo, su hijo regresa a Suiza dispuesto a confortarlo y le propone instalar en la mansión una suerte de harén particular integrado por nueve mujeres, una de ellas -el 1/2 necesario para que la justificación del título sea completa-, una lisiada en su silla de ruedas. Entre las demás, hay, claro, una embarazada, una monja, una réplica de Madame Butterfly, una criada, una sadomasoquista, una aficionada a los animales, una prostituta muy profesional pero muy tierna, etcétera, etcétera. Todo tan previsible como los vínculos entre el sexo y el dinero que el director busca subrayar.
Hasta que se instala la rutina de la vida en el harén y el film se vuelve lánguido, redundante y hueco, hay circunstanciales destellos del estilo Greenaway: lo mejor está en la génesis de la extraña aventura, cuando el film de Fellini sirve de inspiración. Uno de los momentos más logrados y provocativos de la película coloca a los dos, desnudos y vulnerables, delante del espejo, preludio de un perturbador incesto y de una prolongada conversación, con sus ocasionales toques de humor, en la que el sexo es tema excluyente.
"¿Cuántos cineastas harán sus películas para concretar sus fantasías sexuales?", se pregunta Philip. "Todos", supone el hijo. Con su desgano y sus fantasías de vuelo bajo, Greenaway, en todo caso, añade muy poco a la copiosa galería que el hombre ha venido poblando a través de sus manifestaciones artísticas.
En el variado sector femenino del reparto, donde figuran algunos rostros conocidos como los de Toni Colette ("El casamiento de Muriel", "Velvet Goldmine"), Amanda Plummer o Vivian Wu, quien resuelve el compromiso con más convicción es Polly Walker como la sensual y dulce Palmira, la que mejor entiende las necesidades del padre y despierta en el hijo el veneno de los celos.







