
Historia despareja de personajes sin futuro
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Chile 672 (Argentina/2006). Dirección: Pablo Bardauil y Franco Verdoia. Con José Luis Alfonzo, Patrizia Camponovo, María Lorenzutti, Lito Cruz, Erica Rivas, Carolina Papaleo y otros. Guión: Pablo Bardauil. Fotografía: Victoria Panero, Pablo Ramos Grad y Gustavo Reján. Música: Federico Travi. Presentada por Primer Plano. Duración: 102 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular
Una casi vetusta casona del barrio de San Telmo alberga a una serie de personajes que dejan transcurrir sus días entre la miseria, los celos y la espera de tiempos mejores. Todos ellos cargan sobre sus hombres los dolores cotidianos y mientras algunos luchan denodadamente por subsistir con sus familias a cuestas, otros se refugian en su patética soledad. Allí, en esas pobres habitaciones, están un atribulado chofer que halla sosiego en una niña que lleva todos los días a la escuela, una actriz que alguna vez conoció la fama y el éxito y ambiciona volver a revivir aquellos momentos de gloria, una muchacha huérfana y devota que se refugia en sus fantasmales recuerdos y una italiana que maneja esa casa con mano férrea y disciplinada.
A estos cuatro personajes, que entrecruzan sus deseos incumplidos, los unen la angustia y la soledad y tratan de dar cauce a sus sueños en un entorno erosionado por la crisis económica, por una sociedad que los margina y por una moral que los angustia. Los noveles directores Pablo Bardauil y Franco Verdoia intentaron con este grupo humano retratar un trozo del Buenos Aires actual inserto en el dolor y la incomprensión. Si bien la idea no deja de tener su interés a partir del retrato de esos hombres y mujeres, el guión apunta por momentos a enredados esquemas que transitan reiteradamente la personalidad de ese cuarteto inserto en una cotidianidad por momentos alejada de la realidad y de la emoción.
El esfuerzo de los realizadores queda así a mitad de camino entre una intención que se apoya en el dibujo, a veces desteñido, de los habitantes de la casa y en algunas situaciones que tratan de resumir con poca pericia el devenir de esas criaturas enfrentadas a la incertidumbre y a la tragedia. Así, en medio de dolorosas situaciones -algunas de ellas envueltas en lo onírico y en recuerdos de niñez- las historias se van armando hasta llegar a un final en el que la muerte parece ser la solución de los problemas y de las angustias. José Luis Alfonzo, Patricia Camponovo, María Lorenzutti y Erica Rivas se esfuerzan por dotar sus papeles de la credibilidad necesaria, lo que logran con enorme esfuerzo, en tanto que varios actores de valía -Lito Cruz, Dora Baret, Héctor Bidonde y Vera Fogwill- aportan su calidad interpretativa en breves apariciones.
Chile 672 queda, pues, como un intento de mostrar un micromundo en el que el dolor y la miseria se dan la mano en un lugar urbano por el que recorren, como fantasmas sin futuro, esos prototipos doloridos y fracasados. El resultado final resume cierto interés en su intento de dotar la trama de permanente emoción, pero cae lamentablemente en un esfuerzo que necesitaba de mayor calidad interior y de menor pretensión estética.




