
Ingenua lección moral
"Fuera de control" ("Changing Lanes", EE.UU./2002, color). Dirección: Roger Michell. Con Ben Affleck, Samuel L. Jackson, Kim Staunton, Toni Collette, Sydney Pollack. Richard Jenkins. Guión: Chap Taylor y Michael Tolkin sobre un argumento de Chap Taylor. Fotografía: Salvatore Totino. Música: David Arnold. Edición: Christopher Tellefsen. Presentada por UIP. Duración: 99 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular.
"A veces, a Dios le gusta meter a dos hombres en una bolsa y dejarlos que se desgarren", se oye decir en algún momento del film. Por algo es.
Estamos en Viernes Santo y sea por designio divino, por culpa de la prisa y la lluvia o por puro azar, la cuestión es que el lujoso Mercedes de Gavin Banek y el traqueteado Toyota de Doyle Gipson se dan un topetazo, y que de resultas de ese accidente emprenden una contienda que deriva en guerra total.
Gavin, el joven abogado con corbatas de seda y sonrisa de Ben Affleck, no puede demorarse: lo esperan en la Corte para dirimir un caso que podría perjudicar a los jefes de su estudio; Doyle, modesto agente de seguros y alcohólico en vías de recuperación con todo el aire sufrido que puede prestarle Samuel L. Jackson, tampoco: otro juez está a punto de disponer si permite a su ex esposa y sus hijos cambiar Nueva York por Oregon, con lo cual perderá contacto con ellos.
La lluvia y la urgencia (incluida la de la fastidiosa cámara en mano de Gordon Mitchell, que no deja de agitarse y de abrumar con sus espasmos, sus cortes abruptos, su superposición de elementos y sus zooms fuera de foco) hacen todo muy confuso. Y en el apurón, los dos salen perdiendo. (O los tres, si se incluye al espectador.) Doyle llega tarde a la audiencia y nadie cree en sus disculpas: en vano ha conseguido el aval para comprarles una casa a los suyos en Queens. Gavin deja sin querer en manos del otro el documento probatorio de que el estudio donde trabaja (a las órdenes de su suegro, para más datos) no ha cometido una estafa. (Y al espectador empieza a costarle encontrar una posición cómoda, y no es culpa de la butaca.)
Toma de conciencia
Una especie de duelo a muerte se plantea entre los dos personajes. Medidas las fuerzas, están más o menos parejos, ya que el abogado cuenta con los medios para hacerle al otro la vida, y sobre todo los créditos, imposibles. Pero Doyle lleva cierta ventaja moral porque sabiéndose víctima y perdedor (pecador) desde antes, ya estaba en pleno proceso de purificación con ángel de la guarda y todo (William Hurt, un desperdicio). En cambio, Gavin, miembro de un estudio importante de Wall Street, termina desayunándose a los 29 años de que allí existen maniobras turbias y descubriendo que muchos de sus privilegios son pagados con dinero mal habido, situación de la que hasta su esposa estaba al tanto. Y entonces, claro, sobreviene la crisis moral, visita a la iglesia incluida, y el film termina cambiando las forzadas situaciones del thriller por los discursos sobre la ética.
La pretensión metafórica y el afán aleccionador de los libretistas es sólo comparable a la ingenuidad del planteo, al rebuscamiento del desenlace y al esquematismo de los personajes. En cuanto al perfil artístico de Roger Mitchell, no parece fácil de definir: aquí deja en el olvido el oficio sensato y la ligereza que había mostrado en "Un lugar llamado Notting Hill" para contagiarse del vano vértigo hollywoodense y también de su vocación por lo explícito.
Con su cara de buen chico, su aspecto atildado y su sonrisa siempre lista, Ben Affleck podrá traducir muchos estados de ánimo, pero entre ellos no está precisamente la crisis espiritual. A Samuel Jackson el papel de víctima le permite descansar por un rato de gángsters o pandilleros pintorescos y mostrar un costado más emotivo. Lo mejor está en el grupo de actores secundarios aun en papeles con escaso desarrollo: Sydney Pollack, Kim Staunton, Toni Collette. También merece ser mencionada la cuidada ambientación. Lo que no alcanza, claro, a compensar tanta flaqueza.
El problema, al fin, no reside tanto en cruzarse de carril cuando se circula rápido por una avenida, como apunta con alguna aspiración metafórica el título original, sino en perder absolutamente el control (no del automóvil sino de la película), como termina definiendo, seguramente sin proponérselo, el título local.
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