Irregular historia de un hijo pródigo que vuelve
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El regreso de Peter Cascada (Argentina/2006). Dirección: Néstor Montalbano. Con Horacio Fontova, Mausi Martínez, Rubén Stella, Mabel Manzotti, Nahuel Pérez Biscayart. Guión: Sergio Bizzio. Fotografía: José Guerra. Música: Nicolás Posse. Presentada por Americine. Duración: 85 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular
Pedro, un anónimo hombre con veleidades de cantor, decide un día dejar su modesto pueblo sin dar mayores explicaciones y probar suerte en los Estados Unidos. En su lugar natal deja a su novia, a su hermano y a vecinos que intuyen que la decisión de quien admira la música norteamericana lo llevará al fracaso y al olvido. Sin embargo, Pedro, rebautizado Peter Cascada, logra un notable éxito como cantautor en Miami y los suyos lo invitan a regresar a su pequeña ciudad, que cumple cien años de existencia, para intervenir en un gran festival que se realizará con gran pompa.
Y así Peter retorna a aquel sitio tras 23 años de ausencia. Pero pronto se dará cuenta de que nada es como era.
Aquella novia de sus sueños es la peluquera del pueblo, vive en pareja con su hermano y es madre de un joven gay que ignoraba la existencia de aquel padre que dejó un día sus raíces para comenzar una nueva existencia. Todo eso incomoda a este cantor que recorrió los más famosos escenarios de los Estados Unidos, y, avasallado por los acontecimientos, comienza a pensar que su vuelta se convirtió en un gran error.
Pero una serie de situaciones que entremezclan el humor con el drama hacen que Peter Cascada comience a comprender todo lo que ocurrió en ese largo lapso en que estuvo ausente de los suyos, y sobre la base de un guión en el que no están ausentes el disparate, las equivocaciones y los reproches pendientes, el director Néstor Montalbano edifica una aventura con aciertos parciales y reiteraciones en torno de su protagonista, al que Horacio Fontova aporta cierta exageración en un papel que merecía algo menos de gestos repetidos y un poco más de calidez.
Un lenguaje por momentos innecesariamente procaz atenta también contra esta historia que trata de insertarse en la comprensión y en la angustia, pero queda apenas como un relato que carece de la emotividad que recorren sus casi alocados protagonistas.
La prolijidad del film, dada por la buena fotografía y la rítmica música, es un punto a favor de la trama, pero no alcanza a superar las deficiencias de un libreto necesitado de mayor calidad humana y de menos gracia altisonante.
Mausi Martínez, Rubén Stella y, sobre todo, Nahuel Pérez Biscayart, como el hijo gay, cumplen a satisfacción con sus cometidos envueltos en la trama, que trata de divertir y de emocionar y que queda a mitad de camino entre ambas pretensiones.






