Jackass: llegó en secreto a los cines el acto final de una experiencia límite, regocijante y desagradable a la vez
La película Una más y nos vamos cierra un ciclo de más de 25 años de risas y camaradería alrededor de las pruebas de resistencia más pesadas, repulsivas e incomprensibles
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Es la última. Lo termina aceptando a regañadientes Johnny Knoxville, líder indiscutido de estas delirantes barrabasadas, después de dudar un momento cuando uno de sus compañeros le dice que ya llegó el momento del adiós. Como les pasa a algunas grandes figuras vigentes en nuestro medio, el anuncio de “la última temporada” en el caso de Knoxville siempre dejaba abierta una rendija para la continuidad.
De hecho, cuando todos creíamos que la despedida era un hecho en febrero de 2022, con el estreno de Jackass para siempre, Knoxville y sus temerarios amigos se guardaron una carta más en el mazo con el que vienen jugando desde hace algo más de 25 años.

Así nos encontramos con Jackass: una más y nos vamos, que en casi completo silencio llegó a los cines (en simultáneo con su estreno en Estados Unidos) con unas pocas funciones diarias en una buena cantidad de salas y complejos de todo el país. En la mayoría se programó con una sola función diaria, subtitulada, en el último turno de la noche. Y hay quienes la exhiben en horarios vespertinos, pero solo en la versión doblada al castellano.
Una más y nos vamos (apta solo para mayores de 17 años) es el final de fiesta, armada con espíritu y formato de “grandes éxitos”, de la celebración interminable y a las risotadas de sentirse vivo después de exponer sus propios cuerpos (empezando por las partes más sensibles) a toda clase de estrafalarias, inexplicables, ridículas y muy dolorosas pruebas. Algunas son nuevas y otras surgen, a modo de tributo y recorrido por la historia, del archivo de este último cuarto de siglo.

La marca de fábrica, como siempre, está a la vista. Ya sabemos que no pueden faltar (de hecho, abundan) esas “proezas” desagradables y repulsivas a la vista de todos, bastante elaboradas dentro de su espíritu artesanal, que se construyen como retos escatológicos extremos.
Son también las más originales y festejadas por toda la troupe con una alegría extraordinaria que se contagia y extiende con una fuerza imposible de encontrar en cualquier otra experiencia audiovisual ajena a la ficción. Knoxville y uno de sus aliados lo reconocen en un diálogo capturado al pasar hace algunos años y recuperado desde el archivo de imágenes para esta antología final: el sentido de todo lo que hacen tiene que ver precisamente con ciertos actos que dejan bastante maltrechos a quienes los cometen. Pero la celebración del triunfo y la superación del desafío, por más que el dolor tarde mucho en irse, es incomparable.
El secreto de Jackass está allí, a la vista de todos. Un golpe bien dado en el momento justo, una descarga eléctrica aplicada sobre la humanidad ajena con sentido inmejorable de la oportunidad, un objeto lanzado a toda velocidad al espacio (como un baño químico) con alguien adentro sin que sepamos dónde y cuándo va a caer ponen en juego en su máxima expresión el sentido mismo de la comedia.
En este mundo todo es posible y el ya canoso Knoxville es la prueba. Después de padecer durante los últimos 25 años magullones, fracturas varias y hasta una hemorragia interna por las embestidas de algún toro embravecido, acepta por última vez la repetición de ese acto (y en dos tomas, con dos animales distintos), y vuelve a irse, tras otro vuelo antológico registrado en cámara lenta, inmovilizado y en camilla, pero siempre con el pulgar levantado. Es el mejor homenaje, supremo y excesivo a la vez, a una tradición extraordinaria que reconoce como artífices históricos a Buster Keaton, a Los Tres Chiflados y a Jackie Chan, a la cabeza de muchos más.
Jackass escandaliza, desagrada, provoca rechazo e incomodidad. No cualquiera estará dispuesto a convalidar un festejo que apunta por momentos casi obsesivamente al aparato genital masculino como eje de la broma (y del castigo). Pero estos cincuentones que siguen empeñados en divertirse como adolescentes se animan al mismo tiempo, desde la carcajada espontánea y contagiosa, a explorar de manera consciente y genuina los límites de cualquier experiencia audiovisual. Y nos interrogan sobre el lugar que ocupamos como testigos-espectadores de esas vivencias.

Lo que Knoxville y sus amigos hacen, en definitiva, es comedia física en el estado más puro. Una certeza que al mismo tiempo deja al desnudo las imposturas y falsedades del mundo que los rodea. El magistral plano final, con la banda a pura carcajada yendo hacia el precipicio dentro de un carrito de supermercado, mientras todo estalla y explota a ambos costados, resume en un par de minutos la historia entera (más de cien años) de la comedia cinematográfica. Será difícil encontrar frente a la pantalla una cantidad tan grande de risas en cualquier otro estreno de estos tiempos.
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