
Javier Bardem, el español más requerido
El actor habla de Comer, rezar amar, la película con Julia Roberts que se estrenó el jueves, de su actual trabajo con Terrence Malick y de la necesidad de un equilibrio
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CANCUN.- "Ojalá fuera brasileño", dice Javier Bardem, y el comentario sorprende porque es difícil imaginar al actor como algo más que español. Aunque haya interpretado a ese tremendo villano de nacionalidad desconocida en Sin lugar para los débiles, que le valió un Oscar, y a pesar de que en Comer, rezar, amar sea un brasileño autoexiliado en Bali destinado a enamorar a Julia Roberts. El actor, más conocido por sus papeles intensos que por mostrar su costado romántico, decidió que la combinación de Roberts e Indonesia era una oferta que no podía rechazar, y que, además, el papel de la película que se estrenó este jueves en la Argentina, era la mejor receta para recuperarse de su trabajo anterior.
"Acababa de filmar durante cinco meses Biutiful, un drama muy duro de Alejandro González Iñárritu y cuando me ofrecieron esto pensé que sería lindo hacer de un brasileño, ir a Bali, trabajar con Julia Roberts vestido con camisas frescas y hacer paseos en bote. ¿Qué tiene de malo eso? Necesitaba un poco de sanidad después de Biutiful . No porque esa película me hubiera enfermado, sino porque necesitaba un balance, un poco de equilibrio después de estar tan metido en algo tan denso. Lo mismo sucede si hiciste una comedia tras otra. En ese caso, yo necesitaría hacer un drama", explica el actor a un pequeño grupo de periodistas de todo el mundo, entre ellos LA NACION. Por su papel en la película del director de Babel , Bardem ganó el premio al mejor actor en el Festival de Cannes. Del cine más prestigioso del mundo a la adaptación hollywoodense de un best seller , en la carrera del español parece haber espacio para todo.
<b> Trailer de <i> Comer, rezar amar </i></b>
"Una película española, los hermanos Coen o Woody Allen, para mí, es todo lo mismo. Todos dicen «acción» y todos dicen «corte», y entre uno y otro tenés que hacer las cosas bien. Por supuesto que cuando trabajo en inglés es más difícil porque no es mi idioma y me siento más inseguro, pero al final del día es todo lo mismo. Los sentimientos, las necesidades y los objetivos son iguales. De todos modos, necesito trabajar en español; esa fue una de las muchas razones por las que hice Biutiful. De lo que se trata es de recibir material lo suficientemente bueno como para que me enamore de él y tenga ganas de hacerlo. Por eso trabajo más fuera de España, porque hoy en día me llegan más propuestas de otros lados, no porque yo busque hacer films en inglés", cuenta Bardem sonriente, pero con la guardia bien alta. Es que en cada encuentro con la prensa el actor espera, supone, teme que le pregunten por su relación con Penélope Cruz. Un matrimonio reciente que el dúo de actores españoles más exitosos logró mantener fuera de la mira de los paparazzi , lo mismo que la panza de cuatro meses y medio de embarazo de Cruz. Así, cuando alguna de las preguntas parece rondar su vida privada, el actor cambia de tema, se hace el desentendido y contesta lo que quiere. Claro que termina revelando de sí mismo mucho más de lo planeado. Una demostración de que, aunque Hollywood se empeñe en colgarle el mote de sex symbol , él está pensando en otras cosas.
Lo que viene
"Una de las cosas que me interesaron del tema de Comer, rezar, amar es que habla de perdonarse a uno mismo. Se trata de estar en paz, de perdonarme los múltiples errores cometidos, del daño que he hecho y de enfocarme en lo positivo. Es fácil perderse, confundirse con lo que la gente espera que seas, o con tus propias expectativas, pero al final somos lo que somos y tenemos que estar contentos con eso. Si no, estás perdido", se entusiasma el actor que, terminada la ligera excursión por Bali, comenzó a prepararse para un rodaje mucho más complejo e incierto. Bardem forma parte del elenco de la nueva película de Terrence Malick. Al menos eso cree.
"La verdad es que no puedo contar nada sobre ese proyecto porque yo mismo no sé nada. Espero poder hacerlo. Para mí, Terrence es un genio, pero tiene esta forma de trabajar en la que él sabe lo que hará pero no te da un guión. Te da ideas, apuntes, imágenes, libros para que empieces a imaginar el mundo que quiere crear y empieza a filmar, y todo se va construyendo en el proceso de rodaje. No hay libreto ni escenas delimitadas de antemano; llegás a la filmación y él te explica el cuento que quiere contar. Es un proceso interesante y en esta etapa estamos intentando que se pueda hacer", detalla el actor de la nariz torcida, rota como el dedo meñique de la mano izquierda, secuelas de las batallas libradas en las canchas de rugby de la adolescencia.
"Ya no juego; si volviera a la cancha, ahora me matarían. Pero al menos tengo esta cara para recordar aquellos tiempos", dice riéndose el actor que, gracias a esa cara y a una buena cantidad de talento, consiguió tener una de las carreras más interesantes tanto en la meca de la industria del cine como en su periferia.


