
Kitano, profundo y violento
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"Hermano" ("Brother", Japón, Estados Unidos, Inglaterra/2000). Guión y dirección: Takeshi Kitano. Con Takeshi Kitano, Omar Epps, Kuroudo Maki, Masaya Kato y Susumu Terajima. Fotografía: Katsumi Yanagijima. Edición: Takeshi Kitano y Yoshinori Ota. Música: Joe Hisaishi. Producción de Office Kitano, Jeremy Thomas, FilmFour y BAC Films presentada por Lider. Duración: 113 minutos. Para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: muy buena.
A primera vista y a partir de una lectura superficial, "Hermano" puede dar varias impresiones equivocadas: que se trata, apenas, de un regreso del realizador japonés Takeshi Kitano al policial más puro y elemental de sus primeros dos trabajos ("Violent cop" y "Boiling point"), o que estamos ante la concesión de un "autor" que debió banalizar su cine en la primera incursión que hace en territorio norteamericano.
Nada de eso. Bajo su apariencia de thriller seco e hiperviolento, "Hermano" constituye no sólo un logrado exponente del género sino también un retrato muy valioso del abismo que existe entre Japón y los Estados Unidos: una película inteligente, coherente y muy personal dentro de la filmografía de su director, guionista, protagonista, coeditor y coproductor.
Es cierto que "Hermano" se aparta bastante de la línea más lírica e intimista de sus largometrajes aclamados en el circuito de festivales ("Escena frente al mar", "Sonatine", "El verano de Kikujiro" y especialmente "Flores de fuego"), pero bajo el ruido ensordecedor de los tiroteos, de los baños de sangre, de las múltiples traiciones y guerras entre pandillas, surge una apuesta con el mismo rigor, la misma carga existencialista y melancólica, y similares dosis de riesgo estético, dramático y narrativo.
"Hermano", aun con sus estilizadas escenas de acción y sus toques de humor na•f, se ubica a una enorme distancia de los proyectos que John Woo o Jackie Chan -otras dos grandes estrellas del cine asiático- han encarado en Hollywood. Kitano no intenta mimetizarse con la mirada, las costumbres o el estilo del cine estadounidense. El director de "Kids return" -como el personaje de Yamamoto, que él mismo interpreta- es un outsider que llega a Los Angeles para intentar transponer allí las claves de su cine, mientras que el mafioso japonés que encarna trata de enseñar a unos patéticos gángsters afroamericanos los códigos morales, el sentido del honor y la férrea disciplina que trae de la yakuza nipona.
Sacrificio de vida
Si bien Kitano concede algunos simpáticos guiños a la cultura norteamericana (como las escenas de basquet con los japoneses quejándose de que no les pasan la pelota o tratando de imitar a Michael Jordan), "Hermano" es una película que se opone a casi todos los preceptos del esquema narrativo hollywoodense convencional: durante los primeros cinco minutos no hay diálogos, casi no hay golpes de efecto ni picos dramáticos, mientras que las escenas de acción proponen una violencia extrema pero a la vez monótona, en la que no importa cuántos son los muertos (los fanáticos, que abundan en Internet, sumaron 78) sino el porqué de esa inmolación.
Es que este film está lejos de ser la exaltación del heroísmo -como sí ocurre en muchos de los largometrajes sobre yakuzas y en casi todo el cine de Hollywood- sino que propone una desgarradora mirada a esos seres que, al trabajar para la mafia, son prácticamente incapaces de crear vínculos afectivos, hacen del autosacrificio un culto y saben que pueden perder la vida en cualquier instante.
Kitano salta de un sangriento enfrentamiento entre dos familias mafiosas en Tokio, dominado por las milenarias reglas de lealtades y venganzas, a una anárquica guerra de pandillas en Los Angeles, donde Yamamoto y sus secuaces nipones y afroamericanos intentarán dominar los negocios de Little Tokyo y Chinatown asociándose con su rival Shirase (Masaya Kato) y enfrentando a la mafia chicana.
Enfundado como siempre en su traje negro y camisa blanca de seda, con sus anteojos oscursos y su permanente tic en el costado derecho del rostro (producto de un accidente de motocicleta), Kitano vuelve a componer un personaje hierático, imperturbable, implacable: una mezcla entre Clint Eastwood, Charles Bronson, Toshiro Mifune y Gary Cooper, con algunos atisbos de humor físico a lo Buster Keaton.
Otro rasgo de su gran capacidad intuitiva se verifica aquí a la hora de trabajar con actores negros norteamericanos, a pesar de que Kitano prácticamente no habla inglés. La sensibilidad con que construye la relación entre Yamamoto y Denny (el ascendente Omar Epps), que se irá convirtiendo en el "hermano" del título, demuestra que las profundas diferencias idiomáticas y culturales no son un obstáculo insalvable a la hora de la camaradería artística.
La música elegíaca de su talentoso y habitual compositor Joe Hisaishi (en este caso con algunos toques de jazz) y la cuidada iluminación de su fotógrafo Katsumi Yanagijima son otros dos aportes invalorables para una película que, con más de un homenaje al western clásico, se propone un objetivo complejo e inquietante: descubrir la belleza que existe en la estética de la muerte.
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