Kristen Stewart: actuar sin que se note
Comenzó su carrera a los 10 años y, tras su consagración en Crepúsculo, la actriz viró al cine arte y se convirtió en la primera norteamericana en llevarse un César francés; este jueves volverá compartir pantalla con Jesse Eisenberg en Operación Ultra
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Más allá de un rol mínimo y no acreditado en la muy olvidable precuela de los Picapiedras de 2000, Kristen Stewart empezó a actuar de forma regular en el cine a los 10 años, con La seguridad de los objetos (2001), drama indie de Rose Troche de mucha circulación por festivales. Apenas un año después, en su siguiente película, tuvo la temprana consagración masiva: fue protagonista, junto a Jodie Foster, de La habitación del pánico de David Fincher. Ahí empezaron las nominaciones a algunos premios, el reconocimiento evidente a su cualidad de actriz que se mueve con comodidad en el cine, de forma seca, casi distante, que acierta sin que se note el esfuerzo, sin que se noten las diferencias entre el ser y el actuar.
Luego vendrían los años de crecimiento, con mucho trabajo, con muchas películas. Tendría unos cuantos protagónicos, como por ejemplo en Speak (2004), The Cake Eaters (2007) y Entre mujeres (2007). En pocos años y antes de cumplir los 18 –nació en 1990 en Los Angeles– Stewart ya era una estrella y encabezaba elencos en los que había gente con mucha trayectoria. También crecía en amplitud y riesgo su filmografía como actriz secundaria: Undertow, de David Gordon Green; Hacia rutas salvajes, de Sean Penn; The Yellow Handkerchief junto al reciente ganador del Oscar Eddie Redmayne. A la vez, Stewart también estaba presente en producciones más grandes, más masivas como Jumper, Zathura-Una aventura fuera de este mundo, Malos muchachos o Los mensajeros.
Hacia el fin de la primera década del siglo, Stewart parecía tenerlo todo: prestigio, estrellato, masividad, capacidad de navegar en distintas aguas cinematográficas, futuro. Y el futuro llegó enseguida: la mayoría de edad fue para ella un salto espectacular. Fue elegida en 2008 para protagonizar Crepúsculo, la saga de cinco películas (las dos últimas, divididas en dos partes para la pantalla grande) basadas en los best-sellers de Stephenie Meyer. Una saga de 608 minutos centrada en la adolescencia y sus temores y pasiones de la que mucha gente se burló aunque algunas de sus entregas, sobre todo las últimas, dirigidas por Bill Condon, tenían no pocos méritos. Pero Stewart había caído en desgracia -en términos de elogios, no de poderío económico o como estrella– con su papel de Bella.
No se puede decir que las de Crepúsculo hayan sido las mejores actuaciones de Stewart. Pero, por su modo de ser, de actuar –de no enfatizar– es muy poco probable que "esté mal" en pantalla. En Twilight, en las más esquemáticas entregas iniciales, Stewart tenía que soportar unas adaptaciones que parecían pegarse demasiado a los libros. Y además tuvo que actuar siempre con lentes de contacto para que su personaje tuviera los ojos "de los libros" (verdes primero, rojos después). Eso es un problema para todo actor, porque gran parte de la expresividad se juega en los ojos. Los actores necesitan de la mirada. Y más lo necesitan cuanto mejores son.
Pero el facilismo muchas veces presente en el mundo de la legitimación y deslegitimación cinematográfica se puso en marcha. Y Stewart recibió nominaciones y hasta algún "premio" en los Razzie Awards, esos que premian supuestas malas performances, por Crepúsculo. Unos premios que, vistos con el paso de los años, han revelado no ser más que una tontería presuntuosa y que han errado casi siempre. Premios que, para empezar, no han entendido jamás la noción de estrella. Stewart ganaría aún otro Razzie por su eficaz actuación enBlancanieves y el cazador, mientras era elogiada la (sobre)actuación de Charlize Theron como la reina malvada.
Pero Stewart, a pesar de las burlas injustas, nunca dejó de diversificar su carrera. Apenas después de la primera Crepúsculo la vimos como Em en Adventureland, la hermosa e inolvidable película de Greg Mottola. Em era la chica, el centro sobre el cual orbitaban el relato y también el protagonista James (Jesse Eisenberg). Em fue un rol crucial, perdurable: Stewart supo actuar de la chica de la adolescencia para enamorarse intensamente en un verano en un parque de diversiones. Un rol perfecto, hecho de pequeños gestos -el quitarse el pelo de la cara, las mueca de fastidio y de fascinación- y con mirada cansada aunque dispuesta a renovarse.
Entre una entrega y otra de la saga vampírtica no faltaron las actuaciones destacadas: fue Joan Jett en The Runaways; se afeó en Welcome to the Rileys, tuvo una fulgurante aparición en En el camino, de Walter Salles. En 2015 nos deslumbró como hija de Julianne Moore y Alec Baldwin en Siempre Alice, con el personaje más áspero y noble de la película. Stewart ha perfeccionado ese tipo de personaje a lo largo de su carrera, y a él volvió enEl otro lado del éxito, de Olivier Assayas. En esa película, Juliette Binoche interpreta a una actriz y Chloë Grace Moretz, a otra. Stewart es la asistente de Binoche, su acompañante, su empleada confidente, su mano derecha. Y lo hace a la perfección, de forma notable, tanto es así que recibió muchos premios, y hasta se ha convertido en la primera actriz estadounidense en la historia ser premiada con un César francés.
Ahora, en este momento de "regreso" de una gran actriz que nunca se fue, hasta los Razzies la nominaron a un "premio de redención" por su protagónico en Camp X-Ray (aquí fue directo a DVD y VOD). Y ahora, con el estreno local de Operación Ultra, Stewart vuelve a la comedia indie, como en Adventureland. Y, como en Adventureland, junto a Jesse Eisenberg. Ahora, claro, con menos inocencia, mucha más acción y también más marihuana. Y en el futuro de Stewart hay otra película de Assayas, una de Kelly Reichardt, una de Ang Lee y una de Woody Allen.
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