La historia que inspiró La sociedad de los poetas muertos y el dolor de Robin Williams

Robin Williams y su entrañable personaje en La sociedad de los poetas muertos
Robin Williams y su entrañable personaje en La sociedad de los poetas muertos Fuente: Archivo
Tomás Balmaceda
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26 de marzo de 2019  • 00:31

En una filmografía tan vasta y popular como la de Robin Williams es difícil que un papel resalte frente a tantos otros. Sin embargo, su profesor John Keating ha quedado en la retina de más de una generación, junto con los fotogramas de los estudiantes subiéndose al escritorio del colegio para rebelarse contra lo que se esperaba de ellos y lanzarse a cumplir sus sueños. A tres décadas de su estreno, La sociedad de los poetas muertos sigue impactando a los espectadores pero pocos conocen cómo la vida real inspiró a este drama.

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El guionista y escritor Tom Schulman era pupilo en un colegio masculino de elite como el de la película durante su adolescencia en Nashville, Tennessee. Allí conoció en primera persona las frustraciones de los jóvenes que tenían pocas chances de cumplir con sus expectativas ya que sus destinos estaban marcados de antemano por sus padres y por la sociedad.

Fue en ese colegio, el Montgomery Bell Academy, donde Schulman conoció a Samuel Pickering, un profesor de literatura que no temía romper las reglas pedagógicas del momento. De hecho, era él quien se paraba en su escritorio para dar clases y usaba el tacho de basura para enseñar. Por ejemplo, cuando leyeron El cuervo, de Edgar Allan Poe, los hizo subirse todos a sus sillas y aplaudir cada vez que aparecía la palabra "nevermore"

"Si tengo que ser sincero, hacía esas cosas más que nada para no aburrirme dando clases y no tanto para despertar el interés de los estudiantes. Mi idea siempre fue que si yo me divertía, mis alumnos también lo harían y de ese modo le encontrarían interés a leer y escribir", contó el mismo Pickering.

Schulman tomó estas historias para su guion y le sumó también su experiencia con otro de sus profesores, Harold Clurman, que daba un curso opcional de teatro y que era un excelente orador, con charlas inspiradoras y que alentaba a sus alumnos a la rebeldía.

Una escena de La sociedad de los poetas muertos
Una escena de La sociedad de los poetas muertos Fuente: Archivo

Con estos recuerdos, Schulman escribió uno de sus primeros guiones y recorrió los estudios de Hollywood ofreciéndolo hasta que Touchstone Pictures, subsidiaria de Disney, compró la idea. Sin embargo, lo que los ejecutivos de Hollywood tenían en mente era algo muy diferente. En un momento se especuló con hacer un film musical, buscando repetir el éxito de Fama, bajo el título The Sultans of Strut. Luego convocaron al director de La venganza de los nerds, Jeff Kanew, quien quería que el rol del profesor lo tomara Liam Neeson. Cuando el estudio impuso a Williams, la guerra de egos entre ambos volvió imposible el rodaje.

"Teníamos todo preparado para filmar: los decorados, el equipo técnico, la mayoría de los actores... pero Robin no terminaba de firmar el contrato. El problema no era el guion sino el director que había elegido el estudio. Pero Disney decidió avanzar y el primer día de filmación nos quedamos esperándolo tres horas. Nunca vino", recordó Schulman.

Fue entonces que decidieron despedir a Kanew y sumar a Dustin Hoffman, quien sólo aceptó bajo la condición de que le dieran tanto la silla de director como el papel central. Pero ya tenía compromisos previos con otras producciones y no podía rodar en todo el año, así que también fue descartado y llamaron a Peter Weir, que estaba en pleno ascenso de su carrera.

Finalmente el rodaje comenzó en 1988 en Delaware, cuyo frío clima ayudó a replicar el de una secundaria de New England en un invierno nevado . Los primeros tres días de trabajo fueron muy duros porque, a pesar de que todos estaban felices de tener a Williams como protagonista, su actuación estaba lejos de ser memorable aunque nadie se animaba a decírselo. En la cuarta jornada Weir le pidió al actor que no use el guion, sino que improvise y así surgió la escena en la que Marlon Brando y John Wayne actúan un diálogo de Shakespeare. Ya sin la rigidez de un libro, apareció el profesor John Keating que hoy conocemos (aunque luego de estrenado el film, que se sitúa en 1959, muchos descubrieron que El padrino era de 1972 y que nadie conocía Brando por ese entonces).

Otra de las ideas de Weir para lograr una mejor performance del elenco fue hacer que todos los actores jóvenes vivieran en el mismo edificio y los obligó a escuchar música y radioteatros de los 50 y ver juntos películas de la época. Pero para la mayoría de los intérpretes, la experiencia más importante fue trabajar con Williams. "En una escena yo debía leer un poema enfrente de toda la clase. Fue la primera vez en mi vida que experimenté el goce de la actuación y la felicidad de dejarme llevar. Muchos creen que actuar es la celebración del ego pero en realidad una buena actuación es aquella en la que el actor desaparece y queda el personaje. Creo que lo logré por primera vez con Robin y que desde entonces mi vida es tratar de repetir eso", reveló Ethan Hawke .

Para él, sin embargo, era claro que las cosas no eran fáciles para Williams: "A pesar de que yo era muy joven, tenía sólo 18 años, me era evidente que él estaba atravesando un dolor muy grande. Cualquiera que lo viera se daba cuenta, pero pocos lo hacían porque él se escondía detrás de los chistes. Su felicidad no era recíproca: hacía felices a los demás pero tenía una tristeza interior profunda".

El dolor de Robin Williams
El dolor de Robin Williams

De hecho, Hawke se vio muy afectado por el suicidio de su compañero de elenco. "Cuando perdés a un gran gran payaso como él -porque finalmente él era eso, un genial payaso- las personas nos quedamos con temor, porque él era la luz del mundo", contó en un programa de radio en Canadá. También dijo que el día que conoció su muerte volvió a leer en voz alta aquel poema de la película, esta vez en su honor.

La sociedad de los poetas muertos se estrenó en los Estados Unidos el 2 de junio de 1989 y no convenció a los críticos. El prestigioso Roger Ebert escribió que la escena en la que Keating era despedido y sus alumnos se paraban en los asientos como protesta lo conmovió tanto y de manera tan profunda que tuvo que "vomitar". Pero el público no escuchó esas voces y la volvió un éxito en taquilla. Además significó la segunda nominación al Oscar para Williams y lo consagró definitivamente como un actor que podía hacer mucho más que comedia.

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