
La oscura fascinación que ejercen los asesinos seriales
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"Chopper, retrato de un asesino" ("Chopper", Australia/ 2000). Dirección: Andrew Dominik. Con Eric Bana, Simon Lyndon, David Field y Kenny Graham. Guión: Andrew Dominik, basado en los libros de Mark Brandon Read. Fotografía: Kevin Hayward y Geoffrey Hall. Edición: Ken Sallows. Música: Mick Harvey. Presentada por Primer Plano Film Group. Duración: 94 minutos. Para mayores de 18 años.
Nuestra opinión: Muy buena
La figura del asesino serial ha despertado en los últimos años el interés de directores de muy diferentes orígenes y propuestas artísticas. Tanto el cine de Hollywood ("El silencio de los inocentes", "Hannibal", "Pecados capitales", "Asesinos por naturaleza") como el independiente norteamericano ("Psicópata americano", "SOS: verano infernal") y el europeo ("Roberto Succo", del francés Cédric Kahn, o "Las asesinas", de Jean-Pierre Denis) han intentado descifrar los complejos mecanismos psicológicos de este tipo de personajes y también la fascinación mezclada con la paranoia colectiva que ejercen sobre la sociedad y sobre la tarea de ciertos medios de comunicación.
Con "Chopper" es ahora el sorprendente cine australiano el que se acerca a un asesino serial tomado de la crónica policial de ese país, ya que esta exitosa opera prima de Andrew Dominik está basada en diversos libros autobiográficos -que se convirtieron en éxitos de venta- escritos por Mark "Chopper" Read, autor de 19 asesinatos (en su mayoría de narcotraficantes, prostitutas y delincuentes callejeros), en una supuesta "misión" tendiente a "limpiar la basura callejera", en la línea del Travis Bickle que Robert De Niro interpretó en "Taxi driver".
Mirada descarnada
Sin embargo, este film ganador del Premio Especial del Jurado en el último Festival de Buenos Aires encuentra sus mayores puntos de contacto con "Henry, retrato de un asesino", del estadounidense John McNaughton, ya que ambos apuestan a una mirada descarnada (no exenta de una violencia seca y extrema) para describir la sordidez de sus entornos en sendos acercamientos que intentan evitar tanto la glorificación como el juzgamiento y la condena moral de sus feroces criaturas, aunque en algunos pasajes Chopper parezca un héroe salido de los westerns estadounidenses.
La película describe las vivencias de Chopper dentro y fuera de la cárcel entre 1978 y 1991, mientras Dominik intenta desentrañar la personalidad esquizofrénica de un criminal que fue objeto de múltiples traiciones e intentos de asesinato, que mantuvo una extraña relación de colaboración con la policía australiana, y que terminó convirtiéndose en una figura inmensamente popular (con clubes de fans y un lucrativo negocio de merchandising ) debido al minucioso seguimiento que la prensa amarilla australiana hizo de su arrasador raid delictivo.
Dos brillantes colaboradores
Dominik, un joven realizador neozelandés radicado desde niño en Australia y formado en la publicidad y el videoclip, abusa en su opera prima de cierta estilización (imágenes distorsionadas, cámara lenta y acelerada, colores saturados) para un acercamiento que en ciertos pasajes se pretende casi documentalista, pero encuentra en sus directores de fotografía a dos brillantes colaboradores a la hora de conseguir climas asfixiantes.
Pero buena parte de la credibilidad y potencia del film se deben al tour-de-force del protagonista Eric Bana, que encarna a un ser humano sanguinario y brutal hasta el punto de matar a sangre fría o de amputarse las orejas, y que al mismo tiempo se mantiene leal con sus amigos y que por momentos hasta resulta querible. Con su imponente físico tatuado y la mirada inocente es capaz de generar en el espectador los sentimientos más extremos y opuestos. Una gran actuación.


