Las aventuras de tres perdedores
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Incómodos (Argentina/2008). Guión y dirección: Esteban Menis. Con Santiago Altaraz, Iván Moschner y Carolina Tejeda. Fotografía: Martin Ati Mohadeb. Música: Martín Litmanovich y Lucas Totino Tedesco. Montaje: Laureano Rizzo y Damián Bericat. Dirección de arte: Romina Del Prete. Sonido: Martín Litmanovich. Presentada por Primer Plano Film Group . Duración: 84 minutos. Calificación: Apta para todo público.
Nuestra opinión: buena
Esta ópera prima del joven Esteban Menis está lejos de ser una comedia convencional y, aunque pueda resultar poco gratificante y no del todo redonda para aquellos que buscan un humor basado en el gag directo y eficaz, tiene unos cuantos hallazgos y méritos que la hacen valiosa como incursión en el género e incluso como retrato generacional.
Si bien tiene algunas filiaciones bastante evidentes (la melancolía de Ezequiel Acuña, la comedia asordinada de Martín Rejtman y la excentricidad del estadounidense Wes Anderson), Menis alcanza a construir un mundo propio a partir de la historia de tres perdedores, antihéroes perfectos que sintonizan con la nostalgia precoz y la angustia de unos treintañeros que buscan su lugar en el mundo.
Los patéticos y al mismo tiempo queribles protagonistas de Incómodos comparten un viaje en auto a Miramar en pleno invierno: Nicolás (Santiago Altaraz), un joven que maneja una juguetería heredada y que todavía no se ha recuperado del abandono de su novia, va a arrojar las cenizas de su abuelo; Abril (Carolina Tejeda), una muchacha que trabaja en una estación de peaje, planea visitar a su familia después de ocho años de ausencia; mientras que Alfred (Iván Moschner), repositor de un supermercado a las órdenes de su tiránico padre, intentará participar en un concurso de baile sincronizado a pesar de haber sido desplazado por los otros integrantes de su conjunto.
Las calles desoladas de Miramar, los personajes absurdos, el típico hotel de balneario, las referencias cinéfilas (como Volver al futuro), los cameos (Diego Capusotto, Ricardo Bauleo y Juan Gujis), las escenas de baile, la secuencia en un bowling y la mirada a las familias disfuncionales van conformando un universo en el que –por falta de timing o por decisión de abortar cualquier atisbo de comedia clásica– Menis desaprovecha varias observaciones, situaciones, personajes o diálogos inspirados. De todas maneras, el film alcanza momentos de intensa intimidad en la relación entre Nicolás y Abril, y deja un sedimento que crece incluso bastante tiempo después de terminada la película.
Irregular, imperfecto y hasta incómodo como su título, este primer largometraje de Menis está dirigido a un público generacional bastante puntual, ya que aquellos que tienen muchos años más o muchos menos que los de treintaypico pueden quedarse fuera de las citas, de los climas y del tono del relato. De todas formas, quedó dicho, incluso con sus vaivenes y sus altibajos se trata de un debut prometedor por parte de un guionista y director para tener en cuenta.


