‘Leaving Neverland’: el documental de Michael Jackson dejó a Sundance en shock

Dos hombres aseguran haber sido abusados por el Rey del Pop cuando eran chicos y lo cuentan en cámara; crónica de un estreno perturbador
Dos hombres aseguran haber sido abusados por el Rey del Pop cuando eran chicos y lo cuentan en cámara; crónica de un estreno perturbador
David Fear
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28 de enero de 2019  • 14:42

A pesar de las noticias que alertaban al Festival de Cine de Sundance de una posible movilización en Main Street, no había una turba afuera del Egyptian Theater en Park City, Utah, a primera hora de la mañana del viernes. Sin embargo, había policías que patrullaban la zona con perros detectores de bombas, tres veces la seguridad habitual de una proyección normal y, según el director del festival, John Cooper, había también "profesionales de la salud en el hall" por si alguien necesitaba asistencia inmediata por el impacto del material proyectado.

La advertencia estaba justificada: Leaving Neverland, el documental de cuatro horas de Dan Reed, basado en el testimonio de dos hombres que afirman que Michael Jackson abusó de ellos cuando eran niños, comienza con una alerta sobre las descripciones "gráficas" de actos sexuales que involucran a menores de edad. Y después de escuchar los relatos con detalles horripilantes de lo que supuestamente tuvo lugar en varios hoteles, casas y en Neverland, la mítica casa de Michael Jackson, es difícil no sentir que uno mismo ha experimentado una suerte de trastorno de estrés postraumático. Durante el interludio de diez minutos, el público parecía un poco aturdido. Al final de la proyección, la multitud se veía completamente en estado de shock.

Centrado en las entrevistas extensas con Wade Robson y James Safechuck, con testimonios adicionales de sus familiares y parejas, Neverland comienza con los dos hombres recordando sus primeros encuentros con el Rey del Pop. Robson, un niño australiano que se hizo fan del cantante después de que su madre Joy trajera a casa un video del making-of de Thriller, pasó su infancia estudiando obsesivamente los movimientos del artista; después de obtener el primer premio en un concurso de baile con canciones de Jackson, se ganó la oportunidad de conocer a su ídolo durante una parada de su gira en Brisbane. Robson pudo subir al escenario para mostrar sus pasos frente a la audiencia y estuvo con la estrella en el hotel. La familia de Robson dice que Jackson les pidió que se contactaran con él si alguna vez viajaban a Estados Unidos. Eso llevaría a Joy, Wade y su hermana a ser invitados a Neverland tiempo después. Para entonces, el niño se había enrulado el pelo y usaba réplicas de los trajes de Jackson. Tenía 7 años.

Safechuck entró en la órbita del cantante tras actuar en una publicidad de Pepsi en la que interpretaba a un niño que se cuela en el camarín de Jackson, y este lo sorprende probándose sus gafas de sol. A diferencia de Robson, no era un superfan; al igual que Robson, quedó encantado inmediatamente con cómo la superestrella del pop le prestaba atención y lo hacía sentir "importante". Jackson también se hizo amigo de la familia, y cenaba seguido en la casa de los Safechuck en Simi Valley, California. Les pagó un viaje a Hawaii a una convención de Pepsi e invitó al niño a dormir en su habitación de hotel. En el vuelo de regreso, se puede escuchar al cantante halagando a James de una forma llamativa. Jackson invitó a la familia a su propiedad anterior a Neverland y, finalmente, convence a los Safechuck de que James se quede solo con él. Tenía 10 años.

Neverland continúa alternando entre estas dos historias, mientras los hombres recuerdan cómo el cantante habría iniciado contacto físico durante unas "pijamadas" en donde las cosas comenzaban a "escalar". Las historias sugieren un patrón similar de juegos infantiles, seguidos de pedidos de aseo, masturbación mutua y otros abusos sexuales, además de largos discursos de Jackson acerca de cómo no podías confiar en tus padres, y definitivamente no podías confiar en las mujeres. Familiares de los chicos recibían regalos, viajes y otros detalles costosos. Las madres, sin embargo, recuerdan cómo eran separadas de sus hijos cuando surgía la oportunidad. Safechuck recuerda el hecho de que la casa de Neverland tenía una serie de habitaciones apartadas y cuartos secretos donde estas supuestas actividades sexuales tenían lugar sin que nadie supiera. Robson, al que Jackson apodó "Little One" (El pequeño), describe una "boda secreta" entre los dos.

Los dos hombres recuerdan cómo "en el contexto de lo que pasaba, todo eso parecía normal", en palabras de Robson; cómo se les decía que así era cómo le demostrabas a alguien que lo amabas; que no se lo podían contar a nadie, porque tanto ellos como Jackson terminarían presos; y que sentían celos cuando otros chicos ocupaban su lugar de objetos de "afecto".

La segunda mitad del documental empieza con el caso de 1993 contra Jackson iniciado por Jordan Chandler, de 13 años, que aseguraba que el cantante lo había acosado durante su estadía en la finca, y por qué tanto Safechuck como Robson y sus familias se sintieron compelidos a atestiguar a favor de Jackson. Para el momento en que otros alegatos dispararon un proceso penal, Safechuck le dijo a su madre que Jackson "no era un buen hombre" y le pidió que se abstuvieran de colaborar con su defensa.

Robson, sin embargo, lo hizo. Una de las partes más dolorosas de Neverland es la que muestra al ahora exitoso coreógrafo, colaborador de ‘N Sync y Britney Spears, preocupado por que esto arruinara su carrera, que los hijos de Michael no pudieran volver a ver a su padre y que sentía la necesidad de proteger a Jackson; todo esto más allá de lo que cuenta haber vivido. Después de la muerte de Jackson en 2009, los dos hombres se casaron y tuvieron hijos; no duermen bien de noche y sufren de varios síntomas de estrés postraumático. En un momento empiezan a referirse a lo que les pasó como abuso. Las cosas empeoran antes de empezar a mejorar. (Tanto Robson como Safechuck admiten que en un principio negaron las acusaciones debido a una necesidad de compartimentar el supuesto abuso.)

Al momento de los créditos, la sensación general en la sala alternaba entre el shock por lo que acabábamos de presenciar y la idea de que se había llegado a un punto de inflexión acerca de cómo estas acusaciones influyen en el legado de Jackson. Al ofrecerles a estos hombres un lugar en el que hacer su descargo, el documental claramente tomó partido. Sin embargo, es difícil obviar la minuciosidad con que detalla esta historia de acusaciones y la forma en que las personaliza en un grado sorprendente. La película no desestima lo que dicen estos hombres, pero tampoco deja de lado el hecho de que las recientes demandas enturbian un poco las aguas.

En definitiva, el film muestra cómo el abuso sexual deja cicatrices psicológicas, cómo la fama puede ser lo suficientemente seductora como para distorsionar las brújulas morales (especialmente con respecto a los padres) y cuán complicadas pueden ser las cosas cuando amás a alguien que puede lastimarte. También es un retrato de un hombre que era muchas cosas para muchas personas, y cómo esa imagen puede no sincronizarse con lo que algunas personas quieren creer.

También es una historia de valentía, como demuestra el hecho de que cuando Reed hizo subir a Robson y Safechuck al escenario después de la película, los tres hombres recibieron una ovación de un minuto. Ambos dicen que "lo que pasó, pasó" y que ya no pueden confrontar a Jackson ni cerrar adecuadamente esa etapa. Ambos hablan de que todavía están en proceso de curación, y ambos dijeron que querían hacer esto para que, si alguien más estuviera lidiando con las consecuencias del abuso, ellos también pudieran enfrentarlo. (Alguien del público confesó sobre su propia historia de abuso infantil y les agradeció por haber realizado la película; otro mencionó que, como abogado que se ha ocupado de muchos casos de abuso sexual, esto podría ayudar a cambiar la ley con respecto a esos delitos.)

Cuando el público salió del cine poco después del mediodía y se encontró con varias personas en Main Street que sostenían carteles de "Michael = Inocente", era difícil no sentirse algo diferente respecto del protagonista de la película. Era difícil no sentir que una bomba había explotado en nuestras manos.

Por: David Fear

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