
Los de arriba y los de abajo, cara a cara
La película de Alejandro Malowicki recrea enfrentamientos en medio de la crisis
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En la Argentina, y a caballo entre dos siglos, sobrevino una crisis aguda, de raíces principalmente económicas. Muchos dirigieron su mirada al modelo que había comenzado a ser puesto en práctica, en forma más que intensiva, al promediar la década del 70, pero principalmente una vez entrada la del 90. El cineasta y docente Alejandro Malowicki está convencido de que fue esa política económica la que, entre muchas otras cosas, liquidó su pequeña empresa, con la que pensaba producir cine para chicos. Ese fue -lo reconoce)- uno de los principales motivos que lo impulsaron a pensar una película que no fuera un simple reflejo de lo que sufren las clases más humildes cuando una fuente de trabajo cierra sus puertas, sino ponerse en la piel de esos pequeños y medianos empresarios que, víctimas de sus propios errores históricos o no, trataron de no abandonar la nave en medio del temporal.
De esos dolores de cabeza difíciles de superar nació la idea de "PyMe (sitiados)", un drama social que transcurre en unos pocos días que parecen no terminar nunca, en los que el propietario de una pequeña fábrica y el puñado de gente que trabaja a sus órdenes terminan enfrentándose, camino a nuevos tiempos, seguramente con nuevos acuerdos entre partes.
"Lo que finalmente quedó fue una suerte de recreación estilo reality show de lo que pudo y puede ocurrir en una fábrica de productos plásticos cuando los números no cierran, las deudas crecen y la competencia con productos importados que se comercializan a precios imposibles aumenta salvajemente", asegura Malowicki, que tras haber dirigido "Pinocho", su opera prima en 1986, se dedicó a otros temas ligados a su profesión, como la docencia, la producción de documentales institucionales y unos pocos telefilms, para ahora volver a la pantalla grande.
"Contamos con el apoyo del Incaa, pero fundamentalmente de la gente que participó del proyecto, que pusieron todo de sí para que el resultado fuera conmovedor, como lo estoy comprobando en las proyecciones que vengo haciendo en el interior", dijo Malowicki en diálogo con LA NACION.
"Es cierto -reconoce- que no se trata de una idea nueva el mostrar los conflictos que se viven en una fábrica como ésta, detenida en el tiempo, y con un dueño particularmente obsesionado por no hundirse, y por esa misma razón, forzado a convertir en efectivo cheques de clientes que nunca antes hubiesen librado o a endosar documentos sin fondos."
El elenco de "PyME" está encabezado por Gabriel Molinelli, Bernardo Forteza, Duilio Orso, Hugo Alvarez y Silvia Trawier, mientras que el tema principal ("La noche se abre a la luna") fue compuesto especialmente para la producción por León Gieco y Luis Gurevich. La letra tiene esa impronta de querer reflejar cómo buena parte de la clase media en la Argentina también fue castigada, y muy duramente. "Caen las horas, el día viene / y alimenta estos meses / No se pierden, me pertenecen. / Flor que muere, árbol que crece. / Nunca nadie me quiso explicar el porqué / de un país que pudo ser / pero nunca fue", dice.
Memorias del maltrato
"Mi intención era mostrar qué le había pasado al ser humano dentro de esta situación -asegura el cineasta-. Pero el «ser humano» también es el «empresario pyme», no solamente el «obrero pyme», y el gran problema del guión era el condicionamiento que todos tenemos, ya sea de un lado o del otro, de que los patrones y los obreros van por diferentes caminos, cuando estoy convencido de que la mayoría de las veces no es así. La cuestión era lograr ese equilibrio sin engañar y donde lo ideológico surgiera de los afectos, y no al revés", reflexiona el director, que en los últimos años se incorporó a la Enerc (la escuela de cine del Incaa), para enseñar cine infantil, tema que lo apasiona.
"En la década del 90 sufrieron la clase media y la clase obrera, y cuando se dice «sufrir» es angustiarse, perder el empleo, las relaciones familiares, la cultura del trabajo que llegó con la inmigración, la posibilidad de educar, cosas que hacen sufrir angustias muy fuertes a todos -continúa-. No quería un documental de testimonios y datos, sino recrear lo que le pasó a la gente."
El cineasta reconoce que la puesta tiene, en buena medida, un formato parecido al que se usa en televisión. "Las cosas pasan delante de la cámara como si esa cámara no estuviera. Por eso elegí un tratamiento simple desde el punto de vista artesanal; la cámara apenas se mueve, siempre está al nivel del ojo humano; no hay una preocupación porque se note el cine, sino que no interfiera en la relación entre el espectador y la historia, que mostrara los sentimientos que los actores podían transmitir. Toda la puesta, armada con secuencias cerradas, está concentrada en ellos".
"La perversión de los años noventa hizo que muchas veces las víctimas aparecieran como victimarias, cuando no lo eran; además de sacarle lo poco o mucho que tenían, los hacían sentir culpables. Seguramente por eso cuando estrené mi película en Rosario, una de las ciudades con más pymes golpeadas, muchos empresarios se sintieran identificados con los personajes de ella. No quiero decir que fuesen perfectos, pero hay diferentes grados de responsabilidad. Recuerdo cómo los bancos te amenazaban telefónicamente con lo que te iban a hacer si no pagabas. Fuimos maltratados desde todo punto de vista", asegura con conocimiento de causa.
No obstante, la intención del cineasta es abrir el debate: "Todos tenemos corresponsabilidad en esto, pero hay diferentes grados, y lo que no tenemos es culpabilidad, porque la culpa no es de las víctimas. Una cosa es ser responsable y otra culpable. Eso es lo que hay que empezar a discriminar".


