Luz Cipriota: "Algún día les contaré a mis nietos que filmé con Woody Allen"

Crédito: Gentileza Guille Sola
La actriz argentina afianza su carrera internacional, con más participaciones en la televisión y el teatro de España
Laura Ventura
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20 de octubre de 2019  

MADRID.- Después de tantas risas se escucha la voz de su angelical personaje, hasta aquel momento, casi el final del primer acto, siempre en silencio. El tono de la obra cambia por completo. Recibe un golpe en la cara y la reacción del teatro es notoriamente audible. Al unísono ocurre el estruendo de la sorpresa y del repudio. Luz Cipriota integra el elenco de Parque Lezama, la versión madrileña que Juan José Campanella montó con Luis Brandoni y Eduardo Blanco, la misma con la que batieron el récord mundial de representaciones de la pieza de Herb Gardner. Para esta exgimnasta profesional -fue subcampeona nacional de gimnasia rítmica- superarse está en su naturaleza. "Actriz muy guapa española que hable inglés". Con esta descripción sobre el personaje que buscaban para la nueva película de Woody Allen, se presentó en las audiciones y obtuvo aquel pequeño papel con el que tantas intérpretes sueñan.

-¿Cómo lograste captar la atención de Woody Allen?

-A partir de mi manager en España. En Buenos Aires es difícil generar estas posibilidades. Me dieron el casting, lo que debía hacer, y lo grabé en mi casa. Voy teniendo training con esto, casi tengo una especie de estudio en casa.

-¿Cómo es tu personaje?

-Es un rol pequeño. Fue un día de rodaje. No soy la protagonista ni mucho menos. Tengo los pies bien sobre la tierra. Fue esa experiencia y algún día les contaré a mis nietos que trabajé con Woody Allen. No puedo decir nada más por contrato.

Luis Brandoni, Eduardo Blanco, Luz Cipriota y el resto del elenco recibieron el clamor del público español y de argentinos residentes que colmaron el Teatro Fígaro
Luis Brandoni, Eduardo Blanco, Luz Cipriota y el resto del elenco recibieron el clamor del público español y de argentinos residentes que colmaron el Teatro Fígaro

-¿Cómo es Woody Allen como director?

-Cuando llegué al set pensé que iba a haber un gran despliegue, pero no. Estaban todos muy en silencio. Él se acercaba despacito y te daba la indicación, mano a mano, en inglés. Si no entendías algo, había distintos asistentes de dirección que hablaban en castellano, italiano o francés. Estaba Vittorio Storaro [ Apocalypse Now], el director de fotografía más grande que existe. Si había algo que se respiraba era emoción de estar en ese equipo, poder formar de un proyecto de Woody Allen no es algo que les sucede a todos. Toda la gente, desde los choferes en adelante, fue muy agradable y te decían que funcionaba como reloj: no se perdía ni un minuto.

-¿Cuál es tu opinión sobre las acusaciones de abuso sexual contra Woody Allen [de parte de su hija Dylan Farrow]?

-Prefiero no hablar mucho, pero claro, investigué, como lo hago con cada persona con la que voy a trabajar. Es muy confuso lo que dicen unos y otros: la hija, por un lado, y el hijo, por el otro. También me interesaba saber si estas denuncias tenían que ver con su vida personal o con su vida profesional. No voy a entrar ahí. Para mí era una oportunidad que no quise dejar pasar, sobre todo porque no está claro. La Justicia dice que no hay razones suficientes. Esta experiencia a mí no me la quita nadie.

"Papá, quiero hacer danza, no quiero batear". Luz es la tercera de cinco hermanos. En su casa siempre se respiró deporte: su padre es presidente de la Confederación Argentina de Softball y su hermano Jacinto participó en simultáneo de la selección nacional de béisbol y de softball, motivo por el cual obtuvo en 2018 el Olimpia al mejor deportista. Su madre, maestra catequista, le enseñó a tocar la guitarra, pero Luz quería más. "La gimnasia rítmica era lo más parecido al teatro que había, con esa elegancia, el vestuario y el maquillaje", dice relajada y lejos de la exigencia de quien, en cuestión de meses, fue aplaudida cuando obtuvo la medalla de subcampeona nacional en su disciplina y elegida abanderada del colegio.

El primer sueldo profesional como actriz lo obtuvo con Déficit, la película de Gael García Bernal. Esta sería la primera vez que trabajaría con realizadores o productos extranjeros. Su personaje en Las chicas del cable, la primera serie de Netflix España, por ejemplo, donde trabajó, se vería en 95 países. "Me encanta esa producción a nivel estético, ponerme esos trajes tan elaborados, pero más aún hablar de las mujeres de esa época. Seguramente estaba un poco aggiornado porque no deja de ser un programa de entretenimiento, pero si encima se puede hablar del papel de estas mujeres [durante la Segunda República Española], me parece genial".

Ajena a escándalos, el nombre de Luz comenzó a ser mencionado en España en programas del corazón a partir de su relación con el popular modelo Andrés Velencoso. "Estoy separada desde hace tres meses, en buenos términos. A veces la vida es así", expresa. Celosa de su vida privada, Luz agradece el trato que recibe de los medios: "A veces parece que tener un Martín Fierro o trabajar con Campanella no es suficiente para hablar de mí, pero no me peleo con eso".

-Evitás todo tipo de escándalos o atención mediática.

-Soy muy sensible, me afecta mucho la energía de los otros. No me gusta joder a nadie y no me gusta que nadie me joda. Eso creo que viene del deporte. Me supero a mí misma y si puedo ayudar al otro, lo hago.

-Estás también vinculada al público infantil.

-Me gusta el contacto con niños y me encanta dar clases: lo empecé a hacer por amor al arte y me di cuenta de que me devolvía mucho más de lo que daba. Trabajé para Reinas magas en tele y en teatro. Lo último fue Soy Luna, la profesora de patín. Ver la cara de los chicos cuando te reconocían era alucinante.

En Madrid da clases de comedia musical a niños y se prepara para el estreno de la película Axiomas, una historia que filmó en el sur de la Argentina, junto a la comunidad mapuche, ópera prima de Marcela Luchetta. Mientras tanto, de martes a domingo, realiza las funciones de Parque Lezama, con producción de Tío Caracoles (de Miguel Ángel Chulia y de la actriz Ana Belén Beas), quienes agotan casi todas las noches en el Fígaro.

-¿Cómo te llegó la propuesta de Parque Lezama?

-Me enteré de que venía la obra y le escribí a Juan. Me respondió que el personaje eras chico, aunque la participación es muy intensa. "No se me había ocurrido, pero para mí es un regalo", me dijo. Justo habíamos hecho El cuento de las comadrejas, así que no hice casting porque sabe cómo trabajo.

-¿Cómo es trabajar con Brandoni?

-Esperando la carroza es mi película preferida. Me sé [sic] todos los textos de memoria. Es una persona generosa que está siempre queriendo que te luzcas. Me pasó lo mismo con Graciela Borges y lo mismo con Eduardo Blanco. Son superapasionados y cada vez que puedo, aprovecho y les tiro la lengua para que me cuenten anécdotas.

-Estás en escena durante mucho tiempo sin hablar, en un segundo plano, ¿en qué pensás o qué hacés mientras?

-De todo. Es difícil estar y a la vez no. Sos parte del todo, pero a la vez no estás. Escucho música y eso me conecta con distintas emociones. Al principio me daba inseguridad no estar conectada con lo que estaba pasando, pero cada vez me relajo más y sé que cuando salgo, salgo de cero a cien en una escala de intensidad.

-¿Qué planes tenés en España?

-Soy de abrir el juego por distintos lugares. Para poder tener continuidad en algo, tenés que estar generando cosas todo el tiempo, y el triple si no estás en tu país Es una patada al ego.

-¿Por qué?

-Ningún productor sabe lo que hago, lo que hice y lo que dejé de hacer. A mí, lejos de bajonearme, me da ganas de generar cosas. No tiene que ver con ser famosa, sino con seguir haciendo lo que me gusta. Me aburro, entonces busco personajes distintos. Estas son las cosas que me mantienen la llama.

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