Mercedes Morán es Betibú
La actriz protagoniza el policial basado en la novela homónima de Claudia Piñeiro, que rueda a las órdenes del director Miguel Cohan
1 minuto de lectura'
La lluvia torrencial hace temer por la nota. Pero todos los implicados en el tema llegamos a tiempo. Lo que sí está naufragando es el día de filmación. Si bien justo se trata de escenas de interior, el mediodía vuelto noche no ayuda a la luz que se necesita que entre por la ventana. Es que no es cualquier ventana, es la de un piso 17 con vista al río, la que corresponde a la oficina donde se debe rodar una de las escenas finales de la película. Del libro, si se quiere. De Betibú , para más datos. Empecemos por el principio, antes de subir a ese piso 17, el que comienza a pintar el final.
En mayo comenzó a rodarse Betibú , el segundo proyecto cinematográfico de Miguel Cohan (director de Sin retorno , y asistente histórico de Marcelo Piñeyro), basado en la novela policial homónima que Claudia Piñeiro publicó hace dos años. Allí la escritora se inspira en hechos de la realidad (del caso García Belsunce, en particular) para darle cuerpo a un policial repleto de señas y signos reconocibles para cualquiera que se haya topado con los diarios o los noticieros de los últimos años, y que hace foco en una (anti)heroína que no es otra cosa que un álter ego de la propia Piñeiro, que, en la película, encarna Mercedes Morán.
Mercedes Morán es Nurit Iscar, la Betibú del título. Una escritora de policiales negros que hace años dejó de publicar novelas y se gana la vida siendo ghost writer de otros. Un mal de amores la dejó en falsa escuadra, necesitada de un tiempo para recomponer heridas. Es ese mismo viejo amor el que le propone hacer de periodista para adentrarse en la investigación de un crimen que trae cola. La tentación es fuerte y gana, incluso frente a la desesperación de sus amigas, que temen lo peor para el lastimado corazón de la escritora. Pero Nurit necesita reinventarse y cree estar fuerte para sacar la cabeza del pozo.
Así las cosas, Mercedes Morán viste las ropas de Nurit el día de esta nota. Una Nurit que ya transitó gran parte del relato, que está realmente más fuerte y con el corazón mirando hacia otro lado, aunque no sea del todo consciente de ello. Mercedes Morán está feliz, exultante por vestir esas ropas de Nurit, el personaje que la pone por primera vez en el rol protagónico absoluto de una película.
Está lista para la nota, pero la lluvia le jugó una mala pasada. La falta de luz imposibilita llevar adelante una escena y hay que cambiar rápidamente a otra. Eso implica un movimiento general en el set que parece increíble: corren muebles, pintan una pared y secan de urgencia la pintura, reacomodan cámaras, verifican luces y sonido con técnicos que se paran en los puntos que deben ocupar los actores, mientras éstos (para esa escena, además de Morán, están Daniel Fanego, Alberto Ammann y Osmar Núñez) repasan y ensayan nuevas líneas de diálogo, nuevos movimientos. El set en cuestión es una oficina -con tamaño de oficina- en la que circulan no menos de cincuenta personas con cámaras, cables, paneles de telgopor, además de maquilladoras, vestuaristas y, claro, actores. Un caos para cualquiera que no forme parte de ese mundo; un ballet milimétricamente coreografiado para ellos.

Tanto es así que no se percibe ningún signo de estrés. Morán pide perdón por la demora y, sonriente, se apresta a la charla, a las fotos, a lo que vendrá.
"La verdad, esta novela de Claudia no la había leído, sí lo hice cuando me hicieron la propuesta y me entretuvo muchísimo. Eso hizo que me quedara muy ansiosa esperando el guión porque es folklórico que cuanto mejor es la novela, más difícil es hacer un buen guión. Pero cuando me lo pasaron, me sorprendió. Nada en la adaptación me hizo extrañar todo lo que me había gustado el libro", se entusiasma la actriz al recordar esos primeros pasos con este proyecto que le está tomando el año.
-¿Cómo te resultó entrar en un policial?
-Me encanta, nunca lo había hecho. Además siempre me preguntaba por qué los policiales tenían que ser protagonizados por hombres. Imaginate que hasta hay leyendas que hablan de la mala suerte que le puede traer al proyecto el hecho de que lo encabece una mujer. Estoy feliz. Además es un personaje completamente atípico. En las series policiales en las que aparece un protagónico femenino se trata de mujeres que están como corridas de su vida personal, sólo abocadas al trabajo. En este caso, Nurit está atravesada absolutamente por una cuerda afectiva.
-¿Cómo es Nurit?
-Todas las mujeres sabemos cuando hablamos de ese momento en el que estamos tratando de olvidar un amor malo, uno no conveniente, que no te hace bien... y quedamos ciegas por un rato, tanto que aparece uno bueno y no lo vemos; lo ven todos, menos una. Ése es el arco de Nurit, ése es el arco dramático que la tiene atravesada, tomada. Con esa impronta se mete en una investigación que, por supuesto, la sobrepasa; ella es una escritora de ficción, no una investigadora, ni siquiera una periodista de policiales. Entonces, sólo tiene la intuición, lo afectada que está por el tema y es por ese camino que, casi sin darse cuenta, colabora con la tarea del investigador.
-Y como actriz, ¿cómo te resulta entrar en este personaje?
-Creo que el riesgo para mí sería hacer de la Chica de Cipol, la canchera. Nurit es una mujer que no tiene idea de eso contra lo que se enfrenta y no está preparada. No es que yo actúe la torpeza en la investigación, surge sola la falta de experiencia. No es un Ángel de Charlie, y eso es lo que más la humaniza. Es una mujer que pertenece a otra cosa, que está atravesada por una cuestión afectiva y que pega un salto desde la ficción que ella maneja a una realidad que se le vuelve revelación.
-¿Cómo la pensaste?
-A mí me gusta componer personajes: cómo hablan, cómo caminan, cómo se ríen; me divierte mucho la composición, pero con Nurit me pasó algo distinto, algo que me dio mucho vértigo: con ella me siento muy yo...
-Está muy cerca...
-Demasiado. Más allá de que en mi actuación hay una cosa natural, siempre estoy componiendo algo. Y me fui encontrando con amigos que habían leído la novela y me decían "Nurit sos vos"; fui la última en darme cuenta.
-¿Sabés que Piñeiro está, un poco más, un poco menos, en todas sus novelas?
-Sí, y lo loco fue que a raíz de este proyecto nos encontramos con Claudia un par de veces, y nos dimos cuenta de que somos muy parecidas, que bien podríamos ser amigas. Tuvimos la comodidad y la confianza de dos personas con historia anterior.
El grado de afinidad en el grupo de trabajo hizo que el mismo director le sugiriera a Morán que elija a las dos actrices que interpretarían el rol de "las amigas"; con las que arman un trío divertidísimo que en la novela -y se supone que en el guión- aportan los momentos de humor más logrados. No era mala idea: si las actrices ya eran amigas antes de que se prendiera la cámara, había un territorio ganado para el film.
"Es cierto, elegí a dos actrices para esos personajes, y una sí es mi amiga de años, Carola Reyna, pero también elegí a Mónica Raiola, de quien no soy amiga. A ella la conocí como actriz y me deslumbró, y pensé que era ideal para hacer el contrapunto con el personaje de Carola. Son dos colores distintos, dos cuerdas que tocan muy bien juntas y resultan muy graciosas. El humor en la historia está leído de una manera muy sutil, no es una comedia y, sin embargo, tiene humor: hay algo de lo femenino, de la torpeza de mi personaje, de la eterna adolescencia en que vive con sus amigas que se agradece", sigue Morán, mientras a su alrededor se pueblan las mesas para un almuerzo tardío del equipo.
-¿Te reconocés en ese vínculo?
-Es lo que te decía de estar enamorada del tipo equivocado y que tus amigas ya no sepan cómo hacer para decírtelo, tanto que te quieren atender hasta el teléfono para que no metas la pata. Bueno, yo he pasado por los dos lugares...
-La historia tiene una pata firmemente puesta en la historia de amor... de un amor maduro.
-Contradiciendo todas las teorías, debería decir que los mejores personajes tienen arriba de 40 años, salvo Julieta [por nombrar una cosa muy icónica]. De hecho, los mejores roles que hice -los más ricos, los más complejos- son de mujeres más grandes, y estoy segura de que con los hombres pasa igual.
Hablar de la edad, del amor a los 50, le lleva a Morán a pensar cómo se para ella frente a su propia vida, frente a su propia trayectoria. "¿Qué te puedo decir? Estoy muy satisfecha, muy agradecida, siento que soy bastante privilegiada. He tenido la posibilidad de hacer experiencias lindísimas en los tres medios, de mucho aprendizaje, y personalmente -que es lo que más me importa- estoy en un momento de expansión familiar, han aparecido los nietos: tengo una de tres años y ahora llegó el varón. La verdad que los hijos de los hijos son como Internet, un antes y un después. No me imaginaba -y eso que me imaginaba mucho-, pero la experiencia de tenerlos, de ver a tus hijas como madres es maravilloso. El abuelazgo también es una forma de enamoramiento, al menos para mí. Me aparece esta cosa de ponerse tonta, de hablar todo el tiempo de los nietos, de andar pelando fotos; es una manera de estar enamorada y estar enamorada está buenísimo siempre... A veces me parece mucho, a veces me da miedo, pero estoy muy feliz.
-Una de las razones por las que le dicen Betibú a Nurit son los rulos, ¿qué pasó con los rulos?
-Lo intentamos, pero era sólo una cuestión de imagen, no hacía a la historia y sí hacía a la cosa inverosímil del personaje, porque si no tengo rulos, si se me ven rulos hechos de peluquería, iba a parecer una autoproducción en el personaje de Nurit, algo que está en contra de la naturaleza de esta mujer. Ella es sencilla, a cara lavada, nada producida; así que quedamos en que nos olvidábamos de los rulos. Y, lo mejor, es que duermo un poco más todas las mañanas.
El mundo del periodismo como telón de fondo
El rato que LA NACION fue El Tribuno, el diario protagonista
Claudia Piñeiro no sólo se mete con un caso policial en su Betibú, sino que también pinta de manera muy detallada el mundo del periodismo gráfico. La contraposición entre Jaime Brena (Daniel Fanego), un periodista "de la vieja escuela" y El Pibe (Alberto Ammann), un redactor "de la generación Google" muestra con precisión la vida en un gran diario y los cambios que se han ido viviendo los últimos años. Así, la película de Miguel Cohan necesitaba replicar una redacción para varias escenas de su film, por lo que el director vino a conocer LA NACION. Necesitaba recorrer el lugar y reconocer el clima que se vive para poder serle fiel en la ficción. Finalmente, LA NACION no fue El Tribuno de Betibú por cuestiones de tiempos de la filmación y los tiempos reales de cierre de un diario, pero sí levantaron el ficticio matutino en las cercanías del real. El que se verá en el film de Cohan se recreó en el microcentro porteño en lo que fuera un antiguo banco, con toques más clásicos que modernos.



