Mike Leigh regresa con un optimismo a toda prueba
Mañana se estrena La felicidad trae suerte
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Hace cinco años, cada vez que tomaba contacto con la prensa para hablar de El secreto de Vera Drake , lo primero que hacía Mike Leigh era distanciarse de las interpretaciones y lecturas reduccionistas con las que, a su juicio, recibía la película. "No es un film en favor del aborto sino una exploración de los dilemas morales entre lo que supuestamente está bien y lo que supuestamente está mal. Plantea interrogantes y no da certezas, y debe ser explorado con la mente abierta", había dicho por entonces a LA NACION.
El notable cineasta inglés regresa con una obra que desde su título marca diferencias con su densa y profunda predecesora. La felicidad trae suerte ( Happy-Go-Lucky ), cuyo estreno anuncia SP Films para mañana, se anticipa como un auténtico canto de alabanzas al espíritu optimista y a las actitudes positivas.
Pero también aquí el realizador de Secretos y mentiras está firmemente decidido a alejarse de cualquier estereotipo, y esta vez se muestra particularmente incómodo con quienes llegaron a afirmar que con este nuevo film no hizo más que alejarse de su reconocida postura crítica en términos sociales.
"Creo que esta película -señaló a la prensa británica poco antes del estreno del film en el Reino Unido- dice mucho acerca de cómo vivimos, de cómo enseñamos y aprendemos, de cómo interactuamos con los demás y de cómo vamos acumulando ideas y opiniones en la vida hasta comprobar que no sabemos muy bien qué hacer con ellas cuando queremos solucionar nuestros problemas. En este sentido, creo que La felicidad trae suerte también es una película política".
La reacción de Leigh tiene que ver con el hecho de que el personaje protagónico tiene una vida aparentemente sencilla "en una historia –apunta– que es cualquier cosa, menos simple". El film se asoma a la vida de Poppy, una joven maestra de primaria que procura encontrar lo mejor de la vida mientras se vincula con un instructor de manejo, comparte agridulces vivencias con su mejor amiga y trata de acercarse sentimentalmente a un asistente social.
Reconocimientos
Poppy está personificada por Sally Hawkins, una actriz londinense de 33 años cada vez más requerida por el cine británico y que gracias a esta película obtuvo el premio a la mejor interpretación femenina en el Festival de Berlín de 2008 y el Globo de Oro a la mejor actriz de comedia o musical de este año.
La elección de un personaje como Poppy tiene una explicación muy clara para Leigh: "La película habla sobre la educación. Y sentía que estaba en un momento óptimo de mi vida para encarar una historia que en algún sentido se propone ser antimiserabilista. Estamos destruyéndonos a nosotros mismos y destruyendo nuestro mundo, pero también hay algunas personas preocupadas por el futuro y dispuestas a dar todo lo que tienen para educar a nuestros hijos".
A esta altura, a nadie extraña que Leigh haya demorado tanto tiempo entre El secreto de Vera Drake y su nueva producción, que obtuvo una nominación para el Oscar por su guión original. El realizador es conocido por el riguroso y exhaustivo proceso con el que prepara el film en compañía de sus actores. "Siempre empiezo con todas las páginas en blanco –explica Leigh–. Y también en este caso pasamos los actores y yo horas interminables, días, semanas y meses improvisando, investigando, discutiendo. El resultado de todo ese trabajo después se aprecia en el rodaje y cuando vemos las primeras imágenes".



