
"Montecristo", releída a los saltos
"Montecristo" ("The Count of Monte Cristo", EE.UU./2002). Dirección: Kevin Reynolds. Con Jim Caviezel, Guy Pearce, Richard Harris, Dagmara Dominczyk, Luis Guzmán, James Frain, Henry Cavill, Albie Woodington. Guión: Jay Wolpert, basada sobre la novela de Alejandro Dumas. Fotografía: Andrew Dunn. Música: Edward Shearmur. Edición: Stephen Semel y Chris Womack. Presentada por Buena Vista Internacional. Duración: 132 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena.
A nadie que recuerde el Robin Hood de Kevin Costner o el catastrófico naufragio de "Waterworld" (también catastrófico en términos artísticos y financieros), se le ocurriría esperar de este nuevo film de Kevin Reynolds una relectura escrupulosa o una aproximación original a la famosa novela de Alejandro Dumas.
Lo que "Montecristo" proporciona desde el principio es un entretenimiento liviano, una sucesión ininterrumpida de aventuras en las que se mezclan espadachines, curas sabios, piratas, tesoros escondidos, prisiones legendarias, traiciones, envidias, venganzas, llamativos ambientes para cumplir con la reconstrucción histórica, algunos toques humorísticos para aligerar el drama y la mínima cuota de romance necesaria para poner en marcha todo el enredo. Un programa que busca satisfacer tanto al adolescente de otros tiempos -ese que suele quejarse de que ya no se hacen más films como los de antes - y al de ahora, que no tuvo demasiadas oportunidades de disfrutar de este tipo de historias impulsadas por potentes giros melodramáticos. Es un "Conde de Montecristo" que puede estimular la nostalgia de algunos, pero en general invita a ser consumido junto con el pochoclo y las gaseosas.
Toques de actualización
Ya se sabe que la profusa trama del original es más apropiada para el dilatado formato de una miniserie de TV que para la limitada duración de una película, de modo que no hay que sorprenderse si la lectura propuesta por Reynolds -y su libretista Jay Wolpert- anda un poco a los apurones. En realidad, su preocupación está puesta más en la sucesión de aventuras y en la actualización del cuento mediante la aplicación de pinceladas contemporáneas (lenguaje incluido) que en la evolución de los sentimientos de Edmundo Dantés, el marino recto, noble y crédulo que resulta injustamente condenado por un delito que no cometió y debe pasar trece años recluido en el infierno de If para evadirse después y reaparecer en sociedad como el enigmático y poderoso Conde de Montecristo.
En la condensación, muchas transiciones se borran y muchos conflictos (por ejemplo, el que enfrenta al odio y la sed de venganza con la fe) se reducen a una línea de diálogo dicha al pasar. El abate Pierre, compañero de prisión del protagonista y figura esencial de la novela, se desdibuja bastante, a pesar de que Richard Harris le presta una autoridad y una convicción que no tienen ni Jim Caviezel como Dantés ni Guy Pearce como el amigo traidor responsable de sus padecimientos. En cambio, la presencia de Luis Guzmán, como el leal Jacopo, y la buena química que establece con Caviezel abren una vía hacia el humor que, aunque eficaz, pudo haber sido mejor aprovechada.
La presencia decorativa de Dagmara Dominczyk, la dama en cuestión, confirma, por fin, que el casting no fue uno de los aciertos mayores del equipo de Reynolds. Jim Caviezel podrá ser un buen actor, pero le sobra fragilidad a su aire romántico y le faltan la energía visceral y la intensidad emotiva que define a un personaje tan atormentado como Dantés. A Guy Pearce se lo ve casi siempre crispado, tal vez porque se da cuenta de que está en el papel equivocado.
Claro que quienes se dejen llevar por el flujo incesante de aventuras ni repararán en estos detalles. Atenderán más bien al bien dosificado ritmo de la acción, a los abundantes vaivenes de la anécdota y a la vistosidad de los escenarios: la zona portuaria de Marsella, el tenebroso castillo de If, la mansión opulenta a la que el conde invita al tout Paris para deslumbrarlo con sus extravagancias. Y saldrán satisfechos por haber pasado un rato entretenido.
Quienes busquen además algo de emoción es mejor que recurran al libro.






