Llega a los cines la esperada secuela que parece haber escuchado los reclamos de los fans de la saga y se alimenta del “secreto del éxito” del juego creado hace 34 años
10 minutos de lectura'
Era agosto de 1992 y en los salones de arcade de medio mundo comenzó a escucharse una advertencia que pronto se volvería icónica: “¡Mortal Kombat!”. No era el grito de guerra de ningún ejército real. Era el anuncio de un videojuego desarrollado por dos jóvenes en Chicago, Ed Boon y John Tobias, empleados de Midway Games, que iba a cambiar la industria del entretenimiento, desatar una tormenta política en Washington y construir, en silencio y con sangre pixelada, uno de los universos de ficción más duraderos de la cultura popular.
Treinta y cuatro años más tarde, la saga llega a su segunda encarnación cinematográfica en la era moderna con Mortal Kombat II, dirigida, como la primera, por el australiano Simon McQuoid y protagonizada por Karl Urban como Johnny Cage, el personaje que los fans más esperaban ver en acción.
Sangre, polémica y un actor que rechazó el protagónico
Boon tenía 28 años cuando co-creó el juego junto a Tobias. La idea era hacer un juego de artes marciales con actores reales digitalizados, y la inspiración declarada fue Jean-Claude Van Damme, la estrella belga que por entonces arrasaba en los cines con Kickboxer y Contacto sangriento.

El plan original era que Van Damme protagonizara el juego, algo que no ocurrió porque el actor rechazó la propuesta, pero su huella quedó impresa en el ADN del proyecto. Johnny Cage, uno de los personajes más queridos de la saga, es una parodia apenas velada del belga: un actor narcisista, agrandado incapaz de asumir ninguna responsabilidad. Años después, en el videojuego MK1, un reboot ligero, Cage puede jugarse con la skin de Van Damme, quien, por fin, dio el visto bueno. Además, Johnny Cage es uno de los protagonistas de la película, ahora interpretado por Karl Urban (Éomer en El Señor de los Anillos, el doctor McCoy en los reboots de Star Trek, Billy Butcher en The Boys).
Lo que Boon y Tobias no podían prever es que su juego iba a inaugurar uno de los debates más encendidos de la historia cultural norteamericana. En 1993, los senadores Joe Lieberman y Herb Kohl convocaron audiencias en el Congreso para investigar la violencia en los videojuegos. El principal acusado era Mortal Kombat, con sus fatalities, los movimientos finales que permitían decapitar, arrancar el corazón o incinerar al adversario. El resultado fue la creación del Entertainment Software Rating Board (ESRB), el sistema de clasificación por edades que rige hasta hoy en todo Estados Unidos. Mortal Kombat, en buena medida, inventó la regulación de su propia industria. Y la polémica fue el mejor marketing posible: las versiones hogareñas vendieron millones de copias.
Del arcade a Hollywood: éxito, desastre y resurrección
En 1995 llegó la primera adaptación cinematográfica, dirigida por Paul W. S. Anderson y protagonizada por Robin Shou y Christopher Lambert como Raiden. Fiel al espíritu del juego, recaudó más de 122 millones de dólares y pasó tres semanas como la película más taquillera de los Estados Unidos. El milagro duró poco: en 1997 llegó la secuela, Mortal Kombat: Annihilation, con casi todo el elenco reemplazado y una trama que los críticos destrozaron. Hoy tiene un cuatro por ciento de aprobación en Rotten Tomatoes.
La franquicia cinematográfica murió ahí, aunque todavía produjo dos series televisivas: la animada Defenders of the Realm (1996) y la live-action Mortal Kombat: Conquest (1998-1999), cancelada con un final abierto que nunca fue resuelto. Midway Games terminaría en quiebra en 2009 y Warner Bros. adquiriría sus activos.
La resurrección llegó en 2021 con el reboot de McQuoid, estrenado simultáneamente en cines y HBO Max durante la pandemia, que se convirtió en el debut más visto en la historia de la plataforma. El tráiler de esta segunda entrega batió otro récord: 107 millones de vistas en 24 horas.
El elenco, los personajes y la pregunta que siempre vuelve
La pregunta que se impone para cualquier espectador que no haya crecido con la consola en la mano es por qué este juego, y no Street Fighter, no Tekken, sigue siendo culturalmente dominante. La respuesta más honesta es que Mortal Kombat entendió antes que nadie que un juego de pelea no puede sobrevivir solo con mecánicas: necesita personajes con historia y contradicciones.
Martyn Ford, el culturista inglés de 2,04 metros que encarna a Shao Kahn en la nueva película, es fan de la saga desde chico, y su lectura sobre el éxito de la saga para LA NACION es directa: “Evolucionó a la velocidad correcta con su audiencia. Le dieron lo que quería. Y hay una historia detrás: podés conectar con los personajes. Eso es lo que lo mantiene vivo”.
Karl Urban recibió el guion y se enganchó no con el espectáculo sino con el arco emocional de Johnny Cage: alguien sin confianza en sí mismo, convocado en su punto más bajo para salvar al mundo. “Para mí, eso era un conjunto de circunstancias muy atractivo”, dice. “El guionista Jeremy Slater hizo un trabajo fantástico tejiendo una historia de acción llena de corazón”.
La película comienza con Cage en un stand vacío en una convención de cultura pop. El actor de películas de acción de los 90 es ahora un héroe olvidado, su popularidad relegada a influencers y youtubers Cuando se le pregunta si le da miedo terminar como esos actores, responde sin pausa: “No. Lo que me importa es tener la oportunidad de ser creativo y expresivo. Treinta años en la industria, picos y valles: eso también lo usé para el personaje”. La preparación física fue, según él mismo, el mayor desafío de su carrera: aprender a ejecutar los movimientos icónicos de Cage con la fluidez de un artista marcial entrenado.
Si Johnny Cage es el corazón cómico de la película, Kitana es su alma emocional. Adeline Rudolph, nacida en Hong Kong de ascendencia alemana y coreana, conocida por El mundo oculto de Sabrina, voló a Australia casi inmediatamente después de conseguir el papel y comenzó un mes de entrenamiento diario en Tai Chi, Wushu y Kung Fu. Describe sus charlas previas con McQuoid como una búsqueda del núcleo del personaje más allá del combate: “Las discusiones eran para asegurarnos de que estuviéramos de acuerdo sobre el corazón de Kitana y sus motivaciones”. Durante la huelga del sindicato de actores de 2023, siguió entrenando en Los Ángeles con abanicos de papel comprados por internet, el arma característica del personaje en los juegos. Al final de la filmación, logró que un productor le regalara un par de utilería. “Lo primero que pregunté cuando terminó fue si me podía quedar con los abanicos”, le cuenta Rudolph a LA NACION.
Tati Gabrielle, conocida por The Last of Us y You, tiene cinturón negro de karate y jugaba al Mortal Kombat de chica. Su personaje favorito era Jade, la guerrera que ahora interpreta en pantalla. El arco del personaje la atrapa en términos que van más allá de la acción: Jade debe elegir entre la lealtad a quien la rescató de huérfana y su amistad con Kitana, que quiere destruirlo. “La pregunta que tiene que responder es cuál es la diferencia entre un propósito dado y un propósito encontrado”, explica. Pese a su formación marcial, no pudo hacer todas sus escenas de acción, y la lección de humildad que eso implicó es uno de los momentos más honestos de las entrevistas: “Mi doble de riesgo es una bestia con el bastón. Tuve que decirme: no tenés esta habilidad todavía. Eso me humilló como artista marcial”.
Ford, por su parte, consiguió el papel de Shao Kahn mientras filmaba en Roma y tuvo que hacer el casting en su habitación de hotel a las diez de la noche, gritando amenazas que se colaban por las paredes. “Era muy consciente de que la policía podría entrar en cualquier minuto pensando que estaba matando a alguien”, recuerda jocosamente. El mayor desafío del rodaje no fue físico sino expresivo: el maquillaje, cuatro horas de prótesis cada mañana, le quitó el uso del rostro. “Podés decir 100 palabras sin abrir la boca, solo con la expresión. Y todo eso te lo quitan. Tuve que aprender a usar la lentitud del cuerpo para comunicar lo que normalmente haría con la cara”.
McQuoid explica cómo trabajó la tensión entre acción espectacular y narrativa emocional pensando tanto en los fans de larga data como en el espectador que llega sin ningún conocimiento previo: “Contamos las historias de los personajes a través de las peleas. No solo estábamos narrando la historia: a través de esos combates también amplificábamos las emociones”. El ejemplo más claro es la pelea entre Kung Lao (Max Huang) y Liu Kang (Ludi Lin), dos ex compañeros, casi hermanos, que ahora se enfrentan en el torneo. “Liu Kang no quería que esa pelea ocurriera y Kung Lao era una fuerza implacable. Durante ese combate, Liu Kang se da cuenta de que solo hay una salida. Y lo hace con una emoción que la gente parece estar percibiendo”.
Si bien la primera parte fue un éxito, tuvo en los fans un halo de crítica. La incorporación de las arcanas, tatuajes que tienen los personajes y les permiten tener los poderes sobrenaturales; la presentación de un nuevo héroe, Cole Young (Lewis Tan), ausente en los 30 años del videojuego; no tantas referencias a la saga y la inexistencia del torneo que le da sentido a la idea de Mortal Kombat hizo que los productores tomaran nota e hicieran correcciones para esta segunda película. Afuera las arcanas, que no son mencionadas; afuera el protagonismo de Cole por sobre Cage y Kitana; adentro los escenarios icónicos del videojuego y las tomas calcadas de las peleas. Y por supuesto, el torneo es el eje principal. También la producción cambió de equipo de coordinadores de dobles, convirtiendo las peleas en más elegantes y fluidas, pero también más viscerales y sangrientas.
Mortal Kombat II se iba a estrenar en octubre de 2025 pero de repente, y sin avisar, Warner Bros. atrasó el estreno para la primera semana de mayo en todo el mundo. ¿La razón? Las primeras proyecciones de la película dieron resultados positivos y envalentonado el estudio decidió mover la fecha hacia el comienzo del verano boreal cuando se inaugura la temporada de tanques en los cines.
La pregunta sobre una tercera película ronda todas las entrevistas. Oficialmente no está confirmada, pero todo indicaría que habrá una secuela. McQuoid la esquiva con elegancia: “No queremos adelantarnos. Mortal Kombat tiene personajes fantásticos y mucho material por explorar, pero no es una decisión mía: es del público y del estudio”. Ford es menos diplomático. Vio la película terminada en agosto y todavía no salió del asombro: “Quedé volado con lo que el equipo creó. Es absolutamente fenomenal”.
Rudolph, por su parte, encontró en el proceso algo que va más allá de la acción: “La magia está en esa mezcla de corazón y brutalidad, de humor y audacia. Es un juego audaz en todos los sentidos, y una película audaz en todos los sentidos.” Gabrielle, la fan que terminó encarnando a su personaje favorito, cierra con la ilusión que comparte con miles de jugadores: que en el próximo juego de Mortal Kombat aparezca una skin con su cara. “Eso sería una locura”, dice. “No me enojaría para nada”. Y Urban, que lleva 30 años navegando franquicias y conoce el peso de las expectativas, resume todo con la economía de alguien que ha pensado bien la respuesta: “Tiene personalidad. Tiene personajes con los que disfrutás pasar un rato. Eso explica que haya resistido la prueba del tiempo”.
- 1
Emi: un joven entre dos familias y las emociones de la compleja búsqueda de la identidad
- 2
Mortal Kombat II: guiños cómplices y “fatalities” por doquier para enmendar el imperdonable error que condenó a la saga
- 3
Las ovejas detectives mezcla de la mejor manera a seres humanos con animales digitalizados (y acierta)
- 4
Premios Platino 2026: un explosivo discurso político, clamor por el cine argentino y el “inesperado debut” de Andrea Pietra




