
Murió el guionista y director Zuhair Jury, hermano y socio creativo de Leonardo Favio
El autor tenía 89 años; había escrito los relatos que luego resultaron en los guiones de los films El dependiente y El romance del Aniceto y la Francisca
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Zuhair Jury, director de cine, guionista y escritor, murió este domingo a los 89 años. Hermano menor y socio creativo de Leonardo Favio, la obra de Jury abarcó la literatura y el cine donde sus textos ayudaron a construir alguna de las piezas fundamentales de la cinematografía nacional como El dependiente y El romance del Aniceto y la Francisca.
Dirigidas por Favio a partir de dos de los cuentos del libro que Jury publicó en 1969, el autor también fue el responsable de los guiones de Crónica de un niño solo, Juan Moreira, Nazareno Cruz y el lobo, Soñar, soñar y Gatica, el Mono.
Además, fue guionista de Natasha, el film de Eber Lobato protagonizado por Thelma Stefani y Enzo Viena, y de la versión animada de Martín Fierro, dirigida por Fernando Laverde. Más allá de la escritura, en 1978 Jury debutó como director con el film El fantástico mundo de la María Montiel, protagonizado por Rodolfo Bebán, Raúl Lavié, Juanita Lara y Leonor Benedetto, premiado en el festival de Karlovy Vary. Luego realizó también los largometrajes La mayoría silenciada (1986), El largo viaje de Nahuel Pan (1995), Doña Ana, Tobi y el libro mágico (2001) y El piano mudo (2009), su último film en el que recreaba parte de la historia del pianista tucumano Miguel Ángel Estrella.
Más allá de su propia trayectoria en cine, Jury desarrolló una labor literaria que incluye títulos como Había una vez un general, Romance del Aniceto, El glorioso velorio de la Juana Pájaro y Yo vengo de ahí, un libro de poemas con aires autobiográficos editado en 2022 en el que evocaba su infancia, a su madre y a su legendario hermano mayor.
De él decía en un entrevista con Página 12 en los tiempos de presentación de Yo vengo de ahí: “Leonardo ocupa el lugar de los signados por el destino a ser referentes de vida, originador de lenguajes, tallador de elevados sucesos, desentrañador de todos los rictus de la vida, y entregador de maravillas. Ese es su lugar. Y también lo referencial, lo que se debe ser para que en el último suspiro se pueda decir ‘pasé por la vida merecidamente’”. En aquella misma oportunidad hablaba de la partida de Favio, ocurrida en 2012, como algo inconcebible, desafiando su ausencia a través de su trabajo literario.
Sobre el trabajo que hicieron juntos y las formas que asumió su colaboración, Jury describía un vínculo simbiótico, inquebrantable. “No teníamos una relación de dos. Éramos uno. No había necesidad de hablar para entendernos. Muy pocas veces habremos intercambiado una opinión acerca del tratamiento de algún personaje, de alguna línea de diálogo. Ni yo tenía que explicarle nada a él ni él a mí. Sentíamos igual porque vivimos lo mismo. A los diez años ya teníamos los cuatrocientos golpes encima”, contaba el artista en un reportaje con el escritor Gabriel Orqueda, autor junto a Hernán Gómez, Romina Quevedo y Paula Vázquez Prieto del libro Las batallas infinitas (cine argentino 1929-1989).
Con una mirada entre lírica y política sobre el oficio del cine, Jury lo pensaba, según explicó en el reportaje de 2022 con Página12, como “la única rama del arte que posibilita algo que invita a una cita con un sutil sacrilegio. Pero, antes de ampliar y proseguir con esa deducción, quiero dejar la siguiente advertencia: al cine suele llamársele industria o entretenimiento y, quiero dejar advertido que industria es una fábrica de chorizos, y que para entretenimiento se saca entradas en un parque de diversiones”.
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