
Murió Eva Marie Saint, a los 102 años: adiós a la última gran estrella rubia del Hollywood más clásico
La centenaria actriz será recordada por sus trabajos junto a Alfred Hitchcock (Intriga internacional), Elia Kazan (Nido de ratas, por el que ganó un Oscar) y Otto Preminger (Éxodo)
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En estos tiempos de famas fugaces, imposturas exhibidas con inexplicable orgullo y asuntos banales transformados a la fuerza en cuestiones de interés público, vale más que nunca sostener el recuerdo de las estrellas más genuinas como Eva Marie Saint, que ya era por mérito propio un auténtico mito de Hollywood mucho antes de la noticia de su fallecimiento, conocida hace pocas horas.

Saint murió a los 102 años en su casa de Los Ángeles rodeada de familiares y seres queridos, según informó este martes su representante. Era una de las últimas sobrevivientes de una historia que a partir de ahora solo se alimentará de recuerdos y testimonios registrados en imágenes o libros de historia, con estrellas que podían contar sus experiencias junto a grandes realizadores clásicos como Alfred Hitchcock, Elia Kazan y Otto Preminger. Solo queda entre nosotros Vera Miles como exponente de la misma condición en una etapa irrepetible del cine.

Saint fue la última y dignísima representante de la estirpe de aquellas grandes estrellas femeninas rubias que en un momento se adueñaron de la tradición hollywoodense en una transición clave. En su caso, lo más llamativo es que supo llegar a lo más alto en el cine a través de una carrera que comenzó en la televisión.
El papel más memorable de Saint fue el de la novia de Terry Malloy (Marlon Brando), el protagonista de Nido de ratas (1954), papel por el que ganó su único Oscar como actriz de reparto de la película dirigida por Kazan.
Pero también la recordaremos casi a la misma altura como Eve Kendall, la enigmática, seductora y muy inteligente pareja de Cary Grant en Intriga internacional (1959), una de las obras maestras de Hitchcock, inolvidable entre otras cosas por haber sido la película que alteró para siempre el concepto tradicional que siempre tuvimos de las rubias fatales elegidas por el Maestro del Suspenso para protagonizar sus historias.
No hubo jamás en toda la filmografía de Hitchcock una rubia tan resuelta y decidida como la Eve Kendall de Saint. “Me tomé mucho trabajo con ella, transformándola y haciéndola aparecer elegante y sofisticada. Controlé hasta el último pelo de su cabeza”, llegó a confesar el propio Hitchcock sobre su experiencia con la actriz, que siempre salió airosa de cualquier comentario insidioso que circuló a lo largo de los años sobre los vínculos entre el realizador y sus estrellas, en especial las rubias.
Saint siempre ejerció en pantalla una presencia magnética y llena de sensibilidad que contrastó con la aparente fragilidad que su apariencia física sugería. El gran personaje que completó la trilogía de sus mejores apariciones en el cine, el de Katty Fremont, la enfermera estadounidense que se une a la lucha por la conformación del Estado de Israel en Éxodo (1960), de Otto Preminger. Allí muestra valor, sensibilidad y una poderosa veta romántica junto al personaje encarnado por Paul Newman.

Saint nació en Newark (Nueva Jersey) el 4 de julio de 1924. Llegó a la actuación casi por azar durante sus estudios universitarios en Ohio, lugar al que llegó con la intención de formarse como maestra. Fue una precoz actriz de radionovelas, trabajó fugazmente como modelo y completó su formación en el Actors Studio antes de empezar formalmente en los primeros tiempos de la televisión estadounidense una carrera que a partir de ese momento nunca se detuvo. Gracias a su presencia en la primera adaptación teatral de un drama televisivo (The Trip To Bountiful, de Horton Foote), Elia Kazan la eligió para ser la protagonista femenina de Nido de ratas.
Después de ese trío consagratorio de películas que filmó con Kazan, Hitchcock y Preminger, Saint se consolidó como una reconocida y prestigiosa actriz de reparto, a pesar de que muchas de sus apariciones no alcanzaron la trascendencia que su talento merecía. A cada cual su propio infierno (1962, junto a Warren Beatty), 36 horas de suspenso (1964), Almas en conflicto (1965), ¡Ahí vienen los rusos! (1966), Grand Prix (1967) y El amor es así (1970) fueron muestras acabadas de ductilidad y destreza artística en un abanico de géneros, del drama romántico a la comedia y el gran entretenimiento.
Se movió desde allí con mucha comodidad entre el cine, Broadway y la televisión. En el regreso a su medio originario se destacó sobre todo personificando a la madre de Cybill Shepherd en la formidable serie Moonlighting. Y también se hizo conocer entre generaciones más jóvenes gracias a algunos títulos de su etapa de madurez: Nada en común (1986, junto a Tom Hanks), Pasión por Africa (2000) y sobre todo Superman regresa (2006), donde personificó a Martha Kent.
Se despidió del cine en 2014 con un papel secundario en Un cuento de invierno, de Akiva Goldsman. Cuatro años después, se sumó a las celebraciones por los 90 años del Oscar entregando esa noche el premio al mejor vestuario, adjudicado a El hilo fantasma. Tenía en ese momento 93 años y fue recibida con una de las más grandes ovaciones de toda la noche.
Allí recordó que ese mismo año había fallecido el productor y director Jeffrey Hayden, el hombre con el que estuvo casada 65 años. “Veníamos a la fiesta de la Academia de Hollywood todos los años, lo extraño mucho y este momento compensó tanta tristeza. Pero acabo de darme cuenta de algo. Soy mayor que la Academia. Cuatro meses más, tal vez cinco. Estoy muy orgullosa de eso”.
La próxima ceremonia del Oscar seguramente tendrá un lugar reservado para recordarla. Sobre todo porque fue protagonista de otro momento inolvidable de la historia del premio máximo de la industria de Hollywood.
Cuando Frank Sinatra anunció que había ganado como la mejor actriz de reparto de 1955 (la única estatuilla de toda su carrera) gracias a Nido de ratas, subió al escenario entre aplausos luciendo un muy avanzado embarazo. “Podría dar a luz en este mismo momento”, señaló al recibir el Oscar. Dos días después nació Darrell, el primero de sus dos hijos.
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