Netflix: Fractura, un thriller de corte hitchcockiano

Sam Worthington es el atribulado padre de una niña que sufrió un accidente en Fractura, una película original de Netflix dirigida por Brad Anderson
Sam Worthington es el atribulado padre de una niña que sufrió un accidente en Fractura, una película original de Netflix dirigida por Brad Anderson Crédito: Netflix
Diego Batlle
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11 de octubre de 2019  • 11:33

Fractura (Fractured, Estados Unidos/2019). Dirección: Brad Anderson. Guion: Alan B. McElroy. Elenco: Sam Worthington, Lily Rabe, Lucy Capri y Stephen Tobolowsky. Duración: 100 minutos. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: regular

Con películas como El maquinista, Transsiberian, La oscuridad, 911: Llamada mortal y decenas de episodios de múltiples series (desde The Wire hasta Fringe, pasando por The Killing), el director estadounidense Brad Anderson se consolidó como uno de esos solventes artesanos que tanto honran a la industria del cine y la TV. Su profesionalismo y su habitual solidez como narrador quedan ratificados una vez más en esta película original de Netflix, pero nada puede hacer cuando en su segunda mitad el guion del experimentado Alan B. McElroy le impone múltiples vueltas de tuerca que terminan manipulando a un a esa altura ya atribulado espectador.

Todo comienza con una discusión de pareja: Roy Monroe ( Sam Worthington, protagonista de Avatar) y Joanne ( Lily Rabe) regresan con su hija Peri (Lucy Capri) de celebrar el Día de Acción de Gracias junto a la familia de ella y, mientras él maneja, los reproches de su esposa van en aumento en cantidad e intensidad. El final del vínculo, por lo tanto, parece solo cuestión de tiempo.

En medio de las promesas de rigor de Roy (que ya anda por su segundo matrimonio y viene luchando desde hace años contra su alcoholismo), deciden parar en una estación de servicio, donde la pequeña Peri cae al vacío en una obra en construcción aledaña. El padre salta detrás de ella, pero ambos terminan sufriendo fuertes golpes. De allí, al hospital más cercano, donde las desventuras serán todavía mayores. Fractura es, por un lado, un thriller psicológico de claro sesgo hitchcockiano (con algo de La dama desaparece, por ejemplo); y, por otro, una despiadada crítica al sistema de salud de su país, dominado por la burocracia y la codicia.

Tras el planteo inicial (el accidente y la llegada al hospital) comienza una auténtica odisea a-la- Después de hora (aquel recordado film de Martin Scorsese con Griffin Dunne) en la que todo lo que puede salir mal terminará peor y además nada será como en un principio parecía. Así, cuando nos convencemos de que el relato va para determinado lugar, a la escena siguiente todo se verá resignificado con una nueva y sorprendente revelación. La posibilidad concreta de que los distintos personajes puedan estar imaginando o directamente inventando su versión de los hechos a medida que los mismos van sucediendo mantiene cierta tensión y suspenso, pero la apuntada manipulación hace que el público termine siendo una suerte de rehén de un guionista demasiado enamorado de su propio ingenio. Es una pena, porque tanto por el planteo inicial como por talento del director y los intépretes, Fractura estaba encaminada para tener un mejor resultado final.

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