Netflix: Michael Douglas es un maestro de actores con mucho que aprender en The Kominsky Method

Danny De Vito y Michael Douglas en El método Kominsky
Danny De Vito y Michael Douglas en El método Kominsky
Paula Vázquez Prieto
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16 de noviembre de 2018  • 14:50

The Kominsky Method (Estados Unidos, 2018). Creador: Chuck Lorre. Elenco: Michael Douglas, Alan Arkin, Sarah Baker, Sandy Travis, Susan Sullivan, Casey Thomas Brown, Emily Osment. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: buena.

En un tiempo fue Stanislavsky y sus enseñanzas sobre cómo controlar el cuerpo y las emociones del actor en la Moscú decimonónica; luego fue Lee Strasberg y el "método" del Actor’s Studio, que revolucionó la interpretación de las estrellas del cine de los 50; y ahora -que todo ya parece inventado- solo queda el juego autoconsciente con aquellos tópicos: el "método Kominsky". Sandy Kominsky ( Michael Douglas ) es un maestro de actores que lidia con la soledad y la vejez, al mismo tiempo que incentiva a sus alumnos con chistes y juegos de palabras en el corazón de la ciudad de Los Ángeles. Sin embargo, lo mejor de su arte no parece estar sobre las tablas de su prestigiosa escuela sino en los largos días de su vida californiana, su cofradía agridulce con su amigo y agente Norman ( Alan Arkin ), su humor ácido, su inevitable percepción de la propia decadencia.

Chuck Lorre es el artífice de numerosas sitcoms exitosas para la pantalla abierta norteamericana, de The Big Bang Theory y Two and a Half Men a Dharma y Greg y Cybill. Los tiempos han cambiado y en la era del streaming la comedia derriba sus límites habituales para entrelazar los chistes de una línea y las situaciones de salón con una dinámica más fluida, capaz de integrar espacios, complejizar personajes, trascender los moldes. The Kominsky Method lo consigue a medias: sus mejores momentos nunca están en ese espacio concéntrico que supone la escuela de actuación, en las citas a los clásicos del teatro o en las frases elocuentes y cursis que imparte Sandy a sus discípulos. Todo ello resulta forzado y anacrónico; Michael Douglas arrastra sus frases y sus pisadas casi obligado por el guion. En cambio, fuera de allí, cuando Sandy y Norman discuten los detalles de un funeral con drag queens al son de "Lady Marmalade", o cuando hacen chistes sobre la próstata y el alcoholismo, ese método que podíamos pensar para el teatro cobra un nuevo sentido para la vida.

The Kominsky Method consigue un tono peculiar, entre amargo e inocentón, que hace que funcionen mejor las situaciones más íntimas y confesionales, que mezclan la tristeza y el humor negro, que aquellas en las que intenta desplegar esa pretendida interacción entre la verdad y la representación. Los alumnos no dejan de ser arquetipos vacíos y el marco de las clases un decorado insuficiente. En cambio, Arkin resulta simpático en su malhumor, caprichoso en el rumbo de su reciente duelo, ingenioso en las burlas a Douglas, ese maestro soberbio y oxidado que tiene mucho que aprender.

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