Netflix: Noche de fuego muestra el drama de crecer en estado de terror permanente
La película de la salvadoreña Tatiana Huezo pone el foco en un grupo de niñas que vive en una zona rural de México controlada por el narcotráfico
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Noche de fuego (México, 2021). Dirección: Tatiana Huezo. Guion: Tatiana Huezo, basada en una novela de Jennifer Clement. Fotografía: Dariela Ludlow. Edición: Miguel Schverdfinger. Elenco: Mayra Batalla, Alejandra Carmacho, Teresa Sánchez, Ana Cristina Ordóñez González, Mayra Membreño, Blanca Itzel Pérez, Giselle Barrera Sánchez. Duración: 110 minutos. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: muy buena.
Noche de fuego empieza con unos gemidos. La pantalla está en negro, no sabemos de dónde provienen. Podemos perfectamente suponer que se trata de una relación sexual que está por llegar al clímax, pero no, en realidad se trata de otra cosa. La primera imagen que aparece en la película es la de una niña que cava un pozo con las manos. Después vemos que la ayuda una mujer adulta, su madre, y que la idea es montar un pequeño refugio en ese piso de tierra seca. Viven en un pueblito rural que parece estacionado en el pasado y temen por la llegada de los narcos. Es zona de cultivo de amapolas, y el crimen organizado tiene un control absoluto de la población, que trabaja a destajo y vive en la pobreza. Con la flor de la amapola se fabrica heroína que después se consume en México, pero sobre todo en los Estados Unidos. La actividad ilegal se desarrolla sin dificultades visibles: el ejército mexicano lleva adelante una pantomima inútil, una actitud falsa que equivale a la complicidad.
Basado en la novela Ladydi de Jennifer Clement (2014), este largometraje fue exhibido en la sección A Certain Regard del Festival de Cannes y recibió una mención especial del jurado. Originalmente, la historia se desarrolla en Guerrero, en el sudoeste de México, muy cerca del Océano Pacífico, pero el rodaje se realizó en Neblinas, una pequeña localidad de la Sierra Gorda de Querétaro, un lugar más adecuado para trabajar con tranquilidad, sin la presión constante de la sombra ominosa de los narcos.
La naturaleza, el paisaje de montaña imponente, su vegetación frondosa, los sonidos de su fauna tienen un papel importante en la película: de alguna manera, ese entorno funciona como un envoltorio a veces tranquilizador, otras inquietante del mundo de fantasía en el que viven las tres niñas que protagonizan Noche de fuego. Ese contexto perfecto para la fábula es el que alberga sus rituales infantiles, sus juegos, sus aventuras la necesaria distracción de la dura realidad en la que viven.
Noche de fuego no es una película sobre el narcotráfico, sino un relato dramático y crudo sobre la tragedia de crecer con miedo y el “agravante” de ser mujer en ese ambiente hostil. Las mafias que dominan el lugar secuestran a las adolescentes, que deben cortarse el pelo aunque no quieran y adoptar una fisonomía masculina para evitar el peligro latente.

Directora habitual de documentales -uno de ellos, Tempestad (2016), representó a México en los Oscar y los Goya-, Tatiana Huezo conserva en su primera ficción más de una huella del género en el que se forjó como cineasta, pero le añade una textura poética, aprovechando la magia visual y sonora del paisaje. “Recorrí muchas montañas de México, hasta que llegué a la Sierra Gorda y me enamoré del lugar. El sonido de la naturaleza, las atmósferas de los preciosos amaneceres y los atardeceres, el viento, las tormentas… Son elementos muy poderosos para acompañar la emoción de los personajes”, declaró la realizadora. Y lo cierto es que Huezo consigue construir un imaginario propio poderoso, sensorial, un espacio que por momentos luce idílico y de repente se transforma en amenazante: las lluvias de agrotóxicos, la presencia intermitente de milicias legales e ilegales, el terror que los adultos ya han internalizado y obtura los juegos de la infancia.
La pérdida de la inocencia llega aquí de la mano de la violencia y el abuso. Además de balazos, también hay ruido de tremendas explosiones producidas por las empresas que se dedican a la minería, otra actividad en auge en la zona. Las mujeres que viven en ese auténtico infierno terrenal están solas. Los hombres se han alejado del lugar para buscar algún trabajo que permita la supervivencia de familias desmembradas y acosadas por la miseria. Noche de fuego cuenta todo ese desastre con rigor y también con amargura. Porque finalmente plantea que la solución no es la resistencia, sino la huida sin un destino preciso, con el peso aplastante de la incertidumbre agotando aún más esas espaldas cansadas de miles de víctimas indefensas.
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