
Otra de vampiros, esta vez con un poco de rock
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“La reina de los condenados” (“Queen of the damned”, EE.UU./2002). Dirección: Michael Rymer. Con Stuart Townsend, Aaliyah, Marguerite Moreau, Vincent Perez, Lena Olin y otros. Guión: Scott Abbott y Michel Petroni, basado en “The Vampire Chronicles”, de Anne Rice. Fotografía: Ian Baker. Música: Richard Gibbs y Jonathan Davis. Presentada por Warner Bros. Duración: 104 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular.
Desde Drácula hasta hoy el cine se ocupó de esos vampiros sedientos de sangre que vuelven al mundo de los vivos para acrecentar su especie y poner nerviosos a los espectadores. “La reina de los condenados” no varió demasiado la receta, y presenta a Lestat, legendario vampiro que se despierta de un sueño de décadas y, cansado de moverse entre mortales que lo ven como realmente es, decide convertirse en lo más cercano a un dios sobre la tierra: un astro de rock. Lestat necesita alimentarse de sangre, y tras dejar varias víctimas en su camino, y seguido por una audaz estudiosa de las costumbres de los vampiros, logra fortuna como líder de una banda rockera. Su fama llega a oídos de Akasha, la madre de todos los vampiros, que yace en una cripta protegida por el vampiro Marius.
De aquí en más la historia toma absurdos caminos que se entroncan en jóvenes rockeros sensuales y andróginos y en la lucha mortal entre la reina y Lestat, que desea transformarse en jefe de la raza. El director australiano Michael Rymer, de sólido oficio en este género, apostó a la grandilocuencia y los efectos especiales. Y no descuidó la música que, con aire gótico, ensordece con su ritmo “heavy” entre luces psicodélicas y un clima tenebroso.
El guión aporta un suspenso adecuado, permite que la sangre no escasee en la pantalla y entreteje una historia que, por momentos, permite esbozar alguna sonrisa y entretenerse con tantas argucias vampíricas. El film está dirigido al público adolescente que gusta del rock y de los vampiros. En este sentido, “La reina de los condenados” cumple con su propósito.
Pero quedan en el camino la originalidad y la seducción que poseían aquellos viejos vampiros que, desde la pantalla en blanco y negro, ponían los pelos de punta en las ya irrecuperables matinés de nuestra infancia de barrio. Stuart Townsend se puso en la piel del protagonista, y lo hizo con mirada dura, colmillos alerta y mirada siniestra, en tanto que la cantante Aaliyah, popular en los Estados Unidos y con un aura romántica, fruto de su prematura muerte en un accidente de aviación, es la reina maldita que de estatua se convierte en seductora malvada dispuesta a conservar su reinado. Lena Olin trata de concebir un personaje vengativo, y el resto del reparto mata, muere y revive en esta trama con mucho rock, bastante de videoclip y poco de novedoso.
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