
Pan, amor y tulipanes
"Pan y tulipanes" (Italia, 2000). Dirigida por Silvio Soldini. Con Licia Maglietta, Bruno Ganz, Giuseppe Battiston, Marina Massironi. Guión: Silvio Soldini y Doriana Leondeff. Fotografía: Luca Bigazzi. Música: Giovanni Venosta. Producida por Daniele Maggioni. Presentada por Eurocine. 114 minutos. Para todo público.
Nuestra opinión: muy buena.
No es preciso andarse con muchos rodeos para explicar el suceso que tuvo "Pan y tulipanes" en Italia (esperamos que se repita aquí, pese a la ausencia de nombres marketineros en el reparto): es una comedia hecha con ingredientes nobles, que exuda alegría, que tiene personajes tridimensionales interpretados por magníficos actores y también, como no podría ser de otro modo, un "mensaje" más profundo de lo que parece: eso que somos para los demás no es sino una cara de las muchas que esperan el momento de una revelación. Y ésta puede llegar en aras del azar.
Rosalba (una estupenda Licia Maglietta) no existe para su familia o para el mundo sino como un ama de casa olvidadiza, gris y torpe pero efectiva en sus funciones de cocinera y alisadora de camisas. Fernando (declaramos que nadie que ame el cine, más allá de su opinión general sobre el film, podrá olvidar a Bruno Ganz en este papel) no parece más que un mozo cansado de su rutina y de la vida, a pesar de que de vez en cuando suenen un poco raras su condición de inmigrante islandés y su afición por los versos de Ariosto. Constantino (el gracioso Giuseppe Batiston) no parece nacido para el amor sino para el desprecio o la burla. Y sin embargo...
Como si fuera una valija, Rosalba es olvidada por su esposo y por su hijo a un costado del camino, durante una expedición turística. Sin saber por qué, en lugar de volver a casa decide viajar a la ciudad que siempre quiso conocer: Venecia, donde todavía son posibles transformaciones y milagros.
Fotografiada de modo singular por Luca Bigazzi, Venecia se transforma en el factor que cambiará el destino de los protagonistas. Como si fuera un personaje más, ella encarna el otro yo encerrado de Rosalba y la hace liberarlo sin olvidar jamás quién fue, pero haciéndole comprender que hay dentro de ella algo más que fatalidad y aburrimiento.
Al estilo italiano
El tema es similar al de "Yo amo a Shirley Valentine", pero en esta historia la mujer que está entrando de modo desalentador en la madurez no provoca a conciencia su liberación, sino que ésta se produce involuntariamente, casi a pesar de ella.
Desde el título -que recuerda al "Pan, amor y fantasía" de De Sica-, más le debe "Pan y tulipanes" a la rica herencia de la comedia italiana, género en el que Soldini se mueve a la vez como cultor y como renovador: sus mujeres difieren de las clásicas de esa pantalla, cuyo arquetipo es la abundancia y el atractivo físico; sus situaciones y su desenlace se desplazan de lo naturalista a lo fantástico, por lo improbable, y a lo poético. No conocemos aquí sus tres largometrajes anteriores -"El aire sereno del Oeste" (1990), "Un alma dividida en dos" (1993) y "El acróbata" (1996)-, pero fue éste el que más alegrías le ha dado. Con "Pan y tulipanes" obtuvo en 2000 nueve David di Donatello, los Oscar italianos, además de centenares de miles de espectadores.
Aunque cede por momentos a lo previsible, con sus pasos de comicidad abierta y sus golpes de efecto emotivos, Soldini consigue construir una obra pese a todo personal, que se disfruta de principio a fin y que demuestra que no siempre es preciso dejar un regusto amargo en el espectador para redondear una película inteligente.
Además de saber a reencuentro con los placeres de la comedia italiana, "Pan y tulipanes" tiene el mérito adicional de abrir el apetito por conocer los films de otros realizadores peninsulares de los cuales aquí se ha visto poco y nada, como Mario Martone, Francesca Archibugi y Giuseppe Piccione.






