
Pintura agridulce de un pueblo neuquino
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"Agua de fuego" (Argentina/2000). Dirección: Candela Galantini, Sandra Godoy y Claudio Remedi. Música: Cicatriz. Montaje: Gabriela Jaime, Candela Galantini, Sandra Godoy y Claudio Remedi. Presentada por Grupo de Boedo. Duración: 74 minutos. Para todo público.
Nuestra opinión: buena.
Desde 1992 el Grupo de Boedo se constituyó en un emprendimiento cinematográfico que, con poco apoyo monetario, impulsan jóvenes realizadores que producen películas con la mirada puesta en la realidad social y política de la Argentina, tomando como base los cambios de los últimos diez años.
Los empeñosos cineastas pudieron, finalmente, acceder a la pantalla grande con "Agua de fuego", un documental realizado en formato digital que tiene como eje la población neuquina de Cutral-Có. Candela Galantini, Sandra Godoy y Claudio Remedi, sus directores, acercaron su cámara a ese lugar y tomaron como eje de la narración a hombres, mujeres y niños marginados.
La importancia de Cutral-Có, en mapuche "agua de fuego", radica en sus enormes recursos naturales, particularmente los hidrocarburos. Sus reservas comprobadas representan el 31 por ciento de la producción nacional de petróleo y el 57 por ciento de la de gas natural. Esa explotación comenzada en la década del treinta convirtió a la localidad neuquina en una pujante ciudad de 45.000 habitantes.
Pero los responsables del film no desearon hacer de su documental una guía turística ni un tratado de economía.
Su propósito fue mucho más hondo: las imágenes y los relatos muestran y hablan de una enérgica lucha de los habitantes contra la desocupación y el desinterés de las autoridades gubernamentales, recalan en los reclamos de esa gente que fue abatida por la privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales y recorre situaciones y personajes de auténtica y vívida emoción.
La validez de la sinceridad
Este desgarrador grito de quienes se disponen a realizar su segunda pueblada para ser escuchados transcurre en la víspera de Nochebuena y de Navidad. Allí están, frente a la cámara, una mujer con siete hijos que fue despedida por reclamar mejoras laborales; una casi adolescente vendedora de alfajores que fue, con su madre, partícipe de las movilizaciones obreras; un muchacho apasionado por el rock que vive un presente sin perspectivas.
Ellos, y otros muchos como ellos, confiesan su derrota cotidiana, sus esfuerzos que siempre cayeron en el vacío, su honradez y su bondad jugadas en terreno sin un mañana con esperanza.
"Agua de fuego" no se apoyó en tecnicismos grandilocuentes ni en textos elaborados con intelectualismo a la moda. Quiso ser, y es, una pintura agridulce de un pueblo dispuesto a enfrentarse a la más dura realidad. Tampoco este documental necesitó valerse del panfleto para estructurar su mensaje. Sus protagonistas están frente al espectador con sus desvelos, sus pequeñas dichas y su constante fe en reflotar del petróleo empeñado y del suelo siempre fértil sus sueños arrinconados.
El Grupo de Boedo, pues, se presenta con dignidad frente al público. Con esa dignidad que no transita por la estruendosa popularidad, sino que brota de la natural sinceridad de sus jóvenes directores.
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