Por qué Roma debería ganar el Oscar a mejor película

Alfonso Cuarón dirigiendo a Yalitzia Aparicio, también candidata al Oscar como mejor actriz
Alfonso Cuarón dirigiendo a Yalitzia Aparicio, también candidata al Oscar como mejor actriz
Pablo De Vita
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24 de enero de 2019  • 12:59

Indudablemente es una de las dos películas con más chances de cerrar la noche de los Oscar con una victoria. Pero por fuera de su aún hipotético triunfo en la ceremonia del teatro Dolby, el 24 de febrero, el film de Alfonso Cuarón ya ganó un sitial indubitable como la película del año. Lo es por sus implicancias artísticas, que reúne devotos y detractores por igual, pero también por un contexto donde las circunstancias sociopolíticas y de cambios en la industria del cine la ubican en el poderoso lugar de aquellos films que dejan huella. Aunque a la hora de los premios tenga en La favorita a su más enconado rival en una noche que promete ser de grandes sorpresas, sólo resta saber si Roma continuará su ascendente marca distintiva hacia un sitial histórico.

Trailer de Roma, de Alfonso Cuarón

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La Roma del Oscar

Muchos descuentan que Roma ya ganó el Oscar como mejor película, pero dentro del siempre ecléctico conglomerado del rubro mejor película extranjera ¿Pero por qué consiguió este doble sitial? Distribuida por Netflix , Roma cumple con los requisitos de la Academia que observan que los aspirantes a formar parte de dicha categoría deben haber tenido estreno comercial en territorio norteamericano antes del 30 de septiembre. Y también porque fue la película postulada por el país azteca para que la represente ante la institución y así, muy probablemente, quebrar un maleficio que involucra a ocho películas mexicanas nominadas en el rubro de "mejor película en lengua extranjera" (tal es su definición exacta), y nunca haber conquistado la estatuilla, que la Argentina ganó en dos oportunidades, y Chile, en una, los únicos países de América latina en lograrlo.

"Hasta la fecha, el premio ha eludido a ocho producciones nacionales –anota el investigador mexicano Maximiliano Maza Pérez –. Se trata de Macario (1960, Roberto Gavaldón); Ánimas Trujano (1961, Ismael Rodríguez); Tlayucan (1962, Luis Alcoriza); Actas de Marusia (1975, Miguel Littín); Amores perros (2000, Alejandro González Iñárritu); El crimen del padre Amaro (2002, Carlos Carrera); El laberinto del fauno (2006, Guillermo del Toro) y Biutiful (2010, Alejandro González Iñárritu). ¿Romperá la cinta de Cuarón esta racha? ", se pregunta el teórico, que agrega que México, después de Israel, es el país con más nominaciones y ningún premio. Maza Pérez añade en diálogo con LA NACION: "A pesar de que Cuarón ya tiene dos premios Oscar en su haber, es la primera vez que una película suya compite en la categoría de mejor película en lengua extranjera. Su anterior cinta mexicana, Y tu mamá también, no fue seleccionada por la Academia de mi país para competir en dicha categoría; fue nominada como mejor guion original", confirma.

La película comparte el podio en las nominaciones al Oscar con La favorita
La película comparte el podio en las nominaciones al Oscar con La favorita Fuente: AP - Crédito: Alfonso Cuaron/Netflix

La Roma del Muro

El contexto de la industria también ubica a Roma como gran candidata al ser una película que, de la mano de Netflix y con su singular sistema de exhibición on demand, cambió el sentido de ver cine. Allí donde en Cannes el streaming fue polémica y negativa; y en Venecia fue coronación para Cuarón; en Hollywood puede significar el reconocimiento a un reinado nuevo y el fin de la existencia tradicional de los grandes estudios que deberán reinventarse. También el concierto sociopolítico dice mucho sobre Roma ante un Donald Trump empeñado en construir el muro que separe la frontera entre México y los Estados Unidos. Y un film como el de Cuarón –y en buena medida lo variopinta de las tendencias y nacionalidades que resultan de la lectura de las nominaciones–, es una toma de partido en favor del multiculturalismo por parte de la gran familia de Hollywood. Con espectadores que se reparten entre el deslumbramiento y el hartazgo, Roma consiguió algo olvidado: que el público que busca un cine de calidad pero no perteneciente al rígido club de la cinefilia se reencuentre con un film de exquisito vuelo pero que no esconde en su posicionamiento la búsqueda de grandes audiencias. Como pocas veces en los últimos años, el personalismo de un director que filmó de manera independiente y fuera de los parámetros de la industria vuelve a estar en el centro de la escena.

Alfonso Cuarón en los Globo de Oro

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La Roma del cine

Además de los inevitables contextos, lógicamente existen méritos cinematográficos desde los cuales Roma puede erigirse como vencedora en los Oscar. Desde lo visual, "cada toma en blanco y negro, cada plano secuencia es una auténtica obra de arte", anotaba con acertada síntesis Diego Batlle en la crítica del film para LA NACION.

Filmada con cámaras 65 milímetros, su rodaje transcurrió de manera cronológica en un blanco y negro que mixtura nostalgia incluyendo impensados efectos visuales –para retirar elementos actuales de las calles y devolverles el estilo que tenían hace casi medio siglo– y situar allí la historia de una familia de clase alta durante un año en esos tempranos 70 en la que trabajan Cleo y Adela, dos aborígenes que hablan tanto español como mixteco.

Desde los recuerdos del director se cristalizan diferencias sociales profundas para las que México aún no encuentra respuestas y valores mucho más universales y actuales como su mirada a la crisis familiar y al poderoso rol de la mujer, donde el personaje de Cleo es asimismo responsable de que Roma sea dos películas en una, comenzando un segundo ciclo cuando, con su infinita dulzura, llega al hospital para un destino que le será tan esquivo como el sueño del amor, tal como para su patrona Sofía es el anhelo de una familia patriarcal que ya quedó en el irreparable olvido.

La película es un ejercicio visual de infinitos detalles en apariencia menores y simples que expanden su horizonte narrativo. Alguno recordará la plenitud de esas baldosas bañadas por la limpieza, o el Ford Galaxy que entra encorsetado en el garage de la casa cuando lo conduce Antonio, o a los tumbos cuando lo entra Sofía. El ir y venir de Teresa, la madre de Sofia, por el primer piso, el Año Nuevo con excesos e incendios o la protesta estudiantil que termina en caos, persecución y tragedia ( y remite a la auténtica masacre de Corpus Christi, el 10 de junio de 1971). Pero la imagen que existió dentro y fuera de las pantallas es la que devuelve ese abrazo en la playa ante una desgracia evitada por Cleo y donde no existen las diferencias que subraya el jerárquico universo del barrio y la condición social.

Cuarón, siempre Cuarón

Para quienes señalan que Roma es una película que nada tiene que ver con las anteriores labores de Cuarón, debe subrayarse una constante en la obra del director: la tensión del individuo y el entorno. "El cine es una forma de tender puentes a otras culturas. Con estos puentes, estas experiencias, estos nuevos rostros, tenemos la oportunidad de darnos cuenta de que, aunque sean desconocidos, no son por eso menos familiares y tenemos que entender lo mucho que tenemos en común", dijo el realizador al llevarse el Globo de Oro, buscando amalgamar la diferencia y alzando no solo un premio sino una profunda ovación desde esa parte de los Estados Unidos que desea seguir siendo multicultural, y para la cual Roma es una enseñanza dentro y fuera del cine. Muchas razones para seguir su marca ascendente y ganar el Oscar como Mejor Película.

Nunca el sueño de un Oscar hablado en español estuvo tan cerca.

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