Preciso elogio de la resistencia y el coraje

Fernando López
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27 de abril de 2006  

"Crónica de una fuga" (Idem, Argentina/2006). Dirección: Israel Adrián Caetano. Con Rodrigo de la Serna, Pablo Echarri, Nazareno Casero, Lautaro Delgado, Matías Marmorato, Martín Urruty, Daniel Dibiase, Guillermo Fernández. Guión: Israel Adrián Caetano, Esteban Student y Julián Loyola, sobre la novela "Pase libre-La fuga de la Mansión Seré", de Claudio Tamburrini, con la colaboración de Guillermo Fernández. Fotografía: Julián Apezteguía. Música: Iván Wyzsogrod. Edición: Alberto Ponce. Producción: Oscar Kramer y Hugo Sigman. Hablada en español. Presentada por Fox. Duración: 105 minutos. Calificación: para mayores de 13 años, con reservas.

Nuestra opinión: muy buena

"Debíamos presentar un aspecto muy peculiar, desnudos, rapados, corriendo esposados en medio de la tormenta." La misma imagen con la que Claudio Tamburrini transmitió a los presentes en el juicio a las juntas militares toda la angustia y la incertidumbre de la huida de la Mansión Seré es la que despertó en Israel Adrián Caetano la voluntad de reconstruir la historia de los únicos cuatro secuestrados que lograron escapar de aquel centro clandestino de detención. Una historia de resistencia, de coraje, de empecinada lucha por la supervivencia y por la conservación de una identidad de la que habían querido despojarlos.

Ese espíritu intrépido que los animó, contra toda razonabilidad, a concebir un plan para escapar del infierno y que les dio fuerzas para llevarlo adelante es el que este film sólido y conciso recrea (y celebra) por encima de todo. Y puede decirse que en él encuentra el motor de la acción. "Crónica de una fuga" progresa firmemente desde el comienzo, cuando la descripción de la dramática peripecia del protagonista pone el acento en lo testimonial, y después, cuando avanza sin desmayos en la exploración del encierro, en la relación entre los que comparten la pesadilla y entre ellos y los carceleros-torturadores, pero crece en vibración e intensidad a partir del momento en que se instala la idea de la fuga.

El nervio del thriller se vuelve entonces más tenso, y en todo el tramo final, aun cuando el desenlace se conoce de antemano, reina el suspenso. Obra de la destreza narrativa de Caetano, de una sólida construcción dramática que primero supo envolver al espectador en la atmósfera de pesadilla y contagiarle la desesperación y la asfixia del que se descubre en un laberinto sin salida para que después experimente esa apremiante necesidad de oxígeno y acompañe, con todos sus sentidos, la riesgosa y delirante aventura de la huida. Aunque para concretarla, los cuatro protagonistas -Guillermo Fernández, el que tuvo la iniciativa; Tamburrini; Daniel Rosomano, y Carlos García- sólo contaran con una ventana, un tornillo que serviría de llave, algunas frazadas atadas unas a otras, la distracción de la guardia en la hora del relevo y un profundo, imperioso, deseo de libertad.

Notables actores

El clima de violencia está siempre presente, aunque, con buen tino, se escatimen escenas de tortura, así como lo está el clima opresivo y amenazador de los negros días de la dictadura sin que haga falta ilustrarlo más que a través del episodio individual. El acoso, la humillación, el atropello y la mortificación se hacen visibles a cada momento desde el mal día en que un "grupo de tareas" irrumpe en la casa de Claudio, jugador de Almagro y estudiante, y lo arrastra a la mansión de Castelar que tras la fuga sería incendiada y dinamitada para borrar las huellas del horror. Se percibe también en sus efectos, en el progresivo deterioro físico de Claudio y sus compañeros, en las claudicaciones y fortalezas diversas que cada uno va mostrando a medida que el tormento se prolonga.

La magnífica ambientación, la luz ominosa, la exactitud del montaje son aportes decisivos para que el director de "Bolivia" y "Un oso rojo" exhiba otra vez la precisión de su lenguaje, su conocimiento de los resortes de cada género, su inusual capacidad narrativa. También su firmeza para la conducción de actores, rubro en el que obtiene aquí admirables respuestas por parte de un elenco homogéneo y muy bien seleccionado. No será injusto, sin embargo, destacar la entrega, el vigor dramático y el profundo compromiso interior (y también físico) con que Rodrigo de la Serna asumió el arduo papel del protagonista, ni la autoridad de Pablo Echarri y su elaborada composición del más sereno y perverso de los secuestradores, ni la seguridad con que Nazareno Casero traduce la personalidad de Guillermo, el muchacho sensible, inteligente y audaz que concibe el plan y sostiene a los otros.

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