
Robin Williams: dejó de ser el eterno gracioso de las películas
A los 50 años, se afirma como actor en papeles dramáticos
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LOS ANGELES.- Después de observar de cerca durante un buen tiempo a Robin Williams, cuesta imaginar en su rostro cualquier otro ademán expresivo que no sea el que se dibuja a partir de una sonrisa natural, espontánea y permanente. Ese gesto se mantiene aun cuando evoca los momentos más oscuros de su vida, que sabe vestir con la serenidad de quien decidió escapar del infierno por voluntad propia luego de haber permanecido allí por mucho más tiempo del aconsejable.
"Es bueno tener dos pasaportes al mismo tiempo", dice el actor de flamantes 50 años (cumplidos el 21 de julio último), una edad que pocos le adjudicarían al verlo así de jovial, alegre e informalmente vestido con camisa sport azul, pantalones con bolsillos a la altura de las rodillas y zapatos deportivos, tal como se presenta ante la prensa internacional. No lo dice pensando en cierto documento que avale su manejo del francés y del ruso, idiomas que domina con soltura, sino al nuevo rumbo que parece haber tomado su carrera en los últimos tiempos.
Quien fue saludado cinco años atrás por la revista Entertainment Weekly como el actor más cómico del mundo hoy consigue, gracias a una seguidilla de papeles ciertamente atípicos respecto de su trayectoria más conocida, el reconocimiento del público y la crítica como actor dramático.
Alguien capaz, por ejemplo, de interpretar al encargado del laboratorio de fotos de un centro comercial, un personaje tan solitario y enigmático que hace girar su vida en torno de una perturbadora idea fija: seguir al detalle los movimientos de una familia cuya vida considera perfecta.
Así lo hace en "Retratos de una obsesión" ("One hour photo"), una producción independiente presentada en el Festival de Sundance y que llega con el aval de la talentosa productora Christine Vachon, la misma de "Los muchachos no lloran" y "Velvet Goldmine", y que Fox estrenará entre nosotros dentro de dos semanas.
Este papel ratifica en Williams una línea interpretativa ya insinuada en etapas previas de su carrera, pero que hasta ahora quedaba subordinada al humor histriónico y muchas veces desmesurado con el que siempre se lo identificó.
"Retratos de una obsesión" sigue el camino abierto en la todavía inédita en la Argentina "Death to Smoochy" y en "Noches blancas" ("Insomnia"), una de las novedades de mañana en la cartelera cinematográfica local, en la que Williams aparece como un potencial villano en la investigación que un veterano policía (Al Pacino) realiza sobre un crimen ocurrido en un lejano paraje de Alaska.
En dos lugares
"Hacer drama y comedia -describe Williams- es como tener una caja de herramientas en la que vas sacando un elemento por vez para el personaje que te toca en ese momento. Ya había hecho papeles nada graciosos en "El mundo según Garp", por ejemplo, pero como fracasaron, nadie se dio cuenta, hasta que a partir de "La sociedad de los poetas muertos", que sí fue exitosa, muchos empezaron a verme como un posible actor dramático y se me abrió la puerta para películas como "Despertares". Después hice mucho dinero gracias a la comedia y ahora se vuelve a hablar de mí porque personifico a gente con problemas muy serios. Después de esta entrevista seguramente me voy a topar con alguien que me va a decir: "Pero cómo, ¿usted también hace comedia?"
También para decir las cosas más serias, Williams recurre a su inagotable arsenal de gestos y muecas humorísticas. Quien lo escucha hablar en la habitación de un hotel ubicado en pleno Sunset Strip, rodeado de sofisticados restaurantes, casas de moda y clubes nocturnos, por momentos se siente privilegiado espectador de una representación teatral muy parecida a las que ofreció durante cuatro meses en 45 ciudades de Estados Unidos y Canadá. Con localidades agotadas, los 51 shows fueron el regreso triunfal del actor a los shows unipersonales con los que inició su exitosa carrera artística.
El rumbo que Williams vislumbra de aquí en más para su carrera (ir de la comedia al drama y de producciones de gran presupuesto a trabajos ajenos a los grandes estudios) se corresponde a la perfección con lo que dice y hace durante la charla. Puede acompañar sus palabras imitando en forma desopilante las voces de George W. Bush, Tony Blair o del mismísimo Juan Pablo II, o animarse a hablar de cómo era su vida 20 años atrás, cuando era adicto a las drogas y casi testigo de la muerte por sobredosis de su gran amigo John Belushi.
Williams brindó testimonio sobre este trágico hecho ante un tribunal y pocos meses después nació su primer hijo, Zachary. Ambos episodios cambiaron completamente su visión de la vida. "¿Sabe lo que significa -se pregunta- que un hijo se levante en medio de la noche y vea a su padre peleando con arañas gigantes y otras alucinaciones? Ahora, si quieren fotos de esa época, no cuenten conmigo", dice risueñamente.
El actor sabe que hasta sus más fervientes admiradores conocen esa difícil etapa, pero se apresura a aclarar que hasta ahora no recurrió a ella como fuente para construir alguno de los personajes dramáticos que encara en este nuevo tiempo. "Prefiero apelar a una época más lejana, en la que era un chico solitario y torpe que sufría por ser hijo único y andaba de aquí para allá. Esto es lo que ahora se ve de mí."
Desde hace 15 años, Robin Williams revela sus fotografías personales y las de su familia con un amigo de extrema confianza que posee un laboratorio personal: "Lo hago para proteger a mi familia y en particular a mis hijos casi desde que nacieron. Es cierto que las fotos se revelan en una máquina y todo puede parecer un proceso impersonal, pero siempre hay seres humanos detrás de ellas. El proceso de color puede ser una creación totalmente subjetiva.
-Se dice, además, que usted es un gran coleccionista de DVD y disfruta viendo sus antiguas películas.
-Es algo extraño, sobre todo porque tenía mucho más pelo (risas). Además, ahora puedo ver con más claridad algunas de mis influencias, sobre todo las europeas: Peter Sellers, Jacques Tati, Fernandel, el Kubrick de "Dr. Insólito", "Les Enfants Du Paradis".
-¿También guarda registros de sus shows y monólogos teatrales?
-Sí. Pero en este caso lo más maravilloso es experimentarlos en vivo y que a diferencia de aquellas otras etapas de hace 20 años, al salir al escenario ahora me puedo acordar de todo (risas). Y, por ejemplo, meter a Bush en medio de una tragedia de Shakespeare.
-¿Hay algún tema que sea tabú para sus shows humorísticos? ¿Se animó a hablar sobre los hechos del 11 de septiembre?
-Siento que puedo tomar en solfa, por ejemplo, todas las medidas de seguridad que surgieron a partir de esa fecha. Pero los hechos en sí fueron demasiado terroríficos como para que decida incorporarlos a mis shows. Hay quienes se animaron, y en forma brillante, como Chris Rock o George Carlin. Pero yo no.
-Ahora que parece incursionar de lleno, y al mismo tiempo, en las dos direcciones, ¿qué es más difícil, la comedia o el drama?
-Hacer cine es difícil y filmar una comedia todavía más. Es muy arduo lograr que una película pueda ser divertida en forma consistente, y lo más complicado de todo es la comedia física. Creo que los mejores logros hoy pasan por la animación. Fíjese en "Shrek" o en "Monsters, Inc." Se trabaja con las mejores técnicas, con las mejores voces, hay una búsqueda de perfección en el color y en el movimiento...Todos se ríen y tanto los chicos como los grandes le encuentran un sentido a lo que ven.
-¿Y qué significa entonces el humor para usted?
-Es una bendición y una liberación. Es algo catártico, que ayuda a superar las peores situaciones y olvidar el dolor, porque uno aprende cómo manejarlo. Y porque a veces es un estímulo tan grande para la fantasía que funciona como escapatoria ideal de los dramas de todos los días. Eso sí, no sé si podría evadirme con mis propios chistes, porque así como en el pasado abusé de algunas sustancias, en este caso podría hacer abuso de mí mismo.
-Esto quiere decir que, en su caso, el humor no está autodirigido.
-Yo, ante todo, trato de hacer reír a los demás. Que el público festeje a mí también me llega. Escucharlos reírse me hace bien, pero un exceso de atención es peligroso, porque pierdo el ritmo. Si me paso el tiempo sólo haciéndome cosquillas no podría lograr jamás que otros se rían.
-Se sabe que muchos cómicos, en su vida real, sufren de problemas depresivos. ¿Es también su caso?
-Para nada, porque se trata de un desorden mental específico que no me afecta. Alguna vez la revista Newsweek sacó esa conclusión, o algo parecido, porque simplemente dije que me pone muy triste ver sufrir a un chico. Pero creo que ése es el punto de vista de muchísima gente y no por eso todos reciben un calificativo tan terrible.
Es el único momento en que el hombre que parece siempre dispuesto a la broma parece quedar íntegramente dominado por la seriedad. Pero Robin Williams siempre encuentra una salida ocurrente para escapar, como hizo en su vida, de las mayores dificultades.
"Es cierto -dice antes de despedirse- que me indigno frente a algunas situaciones devastadoras, sobre todo las que afectan a la infancia. Me cuesta mucho entender la irracionalidad del comportamiento humano, pero también me interesa mucho explorarla, no como un artista (hace un ostensible gesto de afectación), sino como un actor cómico o dramático. Tengo la suerte de poder hacerlo como un juego, porque de lo contrario seguramente estaría en la cárcel..."
Otros estrenos para mañana
- Además de "Noches blancas" ("Insomnia"), otras tres novedades -todas de origen norteamericano- se sumarán mañana a la cartelera cinematográfica local. Se trata de "Construyendo la vida", un drama familiar de Irvin Winkler con Kevin Kline, Kristin Scott, Thomas y Hayden Christensen (el Anakin Skywalker de "Star Wars, episodio II"); "El reinado del fuego", donde Matthew McConaughey y Christian Bale se enfrentan a la amenaza de criaturas prehistóricas en una Londres devastada, y "La cosa más dulce", historia romántica protagonizada por Cameron Diaz.
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