Sueños en Oslo explora el rol clave de la percepción en la vida amorosa, el deseo y la intimidad
Cierre de la Trilogía de Oslo del noruego Dag Johan Haugerud, la película ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín de 2025
4 minutos de lectura'
Sueños en Oslo (Drømmer, Noruega/2024). Dirección y guion: Dag Johan Haugerud. Fotografía: Cecilie Semec. Edición: Jens Christian Fodstad. Elenco: Ella Øverbye, Selome Emnetu, Ane Dahl Torp, Anne Marit Jacobsen, Andrine Sæther, Ingrid Giæver, Lars Jacob Holm. Duración: 112 minutos. Calificación: apta para mayores de 13 años. Nuestra opinión: muy buena.
Último capítulo de la sólida Trilogía de Oslo escrita y dirigida por el noruego Dag Johan Haugerud, Sueños en Oslo es una película delicada, de temperamento “suave” que trabaja alrededor de una historia muy simple pero con un trasfondo interesante: la exploración de las formas contemporáneas del amor, el deseo y la intimidad desde una perspectiva que identifica un intenso flujo de retroalimentación entre las experiencias y sus narraciones.
La historia de la película tiene como protagonista a una joven noruega de 17 años que se enamora de una de las profesoras del colegio donde estudia y decide reflejar ese idilio en un manuscrito que terminará publicando cuando ni siquiera está del todo segura de que su futuro esté ligado a la literatura.
La película, premiada con el Oso de Oro en el Festival de Berlín de 2025, es deliberadamente elusiva en ese y en otros aspectos. Es lógico, si se acepta que la sugestión es uno de sus grandes temas.
En las otras dos partes de esta valiosa trilogía (Love y Sex, también rodadas en 2024), Haugerud -novelista y cineasta de 61 años que también dirigió Beware of Children, otro buen film estrenado en 2019- disecciona los vínculos adultos. Sueños en Oslo incorpora a ese programa el matiz de la energía adolescente: la intensidad sin filtros y el enamoramiento como experiencia total de Johanne (muy buen trabajo de Ella Øverbye) contrastan con algunos prejuicios arraigados de su madre y su abuela.
Pero la película no se enfoca en los juicios morales. Prefiere operar en torno al campo de la percepción: tan importante como lo que pasó y pasa es la manera en la que cada personaje lo va procesando. En el caso del triángulo femenino que se arma entre Johanne, su madre y su abuela, las reacciones son diferentes, un poco a tono con la generación a la que pertenece cada una y a la personalidad que forjaron: la adolescente lo vive, la madre trata de entender las razones y de calibrar las consecuencias, la abuela (una poeta al borde del retiro) aplica el instinto propio de su oficio e impulsa la transformación del devaneo amoroso de su nieta en materia literaria.
Una clave decisiva para la eficacia de todo el dispositivo narrativo -donde la voz en off de Johanne nos señala con insistencia su punto de vista- es la precisa construcción del personaje de la profesora -el sujeto de deseo- como una figura opaca, por momentos inescrutable. Alguien que nunca termina de confirmar lo que se proyecta sobre ella. En esa línea, la actuación de Selome Emnetu evita con inteligencia cualquier gesto enfático, incluso en una de las mejores y más tensas escenas de Sueños en Oslo, la de su encuentro con la madre de Johanne en un bar, una especie de “duelo de percepciones” que parece destinado exclusivamente a probar hasta dónde cada una está dispuesta a sostener su versión de los hechos.
Otro aporte fundamental es la fotografía de Cecilie Semec, en sintonía con la ambigüedad entre experiencia y relato que atraviesa toda la historia gracias a sus texturas suaves, casi táctiles creadas con gamas cromáticas cálidas y una luz difusa que parece emanar de la propia memoria de Johanne.
Haugerud sabe cómo administrar el suspenso durante las casi dos horas de relato. Mantiene vivos los enigmas que desde el inicio marcaron a una relación incierta y desigual. Y cuando por fin ese episodio fundante para Johanne, su primer contacto serio con los zigzags del amor, queda clausurado, un encuentro fortuito abre un camino nuevo para ella, ya más consciente del precio de confiar ciegamente en los sueños.
1Todos los detalles de la ficción vertical de Wanda Nara y Maxi López: coach actoral, la dificultad de concentrarse y un guion a medida
- 2
El cine argentino estará presente en Cannes con una película de 1957
3La Justicia de Brasil reafirmó la condena de prisión para Juan Darthés por abuso sexual contra Thelma Fardin
- 4
El tierno recuerdo de Jane Fonda sobre sus diez años con Ted Turner



