
Top Five: grandes escenas del cine de los hermanos Coen
Este mes los realizadores llegan a nuestras salas con ¡Salve, César! y aquí recordamos brillantes momentos de su filmografía
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*1. "Todo por un poco de dinero" (Fargo, 1996)

Uno de los rasgos distintivos del cine de los hermanos Ethan y Joel Coen son sus brillantes monólogos. Mucho antes de las concluyentes palabras que diría Ed Tom Bell en Sin lugar para los débiles - plano final polémico, si los hay -, Marge Gunderson ( Frances McDormand ) representaba el desencanto social luego de presenciar cómo Gaear Grimsrud (Peter Stormare) trituraba a su compañero en el crimen Carl Showalter ( Steve Buscemi ). Tras enumerar las víctimas de ese plan de secuestro devenido masacre, Marge ilustra la ambición desmedida a través de una frase tan corta como poderosa. "¿Todo esto por qué? Solo por un poco de dinero". Y si bien la actuación de McDormand venía presentando esos ribetes cómicos propios de los personajes del universo Coen, sobre el final su mirada se vuelve sombría y triste, especialmente cuando se la contrasta con esa verdad que le dice al inmutable asesino que lleva en la parte trasera de su patrullero: "Acá estás...y es un hermoso día".
*2. Llewyn Davis se toma el subte con Ulysses (Balada de un hombre común, 2013)

Balada de un hombre común no será la película más emblemática de los hermanos Coen pero es, sin dudas, una de las más extraordinarias que han filmado. Tomando como base a la figura de Dave Van Ronk (ese cantante folk que vivía de colchón en colchón y que nunca alcanzó el éxito de Bob Dylan ), los realizadores crearon al imperfecto Llewyn Davis ( Oscar Isaac , en su mejor interpretación), un artista quien, en el contexto del Greenwich Village de los sesenta, lucha por ser reconocido. Como no estamos ante una biopic apócrifa ordinaria, en este mundo Llewyn nunca cumple su deseo y termina su recorrido como lo empieza: diciéndole adiós a sus ambiciones. La escena en la que se ve obligado a viajar en subte con el gato Ulysses (sí, La odisea es uno de los tantos subtextos del film) es de una belleza inigualable. Desde la fotografía de Bruno Delbonnel, pasando por el cover de "Fare Thee Well (Dink's Song)", que la musicaliza hasta esa indeleble imagen del gato que se refleja en la ventana, se trata de una secuencia que es pura poesía y que nos dice a gritos, una vez más, que Llewyn y Ulysses son una misma cosa ("Llewyn IS the cat").
*3. Anton Chigurh hace girar la moneda (Sin lugar para los débiles, 2007)

La escena de la ganadora del Oscar Sin lugar para los débiles que mencionamos previamente, aquella en la que Ed Tom Bell ( Tommy Lee Jones ) recuerda a su abuelo y a su padre como hombres de ley, se vincula estrechamente con la que nos ocupa en este punto. Ed habla sobre lo desconocido, sobre cómo a pesar de ser un oficial que arriesga su vida todos los días, hay situaciones que no sabe cómo analizar, situaciones que lo conducen a ese mismo desencanto que invadía a Marge en Fargo. "Se puede decir que mi trabajo es pelear, pero ya no sé qué es, o peor aún: no quiero saberlo; un hombre tiene que poner su alma en peligro y decir 'bueno, está bien, voy a ser parte de este mundo'". Bell habla con melancolía acerca de una sociedad violenta en la que no hay un solo Anton Chigurh ( Javier Bardem ) sino muchos, una sociedad en la que el Mal se replica frecuentemente de manera fortuita. Por lo tanto, la secuencia en la que ese escalofriante hombre tira la moneda obligando a un pobre señor a decidir su destino es una prueba más de que los Coen operan mejor con el diálogo sombrío y con esa incertidumbre que siempre está rozando el nihilismo.
*4. Jeff "The Dude" Lebowski se presenta (El gran Lebowski, 1998)

La enorme comedia de los Coen inspirada en la prosa de Raymond Chandler tiene un alto número de secuencias icónicas. Podríamos elegir los exabruptos de John Goodman como Walter Sobchak, la génesis de Jesús Quintana, las apariciones del cowboy que interpreta Sam Elliott o bien el psicodélico número musical protagonizado por el Dude ( Jeff Bridges ) y Maude ( Julianne Moore ). Sin embargo, vamos a quedarnos con el momento en el que los dos Lebowski están cara a cara, aquel en el que ese slacker que solo quiere recuperar su alfombra le brinda a su homónima contrafigura una serie de opciones para dirigirse a él. Lo pueden llamar The Dude, The Duder, The Duderino (si no son fanáticos de las abreviaturas) pero nunca "Mr. Lebowski". La escena comienza con el gran detalle del Dude mirándose a sí mismo en la portada/espejo del "Hombre del año" de la revista Time y concluye con la amenaza del Lebowski original: "Consígase un trabajo, porque los vagos siempre pierden". Nuestro protagonista, claro, le cierra la puerta sin prestar atención al balbuceo, enfatizando que, a pesar de compartir el mismo nombre que ese millonario, éso es lo único que ambos tienen en común. Hilarante viñeta con un Bridges magnánimo.
*5. El pasillo del hotel Earle, en llamas (Barton Fink, 1991)

Películas metatextuales sobre el cine como industria implacable hay muchas, pero son pocas las que se erigen como verdaderos clásicos. Como ejemplo podemos mencionar a Sunset Boulevard de Billy Wilder, a Mulholland Dr. de David Lynch y, por supuesto, a Barton Fink. Como harían años más tarde con Balada de un hombre común, aquí los Coen también se valieron del simbolismo para aludir a Hollywood como un falso paraíso del que no se puede salir. Así, el Barton Fink del título (John Turturro) protagoniza una suerte de círculo vicioso en ese hotel en ruinas donde debe escribir guiones por encargo. El clímax de la película llega de la mano del "vendedor" Charlie Meadows (Goodman, otra vez el arma secreta de los Coen), quien sobre el final termina revelándose como Karl "Madman" Mundt - el asesino serial que ocupaba otra habitación del tétrico hotel Earle -, liquidando a los detectives que lo persiguen y literalmente caminando en el infierno. A medida que las llamas proliferan, Barton Fink reafirma la naturaleza cíclica de su relato (curiosamente, la misma que yace en Balada..., circular como un vinilo) con ese pasillo diabólico que parece continuar ad infinitum y que mucho recuerda a El resplandor de Stanley Kubrick.

