Tras los pasos del Che
Gael García Bernal y Rodrigo de la Serna recorrerán América latina en moto, como lo hicieron Ernesto Guevara y Alberto Granado
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Un cartel de la productora local de la película “Diarios de motocicleta” alarma con signos de exclamación: “¡Ultimos días para vacunarse y para ir al médico!” Es que el 7 de octubre partirá de Buenos Aires todo el equipo de filmación de la película “Diarios de motocicleta”, producida por Robert Redford, en la que el director brasileño Walter Salles recorrerá buena parte de América latina siguiendo los pasos del viaje iniciático que, cincuenta años atrás, emprendieron Ernesto Guevara, con 23 años, y su gran amigo, el cordobés Alberto Granado, con 29.
Este rodaje está diseñado, según el director de “Estación Central”, para que también sea “una experiencia revolucionaria”. “Para usar un término de Glauber Rocha, estamos viviendo en un continente «en trance», un continente en estado de caos -dice desde la casa que alquiló en el barrio de Villa Crespo, frente a la productora local-. Emprendemos este proyecto en tiempos en que América latina está sumida en una profunda crisis no sólo económica sino de identidad. Por eso esta película tiene el deseo, quizás utópico, de buscar las raíces de un continente que merece ser conocido desde su propia mirada. Me rehúso a aceptar la idea de Bush, de que es «un continente irrelevante». Cincuenta años atrás dos jóvenes argentinos demostraron que no es así.”
Después de “Estación Central” (su película más premiada y difundida en todo el mundo) y de “Detrás del sol” (que se estrenará el 10 de octubre en el país), Salles cuenta que si bien por primera vez tendrá un productor fuerte detrás, como Redford, decidió filmar “Diarios de motocicleta” con una cámara 16 milímetros. “Para filmar la urgencia, la imperfección, que es la base de lo vivo”, explica con su afán documentalista. Así, entonces, filmará a la par de una moto inglesa Norton 500 parecida a “La poderosa” que el Che y Granado usaron para cruzar el continente, en el 52, hasta que se separaron e hicieron la revolución cada uno a su modo.
Esas experiencias las describieron luego en sus propios diarios, que fueron publicados en los ochenta: “Mi primer gran viaje”, escrito por Guevara, y “Con el Che por Sudamérica”, por Granado, en los que se basa el guión de esta película del puertorriqueño José Rivera, formado en el Sundance Institute.
Intensa preparación
Los protagonistas de esta película son el mexicano Gael García Bernal (en cine sobresalió en “Amores perros”, “Y tu mamá también”) y el argentino Rodrigo de la Serna (en TV: “Son o se hacen”, “Okupas”). Los dos actores se sumaron a la entrevista con La Nacion bromeando entre ellos como si se conocieran desde hace años. En realidad, hace tres meses que están preparándose para los papeles del Che y Alberto Granado, respectivamente, “como nunca nos sucedió en otros trabajos”, coinciden.
Pero el trajín no llega a aniquilar el entusiasmo. La orden del día detallaba, estricta: peluquería, médico, clases de tango y un ensayo en San Telmo. Pero esto es apenas un día del entrenamiento de estos actores que no sólo han leído las más destacadas biografías sobre el Che sino que ya han asistido a seminarios sobre “Argentina en los 50” o “El imperio Inca”, entre otros; a consultas sobre la lepra o sobre cómo afectaba el asma en aquellos años. También han tenido que aprender a jugar al rugby, a dominar la moto, a aceitar el acento cordobés (De la Serna) y la tonada porteña (García Bernal). Están tan empapados de eventos históricos, miradas políticas, fechas y hasta de geografías, que Gael bromea con que "perfectamente podrían entrar en ese concurso mexicano de las 64 preguntas sobre un tema".
Revolución y femineidad
Gael, de estatura, es mucho más pequeño de lo que era el Che, y Rodrigo, algo más alto que Granado. "Pero no se trata de emular. Importa más la esencia", dice Rodrigo aunque él mismo desnude sin dudar la panza que consiguió tras engordar ocho kilos para asemejarse a Granado. "Hay gente que lo ve muy guapo al Che, pero creo que es la juventud lo que nos hace ver a las personas bellas -asegura Gael-. Creo que hay una importante correlación entre la revolución y la femineidad. La revolución es un proceso venusino, como dijo Ernesto. El verdadero revolucionario se guía por instintos de amor, de dar y recibir."
El recuerdo de la primera vez que Gael, de 26 años, se cruzó con un Che de ficción, a los 12, transforma su cara feliz. No fue "ese" Che quien cambió su forma de pensar "por la línea fraternal que en América latina se ligó sobre la base de su pensamiento". Entonces imita a Omar Sharif con su puro en la boca y cara de diablo junto a un Fidel interpretado por Jack Palance en "Che!" (1969), de Richard Fleischer, y todavía recuerda cómo se promovió la película: "Un extranjero que mandó a un pueblo a la ruina". Pero él también compuso a un Che con el que no concordó demasiado. Confiesa que "por necesidad" aceptó ese papel en el telefilm "Fidel", de David Attwood, que emitió la cadena Hallmark. "Es que a pesar del éxito de "Amores perros" y de "Y tu mamá también", mis opciones eran eso o diez telenovelas en México. No gané plata haciendo cine, y perdí mi casa; ahora vivo en una agenda. Hoy necesito enmendar mi relación con el Che. Ese film estaba ligado al fracaso porque era sobre Fidel en inglés, aunque con una visión bastante objetiva, pero de mala calidad."
El perfeccionismo de Salles
El perfeccionismo reinante en la productora moldea la acción de los actores. Es que no sólo Salles ya casi rehizo el viaje del Che, sino que luego también llevó a los actores a conocer Cuba y a entrevistarse con los hijos de Guevara y con el propio Granado, que acaba de cumplir 80 años. "Walter trabaja en paralelos, no con jerarquías o sistemas piramidales -describe Gael-. Es una persona diplomática, cariñosa, tan cuidadosa que quiso una gran preparación para esta película porque sabe que el Che significa mucho para todo el mundo, y de diferentes maneras."
Cuando el Che se ha convertido en un icono pop, admirado incluso por jóvenes que poco saben de él históricamente, Salles se apoya en las opiniones de Paco Ignacio Taibo II en su libro "Ernesto Guevara, también conocido como el Che": "El dice que "los hombres son demasiado importantes para ser tratados como síntomas del pasado". Y también recuerda que un hombre tan fundamental del siglo XX como Ernesto Guevara fue muchas veces utilizado de forma descontextualizada en artículos de consumo. Por eso espero que esta película contribuya a un proceso de contextualización que me parece imprescindible".
Rodrigo dice que "sería un error encarar esta película desde el mito. Es la historia de dos amigos que iniciaron un viaje y terminaron siendo otras personas. Ellos se separan en 1952, cuando Ernesto vuelve a Buenos Aires a terminar su carrera de medicina. Fue el mismo día que murió Evita Perón..." "Sí, el 26 de julio -agrega, erudito, Gael-. El mismo día que un grupo de combatientes al mando de Fidel Castro ataca el Cuartel Moncada." Pero finalmente les gana a los actores el espíritu adolescente y aflojan con tanta data jugando: "Luego le restás la edad del Papa y el número que pensaste..., dice Gael". "Te va a dar el próximo campeón Mundial de fútbol, redondea Rodrigo."
En la productora hay fotos del pasado del Che, y también de los actores en colores. Es que, cincuenta años más tarde, Rodrigo y Gael viajaron por Cuba a bordo de un coche Lada y golpearon la puerta de la casa de Alberto Granado donde los recibió la resaca del día después de que el bioquímico cordobés cumplió 80 años. Granado no era la primera vez que recibía visitas por la filmación de una película. Ya había viajado incluso a Buenos Aires para hablar con Luis Puenzo, que no llegó a filmar "Mambo Tango", que contaba con el guión de Ettore Scola y los actores Leo Sbaragalia y Luis Ziembroski. "Le dije a Leo: "¿Sabés que voy a hacer al Che?". "¡Cabrón! -me dijo él-, lo iba a hacer yo". Pero me echó muchas flores, es mi amigo."
El plan de ruta es agotador: Buenos Aires, Miramar, Río Negro, Neuquén, Chile, Buenos Aires, Perú, Buenos Aires. "Y todavía no hicimos nada", advierte Gael, que luego de esta película tiene "dos proyectos cinematográficos con un director muy importante norteamericano y con uno español". "Sí -concluye Rodrigo-. Hablamos y vivimos tanto que es casi como que ya podríamos terminar, ¿no?"
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