
Tres adioses, una historia sensible con una actuación notable de Alba Rohrwacher
La película de la catalana Isabel Coixet está basada en un libro de la la escritora sarda Michela Murgia que fue un éxito en Italia
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Tres adioses (Tre ciotole, Italia, España/2025). Dirección: Isabel Coixet. Guión: Enrico Audenino, Isabel Coixet, basado en el libro Tre Ciotole, de Michela Murgia. Fotografía: Guido Michelotti. Edición: Jordi Azategui. Elenco: Alba Rohrwacher, Elio Germano, Francesco Carril, Silvia D’Amico. Duración: 120 minutos. Calificación: SP (Supervisión Parental Sugerida). Nuestra opinión: buena.
Más de 20 años después de Mi vida sin mí, Isabel Coixet vuelve a colocar a una mujer frente a la certeza de que su tiempo se acaba. La coincidencia podría hacer pensar que Tres adioses transita un territorio ya conocido en su cine, pero entre aquella película de 2003 protagonizada por Sarah Polley y esta adaptación de un libro de la italiana Michela Murgia existe una diferencia importante: mientras Ann (el personaje de la canadiense Polley) trataba de ordenar el mundo que dejaría después de su muerte, Marta (una notable Alba Rohrwacher) comienza a mirar de otra manera el mundo que todavía conserva.
Marta es una profesora de educación física que vive en Roma. Su relación con Antonio (Elio Germano) acaba de quebrarse después de una discusión. Pierde el apetito, adelgaza y atribuye estos cambios al desamor hasta que un diagnóstico médico revela algo mucho más grave. A partir de entonces, aquello que se insinuaba como la crónica de una separación se transforma en la historia de una despedida.
Coixet adapta libremente Tres cuencos. Rituales para un año de crisis, libro póstumo de la escritora y activista italiana Michela Murgia, fallecida de cáncer en 2023. Su procedencia literaria se percibe en una estructura menos preocupada por la progresión dramática que por acumular episodios, encuentros y reflexiones sobre los vínculos, el cuerpo, el deseo y la muerte.

Antonio es chef y la comida es justamente uno de los elementos que mejor articula la transformación de la protagonista. Él cocina mientras Marta pierde el apetito; más adelante, cuando la enfermedad trastoca su percepción del tiempo, también cambia su relación con los sabores y el placer.
Ese despertar alcanza también a los vínculos. Agostino (Francesco Carril), compañero de trabajo de Marta, se acerca a ella cuando la enfermedad ha modificado su relación con el futuro. La película acierta al no presentarlo como un sustituto de Antonio o un salvador sentimental. Agostino representa la posibilidad inesperada de volver a desear y establecer una intimidad justo cuando el tiempo se ha convertido en un bien escaso.
Coixet resulta más convincente cuando permite que sean esos actos elementales los que hablen por el personaje. Tomar un helado, desplazarse en bicicleta, contemplar una bandada de estorninos o detenerse ante una paloma muerta son experiencias cotidianas que adquieren otro peso cuando la vida empieza a pender de un hilo. Pero en más de una ocasión la directora catalana parece no confiar del todo en la potencia de esas imágenes y decide explicar su significado.

Tres adioses oscila entonces entre una observación precisa de la experiencia física de la enfermedad y cierta voluntad de convertirla en aprendizaje a través de simbologías demasiado evidentes. La voz en off de Marta, que verbaliza emociones e intuiciones que las imágenes y el trabajo de Rohrwacher ya habían conseguido transmitir, refuerza esa tendencia. El extravagante interlocutor de cartón con el que conversa la protagonista es otro ejemplo: una ocurrencia inicialmente simpática termina convertida en vehículo de mensajes ya sugeridos que adquieren el tono prescriptivo de la lección.
Con todo, Rohrwacher es el principal sostén de la película. Evita que Marta quede reducida al lugar común del personaje que aprende a vivir cuando descubre que va a morir. En su interpretación hay fragilidad, pero también irritación, ironía, deseo y hasta una inesperada comicidad. Cuando Coixet deja espacio para que el espectador pueda acompañarla sin discursos añadidos, Tres adioses alcanza sus momentos más conmovedores y verdaderos.



