Un cineasta catalán a contracorriente
Albert Serra y Honor de cavalleria
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Para algunos cinéfilos duros y críticos vanguardistas, estamos ante la aparición de un genio. Para otros, en cambio, se trata apenas de un director esnob y adepto a la provocación (dentro y fuera de la pantalla). Se llama Albert Serra, es catalán y tiene 32 años.
Lo cierto es que con su ópera prima, Honor de cavalleria , una transposición tan libre del clásico El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha , de Miguel de Cervantes Saavedra, que está incluso hablada en catalán y ha generado el rechazo de los puristas, Serra se convirtió en la gran revelación de la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes 2006. Este jueves, como para seguir sumando apasionados seguidores y ofuscados detractores también en el ámbito local, el sello 791cine anuncia el estreno en soporte fílmico, exclusivamente en el cine Lorca, de esta obra extrema y concebida a contracorriente. Mientras se encuentra terminando de rodar su segundo largometraje, esta vez sobre los Reyes Magos, el irreverente realizador dialogó con LA NACION.
-¿Cómo cambió su vida tras la consagración de Honor de cavalleria en Cannes?
-Cambió la percepción que los demás tenían de mí, y esto implica ciertos cambios, especialmente en lo material, pues ahora quizá gane algo de dinero. Pero mi visión de los demás y del mundo es la misma y mi odio hacia ellos incluso ha crecido. Mi vida ha cambiado poco; pero he demostrado que, cuando decía que todos los demás directores eran malos y yo el único bueno (dentro del contexto español, lógicamente), tenía razón.
-¿Qué siente cuando comparan su película con Bresson, Pasolini, Ozu, Dreyer, Tarkovski, Glauber Rocha, Godard, Olmi y otros grandes autores?
- No siento nada porque no me paro a pensar en eso. Siempre estoy preocupado en el próximo proyecto y no he pasado una sola hora de mi vida sin esta presión encima. No sé lo que es disfrutar y, por lo tanto, nunca me he sentido halagado. Esta película es buena en sí misma y punto. Y es obra de un "autor", sin duda, porque es auténtica y no se parece a ninguna otra.
-Su predilección por el plano secuencia y el rodaje en exteriores con luz natural es llamativo. ¿Es algo que le interesa continuar en sus próximos trabajos?
-Nunca he rodado en estudio ni tengo intención de hacerlo porque me aburriría. Aunque he detectado cierto sentimentalismo en la visión que el espectador tiene de mi relación con el paisaje, creo que siempre rodaré en exteriores. En la película que acabo de filmar, sin embargo, he intentado superar un poco esta visión y el paisaje se ha convertido en algo más abstracto. Los planos largos son imprescindibles para la concentración.
-¿Pensó en su transposición de un clásico de esta envergadura en términos de provocación hacia los defensores más conservadores de la obra de Cervantes?
-En absoluto. La obra de Cervantes es sólo el punto de partida, la inspiración para crear una obra de arte cinematográfica. No tengo nada que decir sobre esta novela y me es indiferente la relación que mi película pueda mantener con la obra literaria. Escojo un tema un poco excéntrico e intento hacer con él algo lo más original posible para crear la reacción más intensa en aquel que lo ve. El mío es un cine poético, que persigue el arte por el arte. Contar historias me aburre. No quiero retratar el mundo sino expresarlo.
"Soy un maestro"
-¿Cuán importante es su catolicismo y su formación amplia e iconoclasta en la concepción de su cine?
-Es esencial: sin represión, no hay transgresión. En esta dialéctica he crecido y me he formado, y me enorgullece pues forma parte de una larga tradición del arte español de todos los tiempos. Sin el catolicismo, yo no sería nada; le debo casi todo. Yo me he hecho a mí mismo. Nadie me ha enseñado y esto es porque yo soy un maestro. Yo no me he formado en ninguna escuela, vengo del underground y por eso soy más fuerte e invulnerable. No creo en escuelas o movimientos. El trabajo más potente es fruto de individualidades. Sólo así se alcanza un resultado espectacular y visible.
-Muchos especialistas han utilizado el término "quijotesco" para definir un proyecto que no gozó de subsidios oficiales y se realizó con muy bajo presupuesto. ¿Usted está de acuerdo con ese adjetivo para definirlo?
-Sí, porque hoy en día el mundo del cine es muy conservador. Nunca se empieza a rodar una película que no está previamente vendida. Esta película se hizo exclusivamente con dinero privado, sin ninguna garantía. Aunque esto sólo dice algo favorable en relación con la ética de los que la hicieron, y no implica ningún juicio de valor estético.
-¿Por qué dice que lo aburren los actores profesionales y qué le aportan los intérpretes no profesionales?
-Los actores profesionales son previsibles y no aportan "belleza" a la interpretación. Sólo buscan la "verdad", que además es una seudoverdad y les sirve para justificar su mediocridad con algo "visible". Los actores no profesionales no necesitan estas tonterías. Decía Josep Pla que el que sabe hacer una cosa, la hace; el que no, la enseña. Con los actores profesionales siempre tengo la sensación de que estoy ante un profesor de interpretación, un ser fracasado, que se dedica a dar clases en una academia. No profesionales eran todos los actores de Bresson, de Ermanno Olmi y la mayoría de los de Pasolini, tres directores que, junto con Godard y Ozu, representan la inspiración de todo el imaginario cinematográfico del que se nutre este proyecto y a los que de forma explícita se rinde homenaje en diferentes momentos del guión. En mi película no hubo nunca un ensayo. Por otra parte, está rodada de forma casi cronológica: la primera imagen que aparece es la primera que se rodó.
-¿Qué nos puede adelantar de su película sobre los Reyes Magos?
-He decidido retomar la idea del viaje, del traslado de los personajes. En esta ocasión, sobre los Reyes Magos de Oriente. Sólo deseo hacer lo que me gusta: filmar al aire libre, de modo nada moderno, siempre con hombres como protagonistas. No me entiendo tan bien con las mujeres. Lo único que aseguro es que será una película seria, concebida por gente seria y que tendrá la búsqueda de la belleza como primero y único fin.






