
Un documental superficial y esquemático
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" Deuda: quién le debe a quién " (Argentina/2004). Dirección: Jorge Lanata y Andrés G. Schaer. Guión: Jorge Lanata, Andrés G. Schaer y Juan Pablo Domenech. Música: Andrés Goldstein y Daniel Tarrab. Edición: Sergio Zóttola y Andrés G. Schaer. Sonido: Carlos Abatte y José Luis Díaz. Producción periodística: Silvina Chaine. Documental producido por Patagonik Film Group en colaboración con Naya Films, Film Suez y Cinecolor y presentado por Buena Vista International. Duración: 90 minutos. Apto para todo público.
Un documental prolijo y por momentos entretenido. Eso es lo mejor que puede decirse de "Deuda: quién le debe a quién", el desembarco de Jorge Lanata en la pantalla grande. La contrapartida es una investigación demasiado abarcadora y superficial, previsible y esquemática, en la que afloran las habituales tendencias didácticas, ególatras y demagógicas de su autor, en el que incluso se extrañan la ironía, la creatividad y la potencia periodística de sus mejores intervenciones televisivas.
El punto de partida del proyecto es el caso de Bárbara Flores, una niña tucumana de ocho años que apareció en un programa de Lanata llorando de hambre. Aquella historia, sostiene el autor, generó un "circo mediático" que descubrió y denunció que había por lo menos otros 30.000 chicos desnutridos en esa provincia. Luego, como casi todo, como casi siempre, pasó al olvido.
Lanata recupera el caso de "Barbarita" -como él la llama- y se plantea trabajar en paralelo -y confrontar- el problema de la deuda externa y el de la deuda social (la interna). Pero el ex conductor de "Día D" no profundiza en el conflicto humano ni en las connotaciones políticas, económicas, históricas y sociales del endeudamiento argentino, sino que diluye la premisa central en múltiples subtramas: las actividades del Foro Económico Mundial en Davos (Suiza), la denuncia judicial sobre la ilegitimidad de la deuda iniciada por el fallecido Alejandro Olmos, la guerra de pobres contra pobres en Tucumán y una multiplicidad de testimonios que van desde los veraneantes de Punta del Este que sostienen que hay que honrar los compromisos externos contraídos hasta la opinión de un representante de la dinastía gourmet de los Cipriani, pasando por las posturas críticas del premio Nobel y ex funcionario del Banco Mundial Joseph Stiglitz o las opiniones de políticos y periodistas extranjeros que conocen la intimidad de la maquinaria burocrática del Fondo Monetario Internacional.
Con más recursos televisivos (hay mucha mirada en primer plano a cámara para que Lanata ofrezca sus habituales apelaciones cómplices a sus seguidores) que búsquedas "artísticas" (como secuencias animadas que incluyen gráficos sobre la injusta distribución de la riqueza o explicaciones sobre el funcionamiento del cerebro humano), "Deuda" parece más un especial para TV con buena producción que un trabajo con la audacia, la categoría narrativa y la profundidad investigadora de un sólido proyecto cinematográfico.
El fantasma de Moore
En numerosas aproximaciones periodísticas se ha comparado -para enfado de Lanata- al realizador de "Deuda" con Michael Moore. En este caso, las vinculaciones no tienen que ver con el éxito, el parecido físico o la veta populista y provocativa de ambos. En términos estrictamente formales, "Deuda" es heredera directa de la estructura que Moore utilizó en todos sus documentales: la búsqueda frenética y obsesiva de un personaje poderoso y controvertido para que dé una explicación al hombre común e indefenso. Así, como Moore persiguió a Roger Smith, ejecutivo de la General Motors, en "Roger and Me"; al fundador de Nike, Phil Knight, en "La gran pregunta"; a Charlton Heston, en "Bowling for Columbine", y a George W. Bush, en "Fahrenheit 9/11", en "Deuda", Jorge Lanata lleva al espectador hasta las oficinas centrales del FMI en Washington y al cónclave de Davos para encontrar a un responsable que le explique por qué niños como "Barbarita" pasan hambre en el "granero del mundo". El gran problema es que cuando Lanata finalmente llega a hablar de forma fugaz con Anne Krueger lo hace en una entrevista tan banal, superficial y concesiva que la supuesta "dura" del FMI termina sorteando el acoso con una soltura y una elegancia pasmosas.
Queda claro que Lanata intentó ofrecer una mirada lo menos maniquea posible sobre el tema, tratando de evitar la división esquemática entre buenos y malos y de bucear también en la culpa que sin dudas les cabe a los funcionarios y políticos argentinos corruptos, así como a la sociedad que los apañó durante las últimas tres décadas.
Pero en un año en el que ya se estrenaron en los cines "La mayor estafa al pueblo argentino", de Diego Musiak, y "Memoria del saqueo", de Fernando Solanas, otros dos proyectos que abordaban de muy diversas maneras las consecuencias del endeudamiento externo, cabe preguntarse qué es lo realmente novedoso que aporta este trabajo de Lanata, ya que tanto en el terreno de la denuncia rigurosa como en la revelación de datos desconocidos o en la presentación de voces innovadoras al debate, la película naufraga en un mar de vaguedades, convencionalismos y explicaciones demasiado elementales.
Así, salvo por algunos destellos de espectacularidad (como cuando la Plaza de Mayo aparece regada con los miles de folios de la desatendida denuncia de Olmos) o algunas pinceladas de color sobre la trastienda del poder en Davos, "Deuda" no aporta nada demasiado novedoso ni provocador. La mirada iracunda y el espíritu irreverente de Lanata quedarán para otra oportunidad.




