
Un hijo genial, pero sin emoción
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"Un hijo genial" (Argentina/2003). Dirección: José Luis Massa. Con Julián Weich, Sebastián Francini, Diana Lamas, Gonzalo Urtizberea, Roberto Catarineu, Santiago Ríos y otros. Guión: Daniel Botti. Fotografía: Ricardo Rodríguez. Música: Eduardo Frigerio. Presentada por Distribution Company SA. Duración: 90 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: regular
Mariano es gerente de una compañía de seguros; está separado de su esposa y tuvo con ella un hijo que, ya adolescente, vuelca su cariño cotidiano y sus preocupaciones a sus dos mascotas: Aquiles, un papagayo charlatán, y Watson, un perro muy fiel a su amo. Mariano, muy obsesivo con su diaria tarea, descuida la relación con su hijo, a quien le dedica escaso tiempo, pero una aventura policial los unirá definitivamente.
El comienzo de la historia, si bien no es demasiado original, por lo menos podía dar lugar a una comedia costumbrista mechada con situaciones humorísticas, cierto suspenso y una cuota de sentimentalismo. Lamentablemente, el guionista Daniel Botti olvidó algunas reglas fundamentales que el cine exige para este tipo de género. Entre ellas, la principal es que la trama atraiga al público infantil y juvenil con sólidos soportes de originalidad, ternura y vivacidad en su acción y en su desarrollo. Nada de ello hay en "Un hijo genial". La aventura, que muy pronto se enquista en una alocada banda de delincuentes dispuestos a robar un valioso cuadro de un museo, sigue por erráticos caminos en los que el tedio y las reiteraciones impiden la vitalidad del entretenimiento.
El entramado se teje y se desteje en medio de gags tan antiguos como el cine mismo y de diálogos carentes de frescura y de gracia, hasta llegar a un final feliz que, como simple moralina, intenta alzar el dedo contra las conflictivas relaciones entre padres e hijos. Todo en el film -desde las escenas que pedían solidez en la acción hasta las definiciones de sus personajes- parecen haberse quedado en el tiempo, sin tener en cuenta que estas producciones necesitan actualizarse al gusto de los nuevos espectadores.
Poco original
El director José Luis Massa tuvo también su cuota de culpa en el naufragio de la producción, ya que poco o nada de originalidad aporta a la puesta en escena, que aquí recorre los transitados andariveles de un estilo de comedia ya totalmente perimido por el tiempo. Julián Weich, triunfador de la televisión y actor tan dúctil como sincero, se ve envuelto en esta madeja que no le permite resaltar una de sus más importantes virtudes: la espontaneidad que, en la pantalla chica, domina como pocos.
El adolescente Sebastián Francini intenta la frescura en un papel que sobrepasa sus fuerzas de novel actor, en tanto que Diana Lamas, digna de personajes mejor pergeñados, y Roberto Catarineu y Gonzalo Urtizberea, caricaturescos al extremo, recorren el relato con poco entusiasmo y menos convicción.
Si algún punto a favor contiene "Un hijo genial", éste debe buscarse en los rubros técnicos -la fotografía fue en extremo cuidada, y la música puso su acento en pegadizos ritmos-, y en las actuaciones de Aquiles y de Watson, el papagayo y el perro que unen sus virtudes para esclarecer el robo del cuadro y para acrecentar el amor entre padre e hijo.
Pero esto es bien poco en el momento de imaginar una comedia familiar que, como en este caso, aspiraba a la atracción masiva del público.
Otra vez, la cinematografía nacional demostró que todavía debe aprender mucho para insertarse dignamente en un género de nada fácil resolución en el momento de su paso a la pantalla grande.



